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7 septiembre, 2017
orla

Cara de muñeca

Por Rita Cox / Producción: Carla Fogliatti / Fotografía: Rodrigo Chodil / Maquillaje y pelo: Elisa Broussain para Nars / Ilustración: Paloma Moreno

Ojos, boca y pelo.


Paula 1234. Sábado 9 de septiembre de 2017. Especial moda, inspiración 1967.

En los 60 el maquillaje fue una expresión de vanguardia, empujada por mujeres a las que no les interesaba la elegancia formal de sus madres. Los ojos exagerados y coloridos constituyeron un acto tan rebelde como desprenderse de la silueta Dior y vestir minifalda. La mirada de muñeca o de ninfa fue una de muchas declaraciones del triunfo de la juventud. Frente a la sensibilidad femenina de los tiempos, la industria cosmética tuvo un explosivo crecimiento. Un antes y un después.
Aquí revisitamos lo más icónico del make up sesentero, con la bordadora Aurora Anita (Francisca Dulanto) como modelo. Un tributo también a su madre, la fallecida Cecilia Granella, una de las primeras modelos de Paula, y madre también de Cecilia Amenábar, quien en esta revista inició su carrera frente a las cámaras, en los 80.

Pestañas grumo / labios rosa / flequillo

La “modelo del 66” y el “rostro del decenio” fue llamada Twiggy, la inglesa que inmortalizó la mirada de la década, ojos enormes que dramatizaba aún más llevando las pestañas grumosas. La idea no fue suya, sí de su descubridor, el londinense Justin de Villeneuve, quien le sugirió ese maquillaje al recordar las muñecas de su hermana. El “clumpy” ha sido replicado y reversionado infinitamente. Gigi Hadid, para la pasarela Tom Ford, y Kendall Jenner, para Dior, son ejemplos recientes.
Para no competir con los ojos, la boca 60 tendió al rosa pálido y al peach. No es que el rojo estuviera relegado, pero sí ocupó un sitial secundario respecto de la década anterior, tan rojo Dior.
Los flequillo de Julie Christie en la película Darling (1965, John Schlesinger); de Jean Shrimpton, musa del Swinging London y primera supermodelo; y de Nico y Jane Birkin, no son muy distintos a los de Bella Freud, Alexa Chung y Caroline de Maigret hoy.

Ojos rebeldes

En la mirada recayó el aspecto de muñeca, juvenil y sicodélico, del espíritu de la belleza de la década. La pulcritud de los 50 es desplazada por la exageración: el párpado superior pintado con carboncillo y delineador, y siempre una sombra pronunciada en trazo y color. Las marcas de cosmética lanzan sombras en variados formatos y colores, incluidos los metálicos. En Londres, Mary Quant comercializó su propia línea, las Jeepers Peepers, mientras que en Chile, Pamela Grant y Helena Rubinstein, competían por el mercado de los ojos con todo tipo de productos. “Ahora sus ojos se embellecen para él. ¿Para quién si no?”, publicitaba la firma estadounidense. Al rímel, no solo negro, se sumaron los alargadores de pestañas. La competencia por los mejores ojos hechos en casa fue una guerra sin cuartel entre las mujeres.

Ojos op art

El op art o optical art, liderado en Londres por la artista Bridget Riley, fue recogido por la moda, la fotografia de moda y, por supuesto, por el maquillaje.
Mary Quant llevó estampados blanco y negro en vestidos y minis, y Helmut Newton hizo emblemáticas editoriales, como en la revista Queen con diseños de Courrèges, publicada en 1964.
En los ojos, populares se hicieron los  párpados gráficos, con el uso de sombra blanca y gruesas líneas de delineado negro. La llamada “mirada gráfica”.

Bardot – Deneuve

En paralelo a los cortes geométricos del inglés Vidal Sassoon (Mia Farrow en El bebé de Rosemary, 1968), las pelucas y postizos irrumpen como recurso para que las mujeres transiten de look en look. Bien peinada en un minuto es el título del primer reportaje de Belleza publicado por Paula (julio del 67), justamente sobre esa tendencia. En Estados Unidos y Europa, la marca Elizabeth Arden vendía lazos con pelo incluido que permitían replicar el volumen y estilo de Brigitte Bardot y Catherine Deneuve, esta última en la película Los paraguas de Cherburgo (1964), del director Jacques Demy.

Pestañas postizas

Aparecen a mediados de los 60 y extreman el look muñeca. “Se aplicaban una a una, aguantaban siete días y llegaron a fabricarse con pelo de visón, de marta cibelina, o con cabellos humanos. Había todo tipo de combinaciones cromáticas, entre ellas tweed y oro”, se lee en el libro La mujer en el siglo XX (1998, Editorial Contrapunto). Pronto se comercializaron en tiras, para adaptar recortando las puntas y fijando con pegamento. En su propuesta, la maquilladora Elisa Broussain usó las coloridas pestañas inferiores de Pichara, mientras que en las superiores prefirió añadir volumen en un tono natural con la colección Sarah Moon, de Nars.

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