Sep 30
La noche del robo
Por Alejandra Parada
Un chirrido de frenos. Un golpe seco. Suena la alarma de la casa de enfrente. Pasan menos de cinco minutos. El silencio que sigue al estruendo se rompe. Gritos, luces que se encienden y un auto que sale a toda velocidad. Un auto rojo. Sedán. Casi al mismo tiempo llega Carabineros, ADT, Seguridad Ciudadana, el vecino, la señora del lado, gente que no conozco. No me he dado ni cuenta, pero mientras veía el debate presidencial entraron a robar en la casa de la esquina. “Se llevaron todos los computadores”, dice un oficial. “Venían dateados”, opina alguien. “Yo vi a un señor alto y moreno que se paseaba durante la tarde”, revela mi Margarita. Oigo sin entender. Me meto en la conversa y agrego el dato del Sedán. No sé por qué lo recuerdo. Supongo que porque encuentro horrible el modelo. Ni hablemos de la palabra. Sedán. Seda-n. Se-dan. ¡Uf!
En pijama, desde la puerta de mi casa, contemplo la escena como si fuera una película. Estoy, pero no estoy. Como el juego de las guaguas. No pesco mucho. Vuelvo a la tele, impresionada de lo que se parecen Cecilia Morel, la esposa de Piñera, y Karen Doggenweiler, la mujer de Enríquez Ominami. Son idénticas pero con décadas de diferencia. Para más remate, las dos llevan un vestido azul con el mismo escote y están sentadas al lado. No puedo creer que ninguno de los 4 candidatos tenga puesta una corbata roja. ¿Estará cambiando el look del hombre chileno? ¡Qué frívola! Me concentro en las preguntas y en las respuestas, pero me distraigo pensando en cómo se hace para enunciar las propuestas para un futuro país en un minuto y 30 segundos de réplica. Yo no podría.
Pasa mucho rato antes de que me dé cuenta del miedo que tengo. Del puñetazo en la boca del estómago. Del dragón –como le llama mi siquiatra- que empieza a corroerme por dentro. No me tomo un Ravotril. Una “agüita de hojas”, como dice mi hijo basta y sobra. Estoy bien. Entera. Valiente. Hasta que de repente algo en mi cabeza hace clic. Corro al segundo piso y abrazo a mi hijo que duerme en su cama, calentito. Y ahí se desata el temporal. Lloro sin control, sin medida ni parámetro. Lloro mientras pienso en comprarme un botón de pánico remoto; mientras planeo cómo hacer una reja nueva; mientras trato de no imaginarme que la casa elegida hubiese sido la mía, mientras pienso en quién puede dormir conmigo el fin de semana. ¿No estaré muy vieja para un pijama party? Los malos pensamientos se me incrustan en la cabeza. Los desecho a patadas, a gritos mudos, a golpes rápidos y sin asco. Pero eso no logra quitarme el miedo.
Me siento vulnerable. Todo el castillo de fuerza y entereza que he construido estos meses acaba de estallar en pedazos. Yo estallo con él. Y salgo disparada en miles de fragmentos. Sin control. Desperdigada y rota.
Las lágrimas me salen a chorros, ingobernables. Por más que lo intento, me retuerzo y aguanto la respiración, la sensación de intemperie me carcome. Soy una cáscara. Soy frágil. Cero imbatible.
Me gustaría reducirme a la mínima expresión -como el Chapulín Colorado con sus pastillas de Chiquitolina- para que alguien me llevara en el bolsillo. A mí y a mi niño. A salvo de ladrones, a salvo de mis miedos, a salvo de mí misma. Protegida. Quiero dejarme caer. Descansar. Ser contenida. Quiero un colchón, un recreo emocional.
Afuera aún oigo autos, voces, entreveo la casa robada iluminada, con los detectives dando vueltas. Quiero que se vayan. Quiero dormir. Irme de aquí. Terminar con este mal sueño. Mañana me pongo de pie de nuevo. Lo prometo. Pero, por favor, déjenme espacio para desarmarme esta noche. Mañana será otro día. Ya lo dijo Scarlett O’Hara. A ver si esta pesadilla se la lleva el viento.

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Maria de la luz dice:
Concuerdo con varias…¡¿cómo tanto?¡
Además de mostrar una reacción exagerada, es un relato lleno de lugares comunes. Mejor me pongo a trabajar.
Además…un sedán…es un lujo…por lo menos para mí. Ya quisiera cambiar mi Maruti por un sedán. Y si es rojo, mejor.
Saludos.
Mayo 11, 2010 a las 5:51 pm
Paula dice:
¿Y todo esto porque presenciaste a través de la ventana el robo de la casa de un vecino?
Noviembre 11, 2009 a las 11:35 am
fran dice:
segunda columna que te leo….y última….eres francamente insoportable
Octubre 8, 2009 a las 9:22 am
carolina dice:
Too much! mil disculpas, pero senti que era un relato fingido… como taaaaaanto?
Octubre 5, 2009 a las 11:10 pm
María José dice:
Completamente de acuerdo con Pamela…el miedo paraliza, vive tranquila mujer!
Octubre 2, 2009 a las 3:00 pm
PAMELA dice:
Que cuática y colorienta, no se puede vivir con miedo. Me han entrado a robar 2 veces y vivo sola con mi hijo, no tengo miedo, así no se puede vivir.
Dejen de ver las noticias y se sentirán mejor, las cosas materiales son sólo eso.
Octubre 2, 2009 a las 2:02 pm
constanza dice:
Si es verdad lo que cuentas, sobre cómo te sentiste y no es sólo un recurso literario, sin dármelas de sicologa ni nada por el estilo, creo que tu miedo proviene de algo mucho más profundo, de un desamparo mayor que el de estar sola con tu niño en casa, y que alguien entre a robar. El miedo que tu describes, creo que está relacionado con otro tipo de vulnerabilidades, que se van mezclando con la situación que viviste. Los peligros están donde menos los imaginamos, lamentablemente, poco o nada podemos hacer para evitarlos.
Tu casa no debe convertirse en una fortaleza, la que debe hacerlo eres tu.
Cariños Alejandra
c.
Octubre 2, 2009 a las 1:45 pm
ceci dice:
Ufff, que fuerte! y lo más increíble es que sin vivir una experiencia similar, que fácil es sentirse identificada.
Fuerza y tranquilidad.
Octubre 2, 2009 a las 10:48 am