Jul 13
Enchulando al marido
Por Alejandra Parada.
No sé si serán las largas y frías tardes de invierno o si mis amigas se volvieron locas en masa, pero les ha venido un afán de personal fashion assistant que da pánico. No sólo a sus pobres maridos, que están siendo víctimas de la obsesión, sino a todos quienes los rodeamos. “Mijita, ¿crees que después de Roberto le dé conmigo?”, me preguntó el otro día la mamá de la Fernanda, en un ataque de sinceridad.
Yo, la verdad, lo único que espero es que no las agarre conmigo. Ya bastantes peleas tuvimos en la universidad porque a ella le cargaba tener la misma ropa. A mí me daba lo mismo, pero sacarle el secreto de las últimas botas que se había comprado o del abrigo BBB –bueno, bonito y barato- era imposible. Y sí, podía olvidárseme la prenda en cuestión, pero me daba ira que no fuera capaz de compartir un dato con una de sus grandes amigas. Sigue igual hasta hoy, en todo caso. Cada vez que uno le pregunta: “¡Qué linda tu camisa! ¿De dónde la sacaste?”, se hace la loca o definitivamente no contesta. Lo que me saca de quicio.
Pero ahora, it’s not about me, como dicen los gringos. Se trata de su pobre marido –y el de la Carla y el de la Domi- que están siendo abusados, criticados y moldeados a imagen y semejanza de la moda y de lo que quieren sus mujeres para ellos. ¿Por qué siempre las minas somos así? Es una interrogante que no tiene fin. Ni edad. Mis abuelos ya habían muerto cuando yo nací pero siempre me acuerdo de mi mamá cambiándole la camisa a mi padre, comprándole calcetines, pidiéndole que se “pusiera bonito” para ir a comer donde unos amigos.
Mi generación, aunque diga que “cada uno tiene su personalidad y su manera de expresarlo”, no ha cambiado mucho en eso. La Domi, por ejemplo, cuando se puso a pololear con Antonio ése tenía el pelo largo, anteojos pasados de moda y usaba sólo jeans y polera. Ahora, usa gafas Armani, se corta el pelo corto y medio parado una vez al mes y anda de pantalones negros ajustados y camisa gris. Sí, coincido con mi amiga en que se ve lejos mejor pero la duda es …¿por qué si nos enamoramos de alguien de una manera después queremos verlo de otra?
Ojo que aunque no haya hablado en primera persona hasta ahora no quiere decir que no lo sufra. Yo tengo tejado de vidrio como todas. Desde las poleras rockeras erradicadas al fondo del clóset hasta la incorporación del bóxer apretado, todo eso ha sido cosecha mía. Mi marido me lo ha aguantado, pero con este vendaval de cambio que han puesto en marcha mis yuntas anda más saltón que perro en China. ¿Qué hay detrás del afán femenino de supuestamente “mejorar” al marido”?¿Será una manifestación del matriarcado chileno? ¿Será que los tratamos como hijos, aunque no queramos? O, derechamente, ¿será que el hombre chileno no se saca partido, tiene mal gusto, es fome para elegir la ropa y, más encima, basta que se case para que se ponga guatón y descuidado? ¿Por qué, siglo XXI en medio, aún nos damos la lata de “enchularlo”?

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Viba dice:
Bueno yo creo que es porque desde chicas aprendimos a “vestir” a los demás, las Barbies tenian ropa intercambiable, las muñequitas de papel con ropa recortable, el marido o pololo es nuetro Ken personal. =)
Octubre 22, 2009 a las 7:42 am
carola dice:
ahora que lo pienso, encuentro que mi novio se viste súper. lo encuentro lo más ondero que hay.
Julio 15, 2009 a las 10:41 am
Carolina dice:
Yo creo que los enchulamos porque en general tienen mal gusto y se visten pésimo. Por suerte en mi caso no es así. Mi marido es bien producido y se preocupa harto, se arregla solito y se ve bien mino, pero me mataría si le cambio de lugar, le boto o critico sus poleras rockeras, ahí sí no me meto. Jajaja.
Julio 14, 2009 a las 7:00 pm
Coty dice:
Yo creo que pasa por que cuando madres no le senseñamos a nuestros hijos el valor de vestirse bien, en realidad creo que es diferente el trato que se les da a las niñitas que a los niños, los hombres pueden andar sucios, chascones y finalmente les dejamos claro que no nos importa mucho el “como se ven”, no le incentivamos mucho el valor “del verse bien”, ese valor siempre a sido adjudijado a las niñas. Quizas si cambiamos la forma de enseñarle a los niños eso, nuestras hijas en el futuro no tendran que vestir al marido.
Julio 14, 2009 a las 2:37 pm
Leslie dice:
Es cierto que no deberiamos enchularlo, que deberiamos quererlo tan como es , tal como nos enamoramos de ellos, pero dime si no da rabia cuando uno toda producida y fashion para salir y el de jeans y polera Horror!! Yo creo que por eso lo hacemos porque a la larga tienen un pesimo gusto ( en la ropa solamente) jaja
Julio 14, 2009 a las 11:55 am
Pilar dice:
qué horror! me sentí súper identificada, igual que tú yo insistí en el cambio de calzoncillos (de chiteco a boxer apretado), y sutilmente guardé en lo profundo del closet sus poleras rockeras…lo más probable es que estemos repitiendo el modelo de nuestros madres, menos mal tenemos capacidad de autobservación…
Julio 14, 2009 a las 10:42 am
Romina dice:
lo latero no es enchular al marido y enseñarle lo que está de moda, lo top, y lo que le queda bien, la verdadera lata es cuando el hippie con el que te casaste y al que le haz modificado todos sus gustos, empezando por la comida y terminando con las pilchas que se tira en cima, aprende a vestirse mejor que tu, y a la hora de salir a reuniones sociales llama la atención mas que tu..!!
Julio 14, 2009 a las 9:40 am
carola dice:
mi único aporte es, cuando mi novio elige su ropa y se la va a probar, decirle si le queda chica, corta o apretada. es asesorarlo cuando me pregunta “esto está un poco grande… no?”. el resto, que haga lo que quiera. yo lo quiero así como es.
Julio 14, 2009 a las 7:31 am
patty smith dice:
que lata enchular al marido, por mi que hagalo que quiera, y mejor aun que no se produzca mas que yo, odiaria estar con uno que se viera como un queer eye for a straight guy, prefiero un macho estilo paul sr. de american chopper que un chiche enchulado por mi o auto enchulado
Julio 13, 2009 a las 5:28 pm