La invitada: María Jesús Gutiérrez

Belleza

La invitada: María Jesús Gutiérrez

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Dormir al menos 8 horas diarias, correr 6 km dos o tres veces a la semana y comer temprano son algunos de los cuidados de bienestar de esta licenciada en Artes (35), más conocida por su trabajo como chef de los restoranes Margó, con los que empezó hace 5 años, junto con su hermana Elisa.

Paula.cl

Comenzar el día
“Todas las mañanas me levanto súper temprano. Soy de las personas que se duerme con las noticias y despierta como a las 6:30 A.M. a hacer desayuno y colaciones. Siempre tomo un jugo natural exprimido (no tengo las máquinas profesionales como la Urom sino una más casera: la Oster) con la fruta que haya comprado: de piña, frutilla, naranja, limón o de manzana, limón, naranja). Me tomo un café de grano –que ahora es descafeinado porque estoy dando papa a mi guagua de casi 5 meses– al que agrego leche descremada, y me como un yogurt natural (también hecho en máquina casera) con una granola que hago en mi casa (mix de cranberries, pasas, avena, quínoa pop, amaranto, semillas de zapallo y almendras, todo endulzado con azúcar rubia y miel)”.

Probar, algo liviano y comer temprano
“Las comidas más bien se desordenan en el día, ya que como trabajo en un restorán pruebo bastante. Agarro una cuchara y voy probando desde las tostadas de pan, las salsas, los risottos hasta postres, con varios etcéteras entremedio. Obviamente que no pruebo el 100% de los platos. Después de eso me como algo liviano como una ensalada o un sándwich de pan de miga. A veces, simplemente, un pan con mantequilla”.

“En las tardes, cuando llego a mi casa, como alguna colación –puede ser de la misma granola de la mañana–, un pedazo de queso fresco o una galleta de avena. Como temprano, a las 19:30 horas. Ahí el menú en general (de lunes a viernes) es bien cargado a las verduras pero con cierta producción. Por ejemplo, puede ser un risotto de quínoa, un quiche de espinacas, ravioles caseros de zapallo, croquetas de brócoli con ensalada, huevo pochado sobre puré de espinacas o una tortilla de zanahoria. Uso bastante los lácteos dentro de mis preparaciones: ricota o queso parmesano. Como, en general, con una copa de vino o un poco de cerveza, lo que esté a disposición. Como soy dulcera, siempre después de comida pruebo una cucharada de helado, un pedazo de chocolate amargo o algo así, pero siempre en cantidades pequeñas. No soy de las personas a las que les gusta quedar con el estómago muy lleno. No me gusta esa sensación. Prefiero comer de todo, pero poco. Los fines de semana saco mi lado cocinero y me entretengo mucho en la cocina. Ahí las comidas se ponen más carnívoras y calóricas”.

Mi cara
“En general, me lavo la cara con un jabón Cetaphil que venden en las farmacias o supermercados, y luego me pongo crema Eucerin antipigmento, porque después de los embarazos uno queda bastante más manchada, al menos en mi caso. Después, me pongo un factor con color de Heliocare y durante el día me vuelvo a aplicar algún factor fuerte 50 (ISDIN). Uso algo de maquillaje pero poco y en las noches me limpio la cara con agua micelar de La Roche-Posay y, a veces, me pongo la misma crema que en la mañana. La verdad es que no hago mucho más que eso. Tengo un par de cremas que me aplico a modo de terapia personal de vez en cuando, pero son cremas que me han regalado. No son productos que aplico constantemente. Al menos logran hacerme sentir bien por unos segundos”.

Retomar después del embarazo
“Estaba haciendo deporte dos veces en la semana y dos veces también los fines de semana. Eso era antes del embarazo. Después de eso me ha costado más retomar porque mi guagua nació poco antes de abrir el tercer local del Margó (Hotel W), entonces toma tiempo organizarse un poco con las tareas de mamá y del restorán, pero, en general, trato de hacer yoga una vez a la semana, y salir a trotar 6 km dos o tres veces la semana”.
El embarazo me trató más o menos porque me sentí realmente mal. Subí 14 kilos, que fueron en buena parte por retención de líquidos ya que le agarré asco a todo, especialmente al dulce. En esos 9 meses la comida fue una necesidad más bien física que un placer. Me costó poco bajar porque creo que gran porcentaje era líquido. Al mes de que nació mi guagua me puse a trotar, por lo que llegué rápido a mi peso habitual. Al resto de las cosas que me ‘regaló’ el embarazo, como manchas nuevas o cabezas de vena aún no les he podido dedicar tiempo, porque eso requiere de constancia y creo que también uno las va aceptando e integrando como parte del valor que hay que pagar por tener un hijo y por el paso de los años. Igual pretendo hacer algo con ellas como un láser, pero la verdad es que por el momento mi urgimiento no es tan fuerte”.

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