Nov 01
La ganadora
Para rehacer la médula de su dictador privado, la psicóloga Verónica Watt Bozzolo (24), ganadora del Concurso de Cuentos de Revista Paula, pidió prestado el tÃtulo de un libro de poesÃa de Leonard Cohen, Flores para Hitler. El cuento de Verónica y el de los nueve finalistas se podrán leer en un libro de Ediciones Universidad Diego Portales, que se lanzará durante la premiación del concurso, el 19 de noviembre, en la misma casa de estudios.
Por Andrea Lagos | FotografÃa: Inés Picchetti
En la casa de los padres de Verónica Watt habÃa una despensa llena de conservas Centauro, la marca chilena con la figura del ser mitológico mitad hombre, mitad caballo. Su madre la alimentaba –a ella y a sus seis hermanos– con el contenido de esos tarros que su tatarabuelo industrializó en 1908. En la mesa y en otros lugares de su casa debÃa pelear –entre un hermano y otro– por la privacidad que necesitaba para leer a su antojo. Era la mayor. QuerÃa estar sola. Amaba los libros. Ese olor. Esas tapas duras.
–¿Por qué no viene? ¿Por qué está leyendo? ¿Qué lee?– se preguntaban los integrantes de su familión a la hora del postre de duraznos en mitades. Verónica dice que la encontraban rara. Que le preguntaban por qué pensaba tanto y por qué -más encima- se le habÃa antojado ser presidenta de Chile. O cómo pretendÃa cumplir los sueños de todos, como decÃa el slogan de su campaña para ser dirigenta del Centro de Alumnos del colegio Alcázar, una institución a dónde iban los hijos de los militares, además de ella y sus hermanos. Sobre todo le preguntaban –curiosos– cómo no se aburrÃa de estar toda la tarde metida en un libro. Algo insólito en una casa donde se leÃa poco.
Evadida del griterÃo infantil –debajo de la mesa, acurrucada en la cama– Verónica leyó toda la colección infantil Barco a Vapor y, cuando creció, le dio con Rodrigo Fresán, Raymond Carver, David Foster Wallace, J.D. Salinger, John Cheever. PodrÃa haber estudiado Literatura, pero optó por PsicologÃa en la Universidad Diego Portales para ganarse la vida más fácilmente. Y mientras estudiaba, hizo un minor en Literatura en la misma UDP y se metió al taller literario del escritor Jaime Collyer.
Con tanta psicologÃa y literatura en las venas se entusiasmó de verdad. Al terminar el taller de Collyer inventó una manera para seguir reuniéndose con los nostálgicos de esas memorables jornadas literarias. Aun cuando ya no tenÃan profesor ni guÃa se juntaban a leer las obras que cada uno iba produciendo, se criticaban entre todos y, generosamente, se regalaban ideas. La primera fue la siguiente: “Escribamos a partir del tÃtulo de la obra de un autor conocido. Verónica eligió Flores para Hitler, un verso del poeta y cantante canadiense Leonard Cohen. Y luego desarrolló la trama del cuento ganador. Idéntica a sus anteriores trabajos: cruda.
–Fuerte –dijo su padre cuando terminó de leer, frente a ella, el texto completo, sin censura, con todas las escenas de sexo.
Asà es la todavÃa pequeña obra de Watt. Con su conocimiento doble –palabras mezcladas con tratados de neurosis y obsesiones– diseña las psiquis de los raros personajes que habitan sus cuentos. Le apasionan las mentes de los otros, los diálogos Ãntimos y los vericuetos de las conductas humanas. Como titiritera, en el archivo Word de su computadora, arma sus pequeños seres de torcidas acciones. Los escribe, los describe y los abandona en una soledad que, dice, es la atmósfera de los tiempos que corren.
–Todos estamos muy solos aunque siempre haya mucha gente –describe la autora.
–¿Por qué escribes asÃ? –le preguntó un dÃa su madre frente al resto de la familia de tarros Centauro. Verónica no contestó. Hasta ahora:
–Porque me gusta meter el dedo en la herida y ponerle sal y limón para que duela –dice con seriedad. Me gusta mostrar lo mal que se trata la gente, los comentarios hirientes que se lanzan como cuchillos en relaciones que supuestamente son de amor. Los seres humanos acostumbramos a hacer daño a los otros sin medida. Afilamos las armas cada vez mejor y por costumbre, y el dolor causado queda impune. Nadie pide perdón por nada. Con estos sentimientos dando vueltas en la sociedad yo no puedo escribir cuentos de hadas.
- Para leer un extracto de Flores para Hitler, haz click aquÃ.

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Carlos dice:
Micaela, tus comentarios vienen de muy cerca… De repente, aprendes a escribir “derrepente” también tú.
Noviembre 22, 2008 a las 11:38 pm
El jurado ya deliberó - Blog - Paula dice:
[...] FLORES PARA HITLER, de Verónica MarÃa Watt Bozzolo. [...]
Noviembre 17, 2008 a las 2:45 pm
Micaela MarÃa Watt Bozzolo dice:
La verdad es que no existen cuñas acá, sólo una persona que se merece el premio.
Su vida no es tan dura como suena, al contrario , es más bien una mujer que dentro de la clase alta se quedó con el fondo no con la forma cómo muchos.Ella observa la sociedad y la analiza, no para ganarse la vida, principalmente por que tiene talento de sobra y por convertir su pasión en acción.
Discrepo con la entrevista, ya que nunca se escondió bajo la mesa, ni las sábanas, al contrario, a Verónica le encanta que todos conozcan qué le apasiona auqnue algunos no lo comprendan.
Les aconsejo apasionarse por algo y nutrirse como lo ha hecho ella.
La envidia no es buena denni. No te haria mal leer el cuento, derrepente aprendes a escribir tú también (”asumalanlo”).
Noviembre 12, 2008 a las 10:03 pm
denni dice:
buuuu.. pura cuña asumalanlo..
Noviembre 10, 2008 a las 12:24 pm
Dominique Bignon dice:
Excelente escritora. Con lo poco que subieron al blog de su revista uno se peude dar cuenta de la calidad de sus escritos: complejos, entretenidos y cautivantes.
Noviembre 6, 2008 a las 12:40 pm
Micaela MarÃa Watt Bozzolo dice:
“Le apasionan las mentes de los otros, los diálogos Ãntimos y los vericuetos de las conductas humanas.”
Asi es ella, apasionada e intensa. En sus cuentos transmite historias que te dejan sin palabras.
Todo un orgullo para nosotros, su familia, que somos testigos directos de esta pasión.
Noviembre 6, 2008 a las 9:29 am