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15 noviembre, 2017
orla

Fotoprotección de vanguardia

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Por Bárbara Riedemann y Rocío Valdés / Fotografía Sam Burriss en Unsplash.com


Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición Aniversario 50 años.

Los especialistas coinciden en que aún no existe reemplazo para los protectores solares de uso tópico, pero sí advierten:

Cianobacterias: microespecies que viven en hábitats áridos, que producen aminoácidos para resistir la alta radiación UV y la sequía. Científicos de la Universidad de Isfahán en Irán y de la Universidad de Ciencias y Tecnología de Noruega, las están incorporando como filtros orgánicos en las fórmulas de protectores solares, como reemplazo de los filtros sintéticos, muchos de los cuales generan sensibilidad cutánea y alergias.

Cápsulas: son un complemento a la aplicación permanente de filtro solar. Contienen betacarotenos y vitaminas E, C y D, que disminuyen la sensibilidad de la piel al sol, reduciendo el riesgo de quemaduras y la formación de células cancerígenas.

Aplicaciones: las apps son una buena ayuda para tomar sol seguro: indican cuándo se está expuesto a niveles altos de radiación UV y qué protección usar según el tipo de piel, como NoTeQuemes (Android) y UVLens (iOS). MyUVPatch es la app de La Roche-Posay, que funciona con un parche –que dura 5 días en la piel– que tiene una tinta que cambia de color según la radiación y que luego se escanea para obtener consejos personalizados.

¿Cómo funcionan los filtros?
Existen dos tipos:

Físicos: reflejan los rayos del espectro UV y los dispersan, actuando como una pantalla oclusiva. Son espesos y dejan la piel blanca. Hoy, su uso en formulaciones ha disminuido al revelarse estudios que señalan que su acción protectora no es tan eficaz como se pensaba.

Químicos: son los más usados en las fórmulas y absorben los rayos UVB y gran parte de los UVA, convirtiéndolos en una radiación de baja energía. Son livianos y permiten una fácil aplicación y absorción.

*Fuentes consultadas: dermatólogos Harvey Lui, de la Universidad de British Columbia; Claudia Piper, de la Clínica Dermatológica Estoril y Michèle Robles, de Clínica Indisa.

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