“¿Cómo no hablar con nadie? ¿De qué se trataba eso? ¿Cómo iba a hacerlo para cumplir con el voto de silencio? No, yo no estaba dispuesta a eso y, aunque lo hubiese estado, tampoco habría podido hacerlo”. Nos cuenta en su cuarta columna Francisca Subercaseaux.