Jun 17
Del padre al hijo
El músico Mauricio Redolés solía caminar por las calles de Santiago conversando con su padre. Años después las recorrió con su hijo, respondiendo sus preguntas de niño. Ahora que Sebastián es adulto, siente nostalgia de esos paseos con ambos.
Por Mauricio Redolés.

Hay un paréntesis en mi vida que va desde el 3 de julio de 1985 –fecha en la que murió mi padre– al 5 de febrero de 1988, fecha en la que nació mi hijo. Hay ciertamente una oquedad incomprensible, un vacío, entre esas dos fechas para alguien que amó mucho a su padre y que ama mucho a su hijo. Cuando me entregaron a Sebastián, lo acuné y lo miré con la incredulidad de quien es por primera vez padre y ve por primera vez a su hijo. Y debo haber pensado en Luis, mi padre. De alguna manera sabía que en esa guagua recién nacida había algo que me hablaba de mi papá.
Sebastián y mi padre no se conocieron, pero creo que una vez se vieron. Hacía poco que me había separado de la madre de Sebastián, y habíamos decidido de mutuo acuerdo que yo viviría con él. Era un día asoleado y Sebastián, que tenía cinco años, jugaba en el living. De pronto me dice: “Papá, vi una luz aquí y un señor de camisa blanca, gordo con bigotes, muy tranquilo, me miraba y reía”. Soy miedoso y, a pesar de que era un día de primavera, sentí un frío en la columna. Tuve la sensación que ese señor era mi padre, quien haciendo un esfuerzo desde su recuerdo del futuro, irrumpía para mirar al hijo de su hijo.
Con mi padre teníamos la costumbre de caminar grandes distancias conversando de esto y aquello, como si el tiempo no existiera. Caminábamos por el Santiago de los años 60, que era mucho más bonito que el de ahora. Nos sentábamos. Comíamos y bebíamos. Me preguntaba las capitales de América.
Cuando era niño, Sebastián y yo también viajamos y conversamos mucho. A veces yo me agotaba. “Hijo, caminemos un rato calladitos”, le decía. Pero no pasaban muchos minutos hasta que me preguntaba cosas como: “Papá, ¿Frito País –léase Fito Páez– es más famoso que tú?”. “Sí, hijo”, yo le respondía. “Papá, ¿y es más famoso que tú porque sale en la tele y lo tocan en las radios?”.
¿Qué podía decirle yo?
Un día caminando por Los Ángeles, VIII Región, me di cuenta de que ya no iba Sebastián de mi mano. No me acompañaba esta vez y nuestros futuros viajes juntos serían el mutuo acuerdo de dos adultos. Esa vez, caminando hacia el terminal de buses, sentí nostalgia por una mano chica transpirada que a veces se me escurría junto a la correa de la mochila.

Videos




Marce dice:
Que lindo relato!!
Agosto 13, 2009 a las 2:21 pm
Martina dice:
Hermoso, realmente bello. La familia piriguina los adora!
Junio 23, 2009 a las 6:09 pm
Claudia dice:
Esto fue una letra de una canción ahora solo debes sacar la nota…
feliz día del padre….
Junio 19, 2009 a las 9:52 pm
Ro dice:
Mauricio, mi novio es admirador tuyo, ahora te va a amar jaja
Hermoso relato
Junio 18, 2009 a las 11:31 pm
María José dice:
Grande Redolés! se me apretó la garganta al leer tu relato, muy lindo, emocionante y tan de piel.
Una gran forma de describir ese sentimiento tan contradicotrio de querer que tus hijos se desarrollen, crezcan, maduren, vivan…y a la vez, querer que nunca se suelten de la mano, precioso, digno de un gran poeta.
Te admiro!
Junio 18, 2009 a las 10:25 am
Mauricio Carrasco dice:
Grande Maestro.. como siempre excelente.
Te felicito Mauricio, como todo en la vida tiene su lado dulce y otro agraz.. cuando los hijos están a nuestro lado es lindo… pero desde que nace comienza la pena que un día “cortarán el cordón” o “dejarán el nido”
Na que hacer, es la ley de la vida… y así también lo hicimos nosotros.
Junio 18, 2009 a las 10:06 am
carola dice:
Hermoso escrito de Redolés. La admiración de la más chiquitita de todas.
Junio 17, 2009 a las 11:05 am
aida valdebenito dice:
Hola, me alegró mucho la entrevista a Mauricio, mi padre lo conoce cuando vivieron en Inglaterra y nosotras lo conocimos ya en Chile, aunque a lo mejor no se acuerda de nosotros. Bueno la cosa es que me encanta saber que está bien y que se lleva tan bien con su hijo.
Junio 17, 2009 a las 10:54 am
Maca dice:
Qué lindo… Se me puso la piel de gallina con tu nostalgia… Mi nostalgia es no tener los mismos recuerdos con mi padre…
Junio 17, 2009 a las 8:34 am
Gery dice:
Qué emotivo… el sentir que las manos se sueltan poco a poco, y que el tiempo es rápido a la hora de madurar y que, de pronto, no tenemos al padre o a la madre para preguntar de forma ingenua y sacar una sonrisa de repente. Qué lindo el escrito de Redolés. Toda mi admiración.
Junio 17, 2009 a las 8:23 am
Mauricio Atenas S dice:
Muchas gracias Redolés por descubrir esas emociones tan verdaderas
Junio 17, 2009 a las 7:16 am