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21 abril, 2017
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La consultora en lactancia

La canadiense Nathalie Clermont (50) es lo más cercano a una salvadora para muchas madres chilenas. Va a la casa, escucha, observa y les transmite confianza para que puedan resolver las dificultades de la lactancia. Aquí asegura: “no existe mala leche, es un mito”..

Paula.cl / Fotografía: Alejandro Araya


Paula.cl

Nathalie Clermont vive hace 20 años en Chile y ha orientado sobre cómo tener una buena lactancia a más de 8 mil mujeres, entre las que van a sus charlas gratuitas y las que asesora de forma particular: desde mamás de gemelos, mujeres que adoptan y quieren amamantar hasta madres que sienten mucho dolor o cuyas guaguas rechazan el pecho.

Madre de dos hijos y diseñadora de profesión, Nathalie vivió en carne propia los problemas de la lactancia con su primera hija. Buscando ayuda, llegó a la Liga de la Leche en Canadá, donde se interesó en el tema. Asistió a charlas de lactancia, y apego, hizo tres pasantías en la clínica de lactancia de la Universidad de McGill en Montreal y tuvo como mentoras a la estadounidense Catherine Watson Genna, charlista y autora de varios libros sobre el tema, y a la doctora canadiense Lenore Goldfarb. “Quise ahondar en esto para poder ser líder de la Liga de La Leche Internacional y poder devolver lo que a mí me ayudó esta organización como mamá. Cuando llegué a Chile, me di cuenta de que no había apoyo en temas de lactancia y quise profesionalizarme”, cuenta.

Instalada en Santiago, ayudó a constituir la Liga de la Leche en la capital. Juntó mil horas de asesoría pro bono para en 2010 certificarse como consultora de lactancia por el International Board Certified Lactation Consultant (IBCLC), convirtiéndose en la primera persona en Chile en estar acreditada por el organismo rector a nivel mundial de este tema. Desde ese momento comenzó a atender a mujeres antes del parto (en charlas para parejas), a visitarlas en las clínicas o en sus casas. Hoy tiene su agenda 100% copada y su única publicidad es el boca a boca.

¿En qué consiste tu consultoría?

Voy a domicilio y entrevisto a la mamá y ojalá, también al papá. Trato de comprender de dónde viene el problema. Hago una historia de la familia, del parto y de toda la lactancia del bebé en la clínica. Después hago una evaluación y, con la ayuda de una pesa, medimos cuánta leche toma la guagua. No podría trabajar sin mi balanza, sin ella estaría haciendo conjeturas. Hay mamás que me llaman porque están inseguras, me dicen “mi bebé toma muy rápido, yo creo que no toma lo suficiente”. Cuando comprobamos que toman 150 ml, las mamás quedan sorprendidas, se empoderan y pueden volar solas.

¿Por qué crees que eres tan solicitada?

Mi secreto es escuchar lo que la mamá me tenga que decir.

¿Qué necesidades escuchas de ellas?

Lo más común es dolor, guaguas que no suben de peso o que rechazan el pecho. Pero también por inseguridades. Es complicado tener mucha gente diciéndote cómo hacer las cosas: tu mamá, tu suegra, las hermanas, las amigas, el pediatra, internet. Esto, además de todo el cambio hormonal que hay en el postparto. Creo, buscan alguien que las apoye y que solo les diga: “confía en ti, en tu instinto, en tu corazón”.

¿Cuáles son los errores más comunes que entorpecen la lactancia?

Imponer a la madre cómo debe hacer las cosas, dónde debe dormir su guagua, cuánto tiempo amamantarla. Dejar el instinto atrás es contraproducente. Otro error es ponerle un horario a la guagua, porque no tienen horarios, solo hambre. Le va a faltar leche a la guagua y a la mamá, porque la producción está relacionada con la demanda del bebé.

¿Con qué mitos te has topado?

Que hay que preparar los pezones, eso es falso. No hay ningún otro mamífero que los prepare antes. También hay mitos en torno a lo que se puede comer, ¿cómo lo hacen las mujeres en México o en la India donde la comida es picante y aliñada? Se puede comer cebolla y repollo.

Si una guagua no sube de peso, ¿es porque la leche de la madre no es buena?

No, eso nunca es por la calidad de la leche. Tiene que ver con la cantidad de leche.

¿Pero hay mala leche?

No, y lo peor es que a veces es el mismo personal de salud el que le dice a la mamá que su leche no alimenta y esto es falso. Es falta de información, porque la leche materna sí aporta los nutrientes hasta la última gota.

¿Qué les dices a las mujeres que se sienten culpables porque su lactancia no ha sido exitosa?

La lactancia y el amamantar son dos cosas distintas. El amamantamiento es más que tomar leche, es el contacto de una madre con su guagua:  las miradas, las caricias. Cuando les pregunto a mis alumnas si prefieren dejarles una mamadera con leche materna para que alguien más se la dé u optar por el hipotético caso de darle relleno a través de su pechuga, casi  siempre prefieren esto último.  Por eso afirmo que una mamá sin leche, sí puede amamantar. Si ha hecho todo para tener leche y no hay resultados, la culpabilidad no tiene lugar.

¿No eres anti relleno o anti mamadera?

Soy anti hambre. Un bebé no debe pasar hambre porque está con lactancia exclusiva. El fanatismo tampoco es bueno, además, la lactancia no es blanca o negra. Si falta leche, se puede complementar con fórmula, pero sabiendo exactamente la cantidad que le vamos a dar. Antes del mes, no aconsejo la mamadera porque la guagua se da cuenta de que el alimento puede llegar más rápido.

Hay mamás que deciden no amamantar a sus hijos…

No juzgo a nadie. Cada mamá tiene su límite y sus preferencias, no hay receta.  Mucha gente cree que el apego se da solamente en la lactancia, no creo eso.

¿Hay cultura de lactancia en Chile?

Hay intención, pero el apoyo que las mamás reciben en los centros médicos no es óptimo. El contacto piel con piel, que la madre y la guagua estén juntas una hora después del parto, no se da, pese a que es clave para la lactancia.

¿Por qué las mujeres necesitan aprender a dar de mamar si debiera ser algo natural?

La lactancia se aprende, pero de cerca. En las últimas generaciones se amamantó menos, escondiéndonos para hacerlo. Por eso es una práctica invisible y cuando te toca hacerlo, te preguntas cómo se hace. Ojalá para nuestras hijas sea una práctica común y normal.

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