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4 octubre, 2017
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En la mente de un perfumista

Son dos de los creadores de perfumes más famosos del mundo, firmas detrás de aromas superventas. El mexicano Rodrigo Flores y la francesa Nathalie Cetto se formaron, además, en dos de las escuelas de perfumistas más importantes del mundo. Aquí, el camino olfativo y académico para convertirse en una nariz.

Por Paula Coddou B., desde Nueva York


Paula 1236. Sábado 7 de octubre de 2017.

“Todo es sobre sexo”, dice Rodrigo Flores mientras explica las propiedades del jazmín en un workshop de Carolina Herrera en Nueva York. Habla del color de esa flor, de cómo se aprovecha su ciclo de vida, y de cómo esta pequeña planta de forma solar que se abre de noche tiene –según explica– un poder de seducción que se oculta en lo más profundo de su composición. 

“No todos saben que el propósito de la fragancia de una flor es atraer insectos, para que vayan y polinicen, lo cual es tomar las células sexuales de una planta a otra. Entonces, esto es todo sobre reproducción, es todo sobre sexo. ¡Las flores son sobre sexo!”, repite.

Al mexicano Rodrigo Flores-Roux le dicen “el mago de las flores” y es uno de los perfumistas más famosos del mundo, creador de hits como Clinique Happy, al inicio de su carrera, y de Herrera Tuberose y Neroli Boheme, de Carolina Herrera, en 2015, más sus colaboraciones para Tom Ford y Dolce & Gabbana. Flores es parte de la suiza Givaudan, una de las empresas creadoras de aromas más grande del mundo.

Con ese apellido, dice él, no tenía más destino que trabajar en perfumería.

También lo llaman “El rey de los cítricos”. Hace 10 años un periodista le puso ese sobrenombre porque muchas de sus fragancias son conocidas por tener una frescura explosiva, cítrica y jugosa.

Flores creció con una nariz privilegiada. Viene de una familia olfativa y de buenos cocineros, y sabía que quería ser perfumista desde los 13 años. A esa edad pedía que le regalaran frascos vacíos de colonia, y comenzó a darse cuenta de que, si a alguien le gustaba un determinado tipo, seguro le gustaría otro.

También tenía formación científica –su madre era botánica y su papá, un destacado físico– y se puso a leer. Se fue a la enciclopedia británica y se volvió un loco de las plantas.

Ya de adolescente supo de la existencia de una escuela de perfumería, cosmética y olfato que está en Versalles, Isipca, la única que no pertenece a ninguna compañía. Le dijeron que para una especialización ahí necesitaba antes un bachillerato en ciencias de al menos dos años, así que terminó el suyo en México y luego estudió Biología en la Universidad Autonóma de ese país. Cuando tenía el 70% de los créditos cubiertos, postuló y quedó aceptado.

En 1989 llegó a la escuela. Ahí, entre papeles secantes impregnados de alguna sustancia, aprendió a describir y definir aromas: “huele a plancha apagada”, “a animales”, respondía, según contó una vez, mientras una profesora le decía: “¡Anótalo!, porque es tu primera impresión”.  Recuerdos que iban creando su vocabulario y memoria olfativa.

Se encontró con una escuela de nivel exigente y le pesó ese rigor. “Podías contestar un examen con 10 preguntas correctas, pero había esa mentalidad de que nadie puede recibir una evaluación perfecta y para mí era frustrante, pues en especial en materias de olfacción siempre procuré entregar un examen perfecto”.

Pero su buen nivel académico fue reconocido y en 1991 lo seleccionaron para hacer una pasantía con Jean-Claude Ellena, la nariz más famosa de Hermès y hasta hace poco su “in-house perfumer“. Flores lo asistió en el trabajo de laboratorio, hizo una tesis sobre la rosa y se graduó.  “Mis años en la escuela en Versalles fueron sumamente formativos a nivel académico, pero puedo decir que el ser alumno de esa escuela en Francia, muy lejos de mi familia y de mi país, fue lo que más alimentó mi vida como perfumista internacional, pues aprendí a ser tolerante. Me di cuenta también de que el tesoro más grande para un perfumista es la paciencia, y saber escuchar”, dice.

Volvió entonces a México y comenzó a trabajar como perfumista junior en la filial mexicana de International Flavors and Fragances (IFF)  en ese tiempo la empresa de perfumes más grande a nivel mundial, “y ahí empecé haciendo perfumes de jabón de lavandería”, recuerda. Entre ellos, un champú para liendres y otro para perros.

Al sexto año, lo llevaron a Nueva York. Era 1996. Con IFF trabajó en una fragancia que fue finalista para ser CK One, pero lo acabó ganando otra compañía. Le encargaron otro proyecto que sí ganó: Clinique Happy, que se convirtió en un hit.

Después pasó por Quest International, una casa de perfumes más pequeña, donde colaboró en proyectos como J’adore, de Dior, que después fue comprada por Givaudan, donde está hoy.

Un tiempo después lo contactó Carolina Herrera hija para trabajar con él. “Me encargaron a su jazmín, a su rosa, a su flor de naranjo y a su nardo”, dice Flores. Nardos de Oaxaca y Chiapas. “Querían un perfume de nardo que no oliera a nardo, que no fuera un floral. Porque es muy fácil hacer un floral fotográfico, que huela a la flor que está en la iglesia y punto”, explica. De Flores nacieron Neroli Boheme y Herrera Tuberose como parte de esa primera colección, Carolina Confidential, en 2015, que fueron un éxito y que ahora tienen una segunda versión en eau de toilette con otros destacados perfumistas.

Flores hoy quiere seguir creando los perfumes que le gustan, “los que tengan gancho, y una expresión que yo uso: un guijarro en la bota. O sea, que no sea demasiado perfecto, porque son demasiado lisos”.

Nathalie Cetto estudió cinco años Farmacología antes de ser perfumista.

Memoria olfativa
A Nathalie Cetto, como a Rodrigo Flores, tampoco le gustan los perfumes muy perfectos. Ni tan dulces. Ahora disfrutó trabajando en uno cuya base es la menta, Virgin Mint, de Carolina Herrera; le pareció divertido convertir lo que se usa en la comida o en la pasta de dientes en un elemento lujoso.

Nathalie Cetto nació en Grasse, Francia, lugar que algunos llaman el “Silicon Valley de los perfumes”, un pueblo a 12 kilómetros de Cannes y del Mediterráneo que es hace siglos la capital mundial de la perfumería. Ahí transcurría la vida del protagonista de El Perfume, hay escuelas de perfumerías –una de las más famosas del mundo– y tiendas de esencias y sabores por todos lados. Pero fueron los años que pasó en Egipto los que marcaron el olfato de Cetto, especialmente el aroma del té de Karkadé, hecho con hibiscus, y los jazmines. “Los egipcios los venden en todos lados, los cuelgan de sus autos, puedes sentir su olor cuando caminas por la calle”, dice esta perfumista, que acaba de usarlo en una de sus nuevas creaciones: Blond Jasmine, su otra fragancia para Herrera Confidential, hecho con una variedad de jazmín llamada “sambac” que solo se introdujo en la perfumería a partir de los años 70.

Después de terminar su doctorado en Farmacología, Nathalie Cetto se formó en la mítica Givaudan Perfumery School, en Grasse, dependiente del gigante suizo de la fabricación de aromas. A los 29 años,
ya estaba entre sus profesionales.

“Cuando empiezas a estudiar perfumería, por un año y medio solo hueles y hueles. El día entero solo hueles materiales”, recuerda Cetto. ”Usábamos el método conocido como Jean Carles, donde si hueles por ejemplo un cítrico, tienes que ser capaz de reconocer una mandarina de una bergamota. Así se construye la memoria olfativa”.

Un perfumista necesita cinco años para memorizar hasta 2 mil compuestos individuales.

Después de recibirse, en 1996, la primera gran victoria de Nathalie Cetto fue junto al equipo que creó un perfume para Karl Lagerfeld “con un nombre muy tonto” –recuerda– Jako. Después vino Burberry Brit, Vivara de Pucci, Love de Chloé (2010), Paradiso de Roberto Cavalli (2015), Quatre Mujeres de Boucheron y Totem Orange de Kenzo, ese mismo año. También Paul Smith Story. Y este año Blond Jasmine y Virgin Mint.

“Más que tendencias”, dice Nathalie Cetto, la perfumería es sobre lujo y materiales, por lo que debieras liberarte un poco de lo que la gente quiere. No necesitas ofrecerles lo que quieren, necesitas ofrecerles lo que la marca quiere proponer. Así es como veo que los perfumes deberían ser”.

El perfumista de Hermès, Jean Claude, lo repetía en todas sus entrevistas: “Sé cómo crear un buen perfume, pero no sé cómo crear un éxito”. Flores y Cetto han podido tener ambos.

Al mexicano Rodrigo Flores le dicen “El rey de los cítricos”.

Escuelas de perfumería

1.- ISIPCA: el Institut Supérieur International du Parfum, de la Cosmétique et de L’aromatique Alimentaire, ubicada en Versalles en el campus Universidad de Versailles Saint Quentin en Yvelines, es una de las escuelas de perfumerías más destacadas en el mundo. Imparte talleres y cursos para extranjeros y franceses en diferentes áreas de la perfumería como ventas, marketing, aplicación científica y técnica. Fue fundada en 1970, y da títulos como Gerente en Proceso de Creación y Desarrollo de Perfumes, Cosméticos y Productos Aroma. Exige estudios científicos anteriores en Biología, Farmacia, Medicina, Química o Ingeniería. Información y requisitos en www.isipca.fr

2.- GIVAUDAN: compañía suiza fundada en 1895 localizada en París. La escuela se fundó en 1946 por el perfumista de Roure, Jean Carles. Según el instituto, hay cientos de postulantes pero unos pocos seleccionados que son entrevistados y son solo 5 los aceptados mediante una invitación. También aseguran que uno de cada tres de los actuales perfumistas ha salido de aquí. La carrera dura cuatro años. Información y requisitos en www.givaudan.com

3.- GRASSE INSTITUTE OF PERFUMERY: es una escuela internacional ubicada en Grasse, Francia. Fue creada en 2002 por el Sindicato Nacional de Fabricantes de Productos Aromáticos y es una división de Asfo-Grasse (Centro de formación de perfumes, aromas y cosméticos). Son 12 cupos para estudiantes elegidos en la carrera técnica de perfumista. Entrega el título de Grado Técnico Internacional en Creación de Fragancias y Evaluación Sensorial. Información y requisitos en www.grasse-perfumery.com

4.- La AAQC (Asociación Argentina de Químicos Cosméticos) en Buenos Aires, Argentina, ofrece cursos de perfumería para profesionales que se dedican al control, marketing, desarrollo en empresas cosméticas. Los cursos se realizan en mayo y junio y tienen un cupo mínimo de 10 personas y máximo 40. Precio: 1390 pesos argentinos (80 dólares). Curso de perfumería en Asociación Argentina de Químicos Cosméticos: aaqc.org.ar

Programas cortos en ISIPCA

Lo esencial en la perfumería
Fecha: Lunes 16 de octubre de 2017 al miércoles 18 de octubre de 2017.
Precio: 1900€.
Duración: 3 días.
Requisitos previos: tener un título profesional.

Objetivos del programa:

  • Conocer el proceso de evaluación del perfume.
  • Comprender el mundo de la perfumería.
  • Adquirir bases técnicas y olfativas sobre materias primas y perfumes.
  • Fortalecer la relevancia en el desarrollo de una fragancia.

Materias primas en perfumería
Fecha: Lunes 13 de noviembre de 2017 al miércoles 15 de noviembre de 2017
Precio: 1800€.
Duración: 3 días.
Requisitos previos: conocimiento químico y tener un título profesional.

Objetivos del programa:

  • Mejorar el conocimiento técnico y olfativo en materias primas.
  • Perfeccionar estructura olfativa.

Composición de perfumería
Fecha: Lunes 27 de noviembre de 2017 al jueves 30 de noviembre de 2017
Precio: 2800€.
Duración: 4 días.
Requisitos previos: se recomienda tener un conocimiento básico en materias primas y tener un título profesional.

Objetivos del programa:

  • Crear en el laboratorio.
  • Evaluar una creación olfativa.

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