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14 febrero, 2018
orla

Neurofeedback: entrenamiento cerebral

Una periodista de Paula acudió a una terapia para entrenar su cerebro y hacerlo rendir al máximo. Aquí su relato en primera persona.

Por Bárbara Riedemann / Ilustración Mathias Sielfeld en Archivo Paula


Paula.cl

“Sentada en un comodísimo sillón reclinable de cuero, tengo frente a mí una gran pantalla que transmite una película que elegí de Netflix y que mantiene mi atención enfocada y, a la vez, relajada. Tengo audífonos puestos. Sobre mi cabeza, un gorro de silicona y más de 20 electrodos cuyo cableado está conectado a un programa de computador que mide la actividad eléctrica de mi cerebro. Detrás de mí, en su escritorio, la neuropsicóloga Alejandra Escandón analiza silenciosamente el registro gráfico de mi actividad cerebral. La sesión, que dura una hora, funciona así: cada vez que exhibo un patrón de ondas cerebrales normales –alfa y beta, que son las más frecuentes y necesarias para que un adulto realice sus actividades diarias-, suena un pitito y la pantalla se oscurece por unos segundos, un estímulo que mi cerebro entiende como una recompensa. La idea es que éste sea capaz de autorregularse frente a este acondicionamiento, primero con la ayuda del software y después en mis actividades cotidianas. Algo que se logra con un mínimo de 4 o 5 sesiones de entrenamiento, una cada semana (las primeras 4 sesiones cuestan $ 40.000 cada una. Hay descuentos por Fonasa).

Este método, aplicado desde los 70 en Estados Unidos, ha probado su efectividad para tratar casos de déficit atencional e hiperactividad (TDA – TDAH), especialmente en niños, a quienes la terapia les funciona más rápido por la neuroplasticidad de sus cerebros. Aunque en adultos tarda un poco más, su acción es la misma: entrenar al cerebro para que logre el óptimo desempeño neuronal y manejar las funciones que por lo general se hacen de forma inconsciente y escapan al control racional, como por ejemplo, la planificación, la focalización de la atención, la organización de objetivos, el autocontrol y la propia regulación emocional. No es todo. También sirve, según asegura Alejandra Escandón, para tratar trastornos obsesivos compulsivos (TOC), trastornos de ansiedad y ánimo, crisis de pánico, insomnio y algunas adicciones, entre otras.

Una semana antes de esta sesión, concurrí a la consulta de Alejandra –directora del centro Andes Neurofeedback y única especialista con certificación BCN (Board Certified in Neurofeedback) en Sudamérica, reconocida por las Asociaciones Americanas de Pediatría y Sicología- para una evaluación ($ 45.000), que hace a través de un encefalograma y que hoy me explica al detalle. Es un mapeo topográfico de mi cerebro que, a través de colores y gráficos, arroja qué ondas están en más baja o alta frecuencia.

A la terapia acudí porque me siento muy cansada, desconcentrada y olvidadiza. Y eso mismo corroboran los resultados. Por ejemplo, en vigilia, cuando debería estar con el peak de alfa y beta, tengo presencia de delta y theta, que aparecen durante el sueño. ‘Estás en periodo de poda adaptativa’, concluye la experta. Me asusto, pero rápidamente ella me calma y explica. ‘En neurociencia existe el concepto de poda sináptica: uno nace con una cantidad determinada de neuronas y en los primeros mil días de vida hay un recorte –una poda, tal como le ocurre a un arbolito- y las redes neuronales van disminuyendo. De ahí que la estimulación temprana sea tan importante en esta etapa. Luego, viene otra poda a los 6 años y la última a los 12 años. Pero en el caso de las mujeres en puerperio se sabe que el cerebro está programado para cortar circuitos que no son de ocupación primaria para la crianza del bebé, como las funciones ejecutivas –memoria, concentración, por ejemplo-. En su lugar, se agudizan otras funciones, como el tacto, el olfato y la audición. Esto ocurre hasta los mil días de nacida la guagua’, dice. Ahí entiendo todo: desde por qué soy la única que me levanto cuando mi guagua llora en la noche hasta por qué me demoro en resolver tareas no muy complejas, cuando antes las hacía con rapidez. Pero con o sin una guagua de año y medio, Alejandra me muestra que de todas maneras se registra cierta hipoactividad en partes de mi cerebro que deberían estar más que alertas. ‘Te cuesta hacer el switch de una actividad a otra’, dice Alejandra. Y agrega: ‘Esto es estrés primario y falta de sueño’. Ahora entiendo por qué cuando veo un Whatsaap y me digo que lo responderé después, nunca lo hago –algo que me ha traído muchos pleitos-.

¿La recomendación? Seguir con más sesiones de acondicionamiento cerebral -solo fui a una- e intentar activar mis funciones ejecutivas en casa: en menos de un mes me obligué a leer dos libros grandes –algo que siempre hago, pero con extrema laxitud- y a hacer los sudokus que vienen en el diario”.

Andes Neurofeedback, Alonso de Córdova 5870, oficina 1520, Las Condes. Cel 94561 9827. www.andesneurofeedback.com