Nov 28
Al Green, su Gatorade y el mío
Por Lorena Penjean, desde Memphis.
Apenas dormí cuatro horas, pero no dudé en levantarme. La misa empezaba a las 11:30 y debía vestirme lo más formal que pudiera, peinado incluido, para ir como corresponde a alabar al Señor como lo hacen los feligreses que asisten a la “Full Gospel Tabernacule”, la iglesia que creó nada menos que el reverendo Al Green, la leyenda del soul.
¿Y quién es Al Green? Ni yo sabía que lo conocía. Mi primo gringo me comentó sobre él, algo de una iglesia cercana a Graceland donde se hacía gospel como en las pelis. Así con hartos negritos cantando y bailando alegres alabanzas. Entonces me entusiasmé de una. Y partí, obvio, buscando más información sobre el reverendo. Pues bien, estoy segura que sin saberlo usted, amable lector, también conoce a Al Green. Sus canciones están en las bandas sonoras de Pulp Fiction, Notting Hill y Sex and the city. Le suena Let’s Stay Together? Estoy segura que sí. Es una de esas canciones que dan ganas de bailar apretado. Bien agarradito.
Albert Green nació en Arkansas en 1946 y partió cantando a sus tiernos nueve años en el grupo The Green Brothers y luego en Creations. A fines de los sesentas comenzó su carrera como solista y de ahí a la fama con How Can You Mend a Broken Heart? (ultra romántica, para llorar) y I’m so tired of being alone. Cuento corto: más de treinta álbumes, chorrocientos Grammys y decenas de canciones en los primeros lugares del Billboard, -que lo cataloga como el cantante soul más popular e influyente de principios de los 70. Eso sin mencionar que está en el Salón de la Fama del Rock y también del Gospel. El 2002 recibió un Grammy por su trayectoria. Le llaman en último gigante del soul, el sucesor de Otis Redding (otro seco).
¿Y qué hace en una iglesia? Pues bien, en 1974, una polola a la que le rechazó una propuesta de matri, lo quemó con agua hirviendo y luego se suicidó en el baño de su casa. Al Green estuvo internado con quemaduras de tercer grado y fue en el hospital cuando vio la luz: todo lo que le sucedía no era más que una señal del mismísimo Dios que le pedía que se convirtiera a la fe y dejara de dar jugo. Y lo hizo. En 1976, en Memphis, fundó su iglesia y durante muchos años sólo se dedicó a hacer discos de gospel. En 1998, de la mano de Annie Lenox volvió a cantar música no religiosa y este año sacó un último disco, Lay it down, que resultó alabado por la crítica. Mi parentela gringa me dice que cada cierto tiempo se tienen noticias de él, que suele descarrilarse de los caminos del Señor. Qué más da, es un humano.
Bueno, estaba en ese domingo de la misa. El día anterior a la misa llamamos preguntando si teníamos que vestirnos de alguna manera especial y la buena señora que contestó el teléfono dijo que no, que al Señor le daban lo mismo las apariencias. Pero a mí no; yo quería hacer las cosas bien.
Entonces ese domingo me levanté, con dificultad pero lo hice. La noche anterior me la pasé jugando pool en una fuente de soda onda road movie y bailando blues en magníficos antros en los que los negros llegan con sus mejores pintas y vistosos anillos.
Y me conseguí ropa: falda escocesa negra con blanco, camisa negra y botas (hace siglo que no me ponía tacos). Luego, harto gel con el pelo liso terminado en una cortita cola de caballo. Y a la calle. Antes un Gatorade. Lo necesitaba.
Apenas llegué supe que por más que me enchulara jamás me iba a ver tan estilosa como ellos. Es que los vieran. Las feligresas vestían con hermosos y grandes sombreros de plumas. También con abrigos de piel. Púrpura, blanco, rojo. Ellos, impecables trajes y pañuelos en sus solapas. Y el coro, túnicas rosadas.
Y mientras esperábamos que el reverendo Al Green llegara, varias de las autoridades de la iglesia nos dieron la bienvenida. Dijeron que el Señor nos había llevado hasta allá, y que nos sintiéramos libres de expresar nuestra fe, que bailáramos, saltáramos e hiciéramos los que se nos viniera en gana con tal de alabar al Señor. Amén, aleluya, oh Lord!!! Poco a poco, estas palabras que tanto repetían comenzaron a salir espontáneamente de mi boca mientras la música lo inundaba todo. Me cuesta describir una voz, pero más todavía una emoción. Esa cosa rara que uno siente en el cuerpo cuando sabe que está en un lugar que es simplemente fantástico. Como que se recoge el corazón.
Sigo. El coro bailaba y al lado del púlpito del reverendo ausente había una banda. Guitarra, piano, batería y no recuerdo qué más. La previa esperando a Green se extendió. Y fue estupendo. Uno a uno varios de los ministros y miembros del coro nos deleitaron con su voz. No podía parar de bailar. Entre los feligreses había un famoso cantante de blues cuyo nombre no recuerdo. Era un hombre ya viejo al que invitaron a cantar, pero él tomó el micrófono, dijo algunas alabanzas y sacó su armónica. La misa era un celestial carrete. Así da gusto asistir a una.
Pero el reverendo no llegaba. Mientras, las mujeres empezaban sus trances. Una mujer delante de mí comenzó a llorar. Como Magdalena pero en absoluto silencio. Se mecía bailando, alzaba sus manos al cielo mientras su mandíbula tiritaba y de sus ojos brotaban ríos de lágrimas. En el coro a una mujer también le pasó lo mismo, pero nadie pescaba, sólo un par de señoras que me tinca eran de la iglesia, las asistían abanicándolas de manera que no les faltara el aire. Y seguía el baile. Pero el reverendo no llegaba.
Hasta que lo hizo. Al Green en persona entraba a su iglesia. De impecable negro y guantes blancos. Y al igual que yo, lo hacía con un Gatorade en la mano. Fue como una epifanía. Pensé: viene de una noche como la mía. Y eso lo hizo más cool para mí, más humano, ultra GCU (gente como uno).
Ni hablar de cómo canta. Ya lo dije, es un grosso. Pero no podía sacar mis ojos de su Gatorade, que sumado al atraso… ya saben. Su sermón aumentó mi intriga. Si bien no le entendía mucho su inglés (ese acento y lo rápido que hablan me lo impedía), como que empezaba a leer la Biblia y se le iba la onda. Repetía algo así como “El Señor está delante de ti, al lado tuyo, detrás de ti”. Creo que lo hizo por más de diez minutos. Más tarde conversé sobre esto con mis anfitriones y opinaron lo mismo. Lo de siempre: su fama lo antecede y ese Gatorade delator, el mismo que yo tomaba para hidratarme, me daba la razón.
Al Green es el reverendo más cool que puede haber. Y el gospel es lo mejor. Es como cuando dicen que el que canta reza dos veces. La pura verdad. Apenas terminó, comenzó a ofrecer bendiciones. Y era que no, fui a pedir la mía. Antes, miré cómo lo hacían los demás. Consistía en acercarse al escenario, ponerse en posición de oración, levantar los brazos y esperar que Al Green, todo concentrado, pusiera sus manos sobre la cabeza del requeriente. Luego decía algo así como que el espíritu entrara en la persona y ésta decía aleluya. Y lo hice: manos arriba, cabeza gacha, aleluya. Al Green me bendijo en la mejor misa de mi vida. Amén.

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anelys dice:
(guácala el gatorade)
Diciembre 5, 2008 a las 8:07 pm
ANELYS dice:
QUE BUENA! QUE BUENA! QUE BUENA!
Buena la nota y buena tu vida.
Lei la nota escuchando a Al Green que (obvio) no conocía.
Besotes.
Y blessssss
Noviembre 30, 2008 a las 8:52 am
paz dice:
Lore:
Quien como tu… Si aquì en Chile fueramos un poco màs relajados, la historia (o histeria) serìa otra.
¡¡¡Salud por tu Gatorade bendito!!!
Noviembre 28, 2008 a las 3:56 pm
Clau dice:
Excelente, no hay como el blues, gosspel, etc, musica celestial.
Noviembre 28, 2008 a las 1:25 pm
luz dice:
amen!
Noviembre 28, 2008 a las 12:55 pm
Miski dice:
Di la verdad.!!! tenías o no ojeado el gatorade de Al?
… me reí mucho!
Noviembre 28, 2008 a las 12:17 pm
Francisca T. dice:
Que envidia negra !!! el gospel es lo máximo.
Un beso, me encanto la columna.
Pancha
Noviembre 28, 2008 a las 11:54 am
Blanca dice:
Al green es lo máximo!
qué suertuda!
Noviembre 28, 2008 a las 11:51 am
lusmi dice:
bendita!
Noviembre 28, 2008 a las 11:45 am
mon dice:
te pasaste!!! genial!
Noviembre 28, 2008 a las 11:35 am
jani dice:
que hueá mas la raja.
yo tb me desperte con necesidad de gatorade hoy, y despues de tu historia..casi que me siento bendita.
jaja! excelente columna Lore!
Noviembre 28, 2008 a las 11:23 am