Dic 19
Tuitertulia

Cuatro novísimos escritores chilenos se hermanaron en una comunidad de twitter con un crítico literario de 54 años. Éste, Rodrigo Pinto, cuenta aquí a dónde los ha llevado esta tertulia del siglo XXI.
Por Rodrigo Pinto / Fotografía: Carolina Vargas
Para poner un punto de partida, digamos que todo empezó un día de mayo, en Buenos Aires. Más concretamente, en el Café de la Paz, ubicado en las calles Montevideo y Corrientes, un lugar amplio y acogedor donde ningún mozo te mira feo por tomarte un expreso y quedarte leyendo un par de horas. Ahí fue, pues, donde nos juntamos Roberto Santander y yo. Dos chilenos que se conocen en Buenos Aires. ¿Por qué acordamos compartir un café en esas latitudes? Porque, vía twitter, nos enteramos de que estaríamos allá en las mismas fechas, y nos pareció, creo yo, una buena excusa para conocernos. Y del mismo modo al poco tiempo, ya en Santiago y en mi casa, fuimos encontrándonos con otros twitteros con los que compartimos el placer y la pasión por la lectura, hasta constituir un grupo –una comunidad, para decirlo en términos 2.0– que se reúne regularmente para conversar. No sólo de libros, por cierto, pero ése es el común denominador, el interés compartido que nos permite saltarnos generaciones y trayectorias distintas para intercambiar experiencias, descubrimientos, gustos y disgustos.
Los dueños de casa ponemos la comida; las visitas aportan la cerveza, que, hay que decirlo, corre generosamente. En las últimas semanas, no han escaseado voces agoreras que califican las redes sociales como pérdidas de tiempo, mera frivolidad, sustitutos de las relaciones de carne y hueso, “narcisismo exhibicionista desatado”, moda que puede, incluso “perder a los mejores de una generación”. Pues bien, aquí hay una experiencia concreta y demostrable de su utilidad. Intercambiamos, vía twitter, enlaces, lecturas, opiniones, recomendaciones, datos (entre nosotros y entre quienes siguen nuestros twitteos); y sobre esa base hemos podido abrir paso a una amistad que recoge otra característica de las redes sociales, quizás especialmente de twitter: la horizontalidad.
No hay jerarquías, a pesar de las diferencias de edad y trayectoria, y para mí ha sido especialmente enriquecedor conocer a lectores cuyas coordenadas, de partida, son tan distintas de las mías. Para ellos, el peso de la narrativa estadounidense contemporánea
es tan decisivo como fue, para mí, leer a los alemanes y a los rusos; y, aunque leen a Borges y Cortázar, sus más cercanos referentes argentinos son Fogwill y Fresán. Les llevo ventaja en el conocimiento de los clásicos, pero con ellos he descubierto autores y libros que probablemente no habría considerado, como, por ejemplo, Miranda July y sus excelentes relatos.
Ahora nos hemos propuesto la tarea de leer En busca del tiempo perdido en el verano, a
razón de un volumen por semana, y plasmar esa experiencia colectiva en un blog. Para mí será una relectura, pero veinte años no pasan en vano y sé que será una experiencia igualmente enriquecedora para todos.
Los Tuitertulios

Cristóbal Carrasco (23 años): llegamos a él por su blog, La vida retirada. Acaba de dar su examen de grado en Derecho (Universidad de Chile) y este año ganó el premio Roberto Bolaño a la narrativa joven con Campus. No será el primer abogado que escribe novelas; pero
habrá que ver cuál pasión domina a la larga. Es tan tranquilo que capaz que pueda cumplir con ambas.

Roberto Santander (25 años): estudió Periodismo y Literatura en la U Adolfo Ibáñez, pero nunca se tituló porque no cumplió con las horas de gimnasio incluidas en el currículum. Es el más internacional del grupo: vivió en España y en Brasil, y su blog, La periódica revisión dominical, es mantenido por él y dos argentinos. Tiene el trabajo más extraño de todos: es mánager de un grupo de reggaetón.

Antonio Díaz Oliva (24 años): está terminando Periodismo en la UDP, pero ya tiene una señalada trayectoria profesional: colaboró en este año con la Revista de Libros de El Mercurio y ya está trabajando, desde hace pocos días, como periodista literario y cultural de
Qué Pasa. Ganó mención honrosa en 2009 en el premio Bolaño. Lo único que me hace ruido con Antonio es su gusto por la comida chatarra.

José Ignacio Silva (29 años): periodista, alumno del magíster en Edición de la UDP, el más irónico y rápido para responder. Ejerce la crítica literaria en El Periodista. Por sus iniciales, es cada vez más conocido como Jisa. A la hora de saber de ediciones y libros disponibles, nunca
falla. Jisa, con su ingenio punzante, fue el inventor del término “tuitertulia”, e incluso le abrió una cuenta en twitter.

Diego Zúñiga (22 años): el más joven, el más precoz y el más movido, es un tipo múltiple que estudia Periodismo en la UC, hace un programa semanal de radio –Snob– en la emisora de la universidad, mantiene el sitio 60watts.net, quizá el más visitado de los blogs literarios, colabora con la revista Contrafuerte, ganó el premio Roberto Bolaño el año pasado y acaba de publicar su primera novela, Camanchaca.

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