Me hace falta vitamina D

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Me hace falta vitamina D

Por Bárbara Riedemann / Ilustraciones: Marcelo Pérez

Frente a la cruzada dermatológica para esquivar los rayos del sol para prevenir el cáncer de piel, hay una consecuencia que no fue calculada: cada vez más personas tienen déficit de vitamina D, nutriente fundamental que se sintetiza gracias a los rayos ultravioleta y que es esencial para la formación y mineralización ósea. Su carencia puede incidir en el desarrollo de osteoporosis, un mal muy frecuente en mujeres mayores.

Paula 1123. Sábado 8 de junio 2013.

Casi todos los días del verano del año pasado en Inglaterra estuvieron nublados. Ningún ápice de sol. Por eso, no es de extrañar que la sección de meteorología de la prensa británica lo haya calificado como uno de los peores veranos registrados en las últimas décadas, considerando que las lluvias y las bajas temperaturas no dieron tregua. Lo que sí parece curioso es que en la sección de salud de esos mismos medios se hayan levantado títulos como el que en noviembre publicó el diario The Telegraph: “El mal verano de Gran Bretaña verá una epidemia de deficiencia de vitamina D”.

Responsable de facilitar la absorción de calcio para la formación y mineralización de los huesos, a diferencia de otras vitaminas, cuya principal fuente proviene del consumo de frutas y verduras, la vitamina D –conocida como la vitamina del sol– se sintetiza en 80% a través de la piel gracias a los efectos de la luz ultravioleta tipo B (UVB). Por eso, tal como los ingleses, las personas que viven en latitudes extremas son más propensas a sufrir un déficit de esta vitamina. Pero no solo ellas. Hoy, la preocupación de la comunidad médica se extiende al resto del mundo debido a que el estilo de vida moderno obliga a pasar la mayor parte del día bajo techo, pero además, por la cruzada dermatológica contra el cáncer de piel, que ha impulsado el hábito de usar factor solar para protegerse de los dañinos rayos UV y cuya acción inhibe la síntesis de esta vitamina.

Aunque en Chile los especialistas no hablan de una alarma pública, sí hacen un llamado de atención para estar alerta a los factores que pueden favorecer una baja en los niveles de vitamina D y prevenir así el riesgo de enfermedades asociadas, que en su manifestación más grave se presenta con patologías de deformación, debilitamiento y reblandecimiento óseo como el raquitismo en los niños y osteomalacia en los adultos. Aunque dichas patologías son poco frecuentes, surgen nuevas investigaciones que asocian el déficit de esta vitamina con algunos tipos de cánceres, diabetes e hipertensión. Pero la que más preocupa es la osteoporosis. De hecho, en 2003 un estudio liderado por el doctor Gilberto González, endocrinólogo de la Pontificia Universidad Católica arrojó que 1 de cada 3 chilenas sanas sobre 50 años presentan deficiencia de vitamina D, fenómeno que afecta negativamente la salud de sus huesos y el riesgo de desarrollar osteoporosis.

SU ROL
El principal órgano donde actúa la vitamina D es en el intestino. Allí participa en la absorción de calcio y fósforo, minerales indispensables para el desarrollo esquelético. Además, permite que estos se fijen en los huesos. Es decir, la ausencia de esta vitamina incide en que el calcio que ingerimos a través de la dieta no sea absorbido de forma adecuada. “El intestino del ser humano es poco eficiente para absorber calcio. Una persona sana y con niveles normales de vitamina D solo absorbe 25%. Cuando hay déficit de esta vitamina se absorbe el 10% de calcio”, asevera Héctor Gajardo, endocrinólogo de la Clínica Santa María, quien agrega que  solo en dos etapas de la vida se logra una absorción de 30%, que corresponde a lactantes y a adolescentes.

Últimamente, se han descubierto nuevas funciones de la vitamina D como su incidencia en la fuerza muscular, en la reparación de huesos fracturados y en la prevención de enfermedades como el cáncer de colon, tumores uterinos, hipertensión y diabetes mellitus. También se le asocia a un rol protector en enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple y la psoriasis. Aunque estos efectos están comprobados, aún se siguen analizando las funciones de la vitamina D y es por eso que la comunidad médica debate sobre cuáles son los niveles adecuados que una persona debería tener. “Sabemos con certeza los niveles para la función ósea, pero aún se desconocen los niveles óptimos de vitamina D que permitirían evitar las demás enfermedades asociadas a su déficit. Es un tema que está en progreso”, dice Eduardo Wainstein, reumatólogo de Clínica Las Condes.

Responsable de facilitar la absorción de calcio para la formación y mineralización de los huesos, a diferencia de otras vitaminas, cuya principal fuente proviene del consumo de frutas y verduras, la vitamina D se sintetiza en 80% a través de la piel gracias a los efectos de la luz ultravioleta.

Así como lo señala el especialista, lo que sí se sabe a ciencia cierta son los niveles sanguíneos normales que se deben tener para evitar el riesgo de enfermedades óseas. Entre 60 y 30 nanogramos por mililitro (ng/ml) de vitamina D se considera normal. Cuando la cifra es entre 30 y 20 ng/ml se habla de insuficiencia y bajo 20 ng/ml es deficiencia. Los médicos coinciden que el grado de toxicidad de la vitamina D es poco frecuente, aunque existe, requeriría estar tomando grandes sobredosis de píldoras o gotas con vitamina D por un tiempo prolongado para presentar niveles sobre los 60 ng/ml. De la misma forma, el organismo tiene mecanismos propios de regulación para la síntesis de vitamina D a través de la luz solar, por lo que su toxicidad por esta vía también es muy baja.

Le medición de los niveles de vitamina D se realiza a través de un examen de sangre. Se llama 25-hidroxivitamina D y en Chile existe hace unos diez años. No forma parte de los chequeos generales de salud y no tiene un código de Fonasa, ni de Isapres para realizarlo, así que la única vía para detectar la vitamina D es de forma particular con distintos laboratorios clínicos que cobran entre $ 20.000 y $ 40.000.

EL SOL, FUENTE DE VITAMINA D
Es la mayor fuente de vitamina D, sin embargo, los efectos dañinos de los rayos ultravioleta han propiciado que las personas eviten exponerse al sol y se protejan con bloqueadores, hábito que incide en el déficit de vitamina D. “Se necesita una mínima superficie del cuerpo a ser exhibida, por ejemplo, exponer cara, cuello y brazos aproximadamente unos diez minutos diarios para producir las cantidades adecuadas de vitamina D”, aconseja el doctor Gajardo. Pero, ¿cómo tomar sol sin que esto signifique un perjuicio para la salud de la piel?

Los dermatólogos aducen que exponerse al sol en zonas de alta radiación y en horarios inadecuados puede llevar a quemaduras importantes. “Los más expuestos son los niños, ya que toda la radiación que acumulen hasta los 18 años será lo que marque el mayor o menor riesgo de cáncer de piel en el futuro”, dice la dermatóloga Constanza Ullrich, de Clínica Dermovein. Aunque es enfática en recomendar el uso de bloqueador solar, sí sugiere una forma de tomar sol seguro: “Una exposición breve, unos 10 minutos, en brazos y cara en horarios de mínima radiación –antes de las 10:30 de la mañana y después de las 17:00 horas– ayudarían a mantener los niveles de vitamina D adecuados”.

Por otro lado, el tiempo de exposición depende del fototipo –capacidad de la piel para asimilar la radiación solar– de cada persona, ya que aquellas de tez morena son más propensas a tener déficit de vitamina D. “Esto se debe a que la melanina –pigmento de la piel– es una especie de factor solar natural, por lo que requieren unos minutos más expuestos a la luz solar para sintetizar la misma cantidad de vitamina D que las personas de tez blanca”, dice el doctor Gajardo.

POBLACIÓN DE RIESGO
A pesar de las múltiples causas que provocan osteoporosis –factores genéticos, baja ingesta de calcio y vitamina D, disminución de estrógenos, hipertiroidismo, uso de corticoides, falta de ejercicios y abuso de tabaco y alcohol, entre otras–, el déficit de vitamina D está directamente relacionado con esta enfermedad. Aunque afecta a hombres y mujeres, esta patología se asocia a ellas porque en la menopausia bajan los estrógenos –hormona que, entre otras cosas, ayuda al buen estado de los huesos- y con esto se produce una pérdida acelerada de masa ósea. “Es una enfermedad silenciosa y hoy se sabe que incluso se puede desarrollar antes de la menopausia”, asevera el doctor Gilberto González, quien en 2003 dirigió una serie de estudios para detectar la hipovitaminosis D en adultas mayores sanas de distintas ciudades de Chile, cuyas conclusiones fueron publicadas en Menopause, órgano oficial de la Sociedad Norteamericana de Menopausia. Primero, estudió a un grupo de 25 mujeres mayores  de 60 años, sanas, todas residentes en Santiago. Los resultados arrojados por el examen 25-hidroxivitamina D que se aplicó a cada una de las mujeres, mostraron que  60% de ellas presentaba déficit. Luego, replicó el estudio en Arica, Coquimbo, Concepción, Temuco y Punta Arenas. “Observamos que en todas las ciudades, independiente de la latitud en donde se encontraban, alrededor de 70 y 80% de las mujeres también tenían déficit. Esto confirmó que las mujeres adultas mayores, sanas, aún exponiéndose a la radiación solar mostraban bajos niveles de vitamina D”.

Un estudio liderado por el doctor Gilberto González, endocrinólogo de la Pontificia Universidad Católica, arrojó que 1 de cada 3 chilenas sanas sobre 50 años presentan deficiencia de vitamina D, fenómeno que afecta negativamente la salud de sus huesos y el riesgo de desarrollar osteoporosis.

Los hallazgos tienen una explicación: conforme pasan los años, las personas incrementan sus requerimientos de vitamina D, sin embargo, la capacidad para sintetizarla a través de la luz solar disminuye con la edad. Por otro lado, la ingesta de alimentos con vitamina D (ver recuadro) también es escasa y, además, se observó un tercer factor: la obesidad y sobrepeso. “La vitamina D es liposoluble. Cuando hay exceso de tejido adiposo, esta queda depositada en la grasa y no está disponible para ejercer su vital efecto biológico”, explica el doctor González.

Sin embargo, no solo los adultos mayores están expuestos a sufrir su déficit. “Es frecuente que pacientes con un bypass gástrico también presenten problemas porque se produce una carencia de absorción intestinal de vitamina D”, señala el doctor Gajardo.

Por otro lado, los niños también son susceptibles. La leche materna no asegura el traspaso de vitamina D, además, como están protegidos del sol, pueden presentar problemas óseos, siendo su consecuencia más grave el raquitismo. “No se trata de niños desnutridos calóricamente, sino que se aprecia en huesos blandos y deformados desprovistos de calcio.  Aunque no es frecuente, si existe puede dar cuenta de deformaciones óseas que provocan incluso una talla más baja de la esperada”, dice Jimena Yáñez, pediatra de Medlink.

Asimismo, personas que no se exponen a la luz solar o que por motivos ideológicos cubren la mayor parte de su cuerpo, quienes usan bloqueador, personas con sobrepeso u obesidad, diabéticos, quienes no ingieren alimentos con vitamina D e incluso jóvenes –en especial deportistas– que se han fracturado en reiteradas ocasiones, pueden ser propensas a sufrir bajos niveles de vitamina D. “De todos ellos se puede sospechar un déficit. Aunque no a todos se les realizará el examen, sí se puede suplementar en la dieta con la respectiva supervisión médica”, dice el doctor Gajardo, quien agrega: “Estas personas no tienen cómo saber si hay o no déficit y es responsabilidad del médico y del sistema de salud poder identificar quiénes tienen riesgo de sufrir bajos niveles de vitamina D. Por ejemplo, si un joven se fractura por un golpe de bajo impacto, difícilmente el traumatólogo extenderá la interconsulta, por lo que aún falta conciencia entre los especialistas sobre la importancia de esta vitamina en la salud de las personas”.

“Se necesita exponer al sol una mínima superficie del cuerpo, por ejemplo, exponer cara, cuello y brazos aproximadamente unos diez minutos diarios para producir las cantidades adecuadas de vitamina D”, _aconseja el endocrinólogo Héctor Gajardo.

EL TRATAMIENTO
El llamado de los especialistas es concreto: a partir de los 50 años, si hay factores de riesgo que puedan provocar osteoporosis, las personas deben consultar a un especialista –por lo general endocrinólogo o reumatólogo– para prevenir la enfermedad. “También personas que han desarrollado osteoporosis y que lo desconocen, como aquellas que se fracturan fácilmente las muñecas o la cadera con golpes de bajo impacto”, agrega el doctor Wainstein.  A todas ellas, además de realizarles una densitometría ósea –examen que mide el calcio en los huesos– se les hace el examen para medir los valores en la sangre de vitamina D. En caso de insuficiencia o déficit, se da inicio a un tratamiento que consiste en la suplementación con cápsulas que se mandan a hacer magistralmente. Al cabo de tres meses, que es el mínimo que se demora una persona en recuperar un déficit, se regulan los niveles de vitamina D en el organismo.

En los niños, otro de los grupos prevalentes al déficit, los médicos prevén la situación: “En los niños menores de un año se asume su deficiencia, por lo que se suplementa este nutriente en gotas orales, junto con vitaminas A y C, a razón de diez gotitas al día hasta que cumplen un año”, dice la doctora Yáñez, quien, además, aconseja que embarazadas consulten con su médico para fortalecer las dosis de vitamina D.

*VITAMINA D EN ALIMENTOS
Aunque en 80 por ciento se sintetiza gracias a la exposición solar, la dieta también aporta vitamina D. Está presente en pescados grasos como el atún, salmón y bacalao. De hecho, en Inglaterra y países nórdicos como Noruega y Finlandia el consumo de aceite de hígado de bacalao forma parte esencial de la alimentación de niños y adultos.  También se encuentra en el hígado de pollo, ostras y, en menor medida, yema de huevo y margarina.

En personas adultas el aporte diario de vitamina D –que se mide en unidad internacional (UI)– debe ser entre 800 y 1000 UI al día, en niños 600 UI y 400 UI para lactantes. Sin embargo, los especialistas aducen que la ingesta de vitamina D no aporta cantidades significativas. Por ejemplo, los pescados de criadero, que son los que normalmente consumimos contienen muy poca, menos de 50 UI, en comparación con las 100 o 200 UI que tienen los salvajes.

En Estados Unidos, Inglaterra y Finlandia, por nombrar algunos, se han establecido políticas de salud pública para fortificar ciertos alimentos como derivados lácteos y jugos y asegurar así la ingesta adecuada de vitamina D.

“Aunque es posible encontrar leches y cereales suplementados con vitamina D, en Chile la fortificación alimentaria no ha incorporado a esta vitamina como un problema de salud pública”, dice Gilberto González, endocrinólogo de la Universidad Católica.

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