Bienvenido, invierno

Belleza

Bienvenido, invierno

Por Constanza Espinoza y Andrea Hartung / Ilustraciones Alejandra Acosta

El frío y la falta de luz solar muchas veces llevan a dejar de lado las rutinas saludables por privilegiar comer algo más calórico o dormir un poco más. Los especialistas, sin embargo, dicen que esto es un grave error. En invierno no solo hay que mantener nuestra alimentación y la actividad física cotidiana, sino que además esta última se debería intensificar para reforzar el sistema inmune.

Frío y contaminación, la peor mezcla para la piel

La cosmetóloga de Dermacross Jasmina Vega explica que pese a mantener una rutina de cuidado de la piel, esta se va a resentir en invierno. “Es usual en esta época sentir la piel seca, tirante y sensible, debido a las bajas temperaturas”, explica. “Si a esto le sumamos la contaminación, o en algunos casos la exposición a la nieve, la sequedad puede ser aun mayor”. La experta añade que tener frío muchas veces hace que nos saltemos la limpieza nocturna e interrumpamos nuestros cuidados usuales: “Olvidamos que los niveles de contaminación afectan nuestra piel, tapan los poros, la sensibilizan e irritan”.

Para contrarrestar estos problemas propios de la temporada, Jasmina recomienda limpiar la piel e hidratarla dos veces al día, usar productos con vitaminas C y E por sus efectos antioxidantes, realizar tratamientos dermatológicos según las alteraciones que presente la piel, mantener el uso de filtro solar en la cara, no usar agua caliente para lavar la piel pues remueve el manto hidrolipídico normal -lo que causa sensibilidad-, y evitar ambientes muy calefaccionados, que provocan deshidratación y enrojecimiento.

 

¡A proteger la piel!

El dermatólogo de Clínica Universidad de los Andes Andrés Figueroa añade más datos importantes sobre los efectos de la polución en la piel: “Las partículas microscópicas en suspensión, que se encuentran en el esmog y el aire contaminado, penetran a través de los poros y liberan en nuestra piel radicales libres que interactúan con los tejidos, alternando su estado”. Según el especialista, esto se ve reflejado en un aspecto deshidratado, brotes de acné, aparición de arrugas y aspecto envejecido. “Estéticamente, la piel se vuelve grisácea, sin brillo ni color”, añade.
Figueroa explica que, a su vez, la vasoconstricción de la piel que provoca el frío interfiere con la formación y mantención de una barrera cutánea efectiva, a cargo de mantener la humectación y de impedir que las moléculas nocivas entren en nuestra piel. “Disminuyen el flujo sanguíneo y la sudoración, provocando alteración en los lípidos que conforman esta barrera”, agrega el dermatólogo, y recomienda buscar cremas que cumplan con una efectiva hidratación de la piel, y que tengan ceramidas, ácido hialurónico, urea, glicerina y lanolina, entre otros componentes.

Tres recomendaciones para proteger las manos

Uso de guantes: “Siempre que la temperatura esté bajo los 10 grados debería utilizarse guantes térmicos”, dice el dermatólogo Andrés Figueroa.

Evitar el lavado excesivo y repetitivo de las manos: “Disminuye la capa grasa protectora de la piel y la función de la barrera cutánea. Además debe evitarse el uso de jabones corrientes y preferir los dermolimpiadores grasos”.

Uso de cremas humectantes protectoras, siempre en la mañana y en la noche, después de cada lavado. “Para las manos existen cremas que ofrecen mayor protección y persisten más en la piel, creando un efecto de guante”.


¿Qué cuidados se recomiendan para el pelo?

Extrema hidratación: dependiendo del grosor y el tipo de cabello se debe aplicar al menos una vez a la semana una mascarilla de medios a puntas y dejarla actuar 20 minutos como mínimo. Las de arcilla ayudan a mantener el pH del cuero cabelludo y así evitar que se engrase tan rápido. Como un extra se puede probar con una ampolla nutritiva mezclada con la mascarilla.

Champú seco en spray: existen en tonos neutros y también específicos para cabellos rubios y castaños. Es una buena opción para pelos que tienden a la grasitud a pesar de un lavado recurrente, especialmente en esta época cuando resulta difícil secar el cabello de manera natural. Su modo de aplicación consiste en separar el pelo por secciones y rociar el producto a unos 30 cm de distancia.

La eficaz ayuda de un protector térmico: es indispensable aplicarlo antes de utilizar el secador de pelo y/o la plancha. También se recomienda utilizar el secador a una mayor distancia de lo habitual y nunca en el baño con la puerta cerrada, ya que es un lugar húmedo y eso promueve la formación de frizz.

Extrahidratación: el secado de pelo debe finalizar siempre con un aceite de hidratación. Se aplica una pequeña cantidad de medios a puntas, nunca en la raíz o el pelo se verá grasoso y de aspecto sucio.

Una cabellera antifrío

Los cambios bruscos de temperatura afectan nuestro cabello. “El pelo, tanto en invierno como en verano, es como la piel: se resiente por los fuertes cambios de temperatura al que nos exponemos constantemente”, afirma la estilista y maquilladora Mackarena Claro (@claro_studio). Es usual también durante estos meses de frío la sensación de que el cabello se ‘ensucia’ más rápido. “El folículo piloso de nuestro cuero cabelludo genera más grasa para protegerse en invierno, aunque la contaminación ayuda bastante y sentimos el pelo sucio, pesado y graso”, agrega la experta.

La importancia de la luz

“En invierno nos afecta la menor cantidad de horas de luz y esto se acentúa en personas con mayor sensibilidad”, asegura Guillermo Gabler, psiquiatra de Clínica Alemana. Las personas con una mayor sensibilidad pueden desarrollar lo que se denomina ‘trastorno afectivo estacional’ (TAE) y tiende a presentarse con más frecuencia en mujeres. Esta menor cantidad e intensidad de luz natural afecta el funcionamiento químico de algunos neurotransmisores y de la melatonina en nuestro organismo. Las últimas novedades en el área han revelado que para ‘funcionar’ bien debemos recibir una cierta cantidad de luz diurna diariamente. “Las personas necesitan 20.000 lux (unidad de intensidad de iluminación). A diferencia de la vitamina D, que se activa y estimula en la piel, estos receptores se encuentran en la retina. En un día de verano esta dosis la conseguimos en una hora, mientras que en invierno se requiere de mucho más tiempo”, asegura el especialista.

¿Qué hacer?
Siempre se debe consultar con un especialista ante la sospecha de estar siendo afectado por el trastorno afectivo estacional. Uno de los tratamientos que utilizan los psiquiatras para combatirlo es la fototerapia, que imita la luz natural exterior. En los países nórdicos hay mayor prevalencia de episodios depresivos estacionales, y en nuestro país no es un tratamiento desconocido. Hay diferentes marcas que cuentan con máquinas de fototerapia, esta debe usarse todos los días en la mañana después de despertar. Entre los resultados que los especialistas enumeran se encuentra una notable mejoría del ánimo, disminución de la hipersensibilidad y el aumento de la sensación de bienestar.

Alimentación invernal

Debido a las bajas temperaturas nuestro cuerpo requiere más energía para mantener la temperatura corporal adecuada durante estos meses. Por eso nuestro metabolismo basal, que es la energía mínima que necesitamos, aumenta. Lamentablemente, esto no quiere decir que necesitemos más calorías. “A pesar de que nuestro organismo requiere más energía para mantener la temperatura, no se trata de un cambio significativo, por lo que con una alimentación normal podemos superar bien el frío”, asegura la nutricionista de Clínica Indisa Dana Bortnick. “El clima frío nos da la sensación de necesitar alimentos cálidos o de alta densidad calórica, pero no es una necesidad real del organismo, más bien es la sensación de confort que estos alimentos nos dan lo que nos hace ‘necesitarlos’”.

La nutricionista aconseja:

  • Mantener una adecuada hidratación. Se puede recurrir a infusiones de hierbas y té, agua saborizada con cáscara de limón o naranja, por ejemplo.
  • Lo ideal es comer 1 a 2 porciones de fruta natural al día y verduras en el almuerzo y la cena.
  • Durante la temporada de invierno tenemos frutas de estación ricas en vitamina C, como las naranjas, mandarinas y kiwis. La vitamina C es un potente antioxidante que protege del daño celular provocado por los radicales libres, además estimula la acción de los leucocitos, regula la respuesta inmune y reduce la duración y severidad del resfriado común.
  • Hay que evitar el consumo excesivo de alimentos de alta densidad calórica, como chocolates o alimentos dulces y procesados.

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