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Sep 08

Minas antipersonales: Chile explosivo

Reportajes

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Leonardo Armella (30, en la foto) no ha salido nunca de Talabre, un pueblo de cien habitantes levantado por los atacameños a los pies del volcán Láscar, a 64 km de San Pedro de Atacama. Hace quince días se levantó de su cama e intentó sin éxito abrir la llave del agua. Eran las ocho de la mañana y debía tomar un remedio. En su forcejeo, la píldora rodó por el suelo y no la pudo alcanzar.
–No puedo agarrar nada. Así me quedaron las manos–, muestra sus dedos mutilados.
Hace dos años y medio, el 21 de diciembre de 2005, mientras pastoreaba a 10 km de su pueblo, el paisaje desértico se tiñó de rojo:
–Estaba cansado y cuando moví una piedra en el suelo para sentarme sentí como una bala. El ruido de la explosión salió por debajo de la roca. Envolví mis manos llenas de sangre en mi polerón. Bajé al pueblo corriendo, gritando, llorando–, dice.
Leonardo había escuchado historias sobre animales destrozados en el desierto pero, como todo el pueblo, culpaba a los zorros. Después de su accidente supo que la causa de su mutilación podía ser una mina antipersonal.
–Me lo explicaron los carabineros y los militares que vinieron a verme el día del accidente–, cuenta.
Al día siguiente, el Ejército emitió un comunicado en el que expresaba su extrañeza por la explosión: “No existen campos minados en la zona y los más cercanos se encuentran a una distancia de 35 a 40 kilómetros del lugar donde se registró el accidente”.
No hubo ninguna respuesta oficial para Leonardo. Tampoco para las más de 100 personas que, según el catastro oficial, han sufrido explosiones con minas antipersonales, antitanques y municiones de artillería sin estallar desde la década del 70 en Chile.

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El campo minado de Seilao se encumbra por el Llano de la Paciencia, al poniente del Valle de la Luna. Ésta es la alambrada que cerca la zona.

FLORES EN EL DESIERTO

La frontera se comenzó a sembrar de minas en 1978 ante un posible conflicto con Argentina. La mayoría se sembró en forma de flor: cinco minas antipersonales rodean una mina antitanque. Para hacer detonar las primeras basta que una persona o un animal las pise; para que estallen las segundas hace falta un peso de poco más de 100 kilos. Las zonas explosivas están más cerca de lo que uno piensa.
En el territorio nacional hay 198 campos minados que ocupan una superficie de 2.608 hectáreas, equivalente a 41 estadios nacionales. Paula tuvo acceso al mapa de minas antitanques y antipersonales que maneja el Ejército, que no se puede publicar por razones de seguridad nacional.
En el plano se ve que la mayoría de las minas fue sembrada a 4.000 metros de altura, en la Región de Arica, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta. La Quebrada Escritos, en la actual XV Región, es el lugar más densamente minado del país. Otro punto crítico está en la XII Región: en el camino que lleva al Parque Nacional Torres del Paine existen cuatro campos con minas antitanques. El estanciero Mauricio Álvarez Kusanovic es dueño de tres de estos predios. Hasta ahora, ninguna persona ha pisado una mina en esta zona, pero 24 cabezas de ganado han explotado.
En 1997 Chile suscribió la Convención de Ottawa, cuyo objetivo es limpiar los campos minados, eliminar los explosivos en stock y asistir a las víctimas. El plazo para cumplir estos compromisos es 2012, y para ello se creó la Comisión Nacional de Desminado Humanitario, que depende del Presidente de la República y es presidida por el ministro de Defensa. Pero la operación es compleja. La comisión ha despejado el 11% de los campos minados. De las 123.421 minas antipersonales enterradas en Chile, el Ejército sólo ha levantado 17.770. En cuanto a las minas antitanques, de las 58.392 que fueron sembradas, 6.306 han sido encontradas y destruidas.
El coronel Martín Borck, secretario ejecutivo de la comisión, dice que el Ejército trabaja a toda máquina para cumplir el compromiso de Ottawa, sin embargo, reconoce que es difícil cumplir el plazo fijado, porque muchas minas no están exactamente donde indican los mapas. Como son livianas, de plástico, pueden desplazarse por escurrimientos de agua, aluviones o temblores.
–Según nuestros mapas, el campo minado de Cancosa, 300 km al noroeste de Iquique, tiene 180 minas antipersonales. De ellas, hay 56 minas que no hemos podido encontrar. En vez de trabajar allí dos meses, conforme a lo planificado, llevamos seis. No sé cuantos campos de estos me voy a encontrar, no lo puedo prever–, dice el coronel Borck.
Los encargados de desmantelar las minas son 90 miembros del Ejército, que se ofrecieron voluntariamente para este trabajo. Entre ellos hay militares del regimiento Topater, de Calama. Paula fue con ellos a terreno: usan un traje de 30 kilos que los protege de posibles detonaciones, y equipos que detectan las minas. Permanecen en el campo minado en turnos de 45 minutos. El objetivo es que siempre se mantengan alertas.
Desmantelar una mina cuesta poco más de cien mil pesos. Este año se invirtieron 10,6 millones de dólares en maquinaria especializada que desembarcará en Chile en septiembre y que certificará que no queden minas extraviadas.
El ministro de Defensa, José Goñi, asevera que los campos minados están resguardados y señalizados con cercos y letreros.
–¿Puede el gobierno asegurar que un civil no pisará una mina antitanques?
–¿Y tú podrías asegurar que no va a haber ningún accidente de tránsito en ninguna parte de Santiago?–, contesta a Paula el ministro.

EL VALLE DE LA LUNA

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–En los alrededores de San Pedro de Atacama, uno no está seguro  –, dice Jaime Cárdenas (en la foto), militar en retiro que sembró minas antipersonales en la década del 70. Se refiere específicamente a los campos minados de Seilao y Lampallar, que se encumbran por sobre el Llano de la Paciencia, al poniente de El Valle de la Luna. En 2000 Cárdenas instaló una empresa privada de detección de minas. Ese mismo año una compañía que pretendía construir un gasoducto que cruzaría el Llano de la Paciencia le pidió que revisara el terreno para comprobar que era seguro.
–¿Cree que encontramos minas fuera del perímetro cercado por el Ejército?–, pregunta Cárdenas. Estamos junto a la alambrada que protege el campo minado de Seilao, frente a una de las entradas principales a El Valle de la Luna. A 10 metros de nosotros pasan autos y turistas en bicicleta que repletan la zona para ver la inigualable puesta de sol.
–Encontré una mina detrás de ustedes–, afirma apuntando a cuatro pasos del camino–. Algunas minas se han desplazado fuera de las alambradas. Por eso tengo una regla y siempre se la repito a mis hijos: ¡Nunca se salgan del camino en San Pedro! –dice con la voz en un hilo–. ¿Por qué cree que me he dedicado a desminar en forma privada? Tengo cargo de conciencia. Nosotros sembramos minas para detener al enemigo, pero he visto caer a personas inocentes, a los nuestros. Me siento responsable, porque sólo pusimos cercas y nadie, en más de treinta años, se preocupó de saber si las minas seguían estando donde decían los mapas–, dice.
Los operadores turísticos aseguran que conocen de sobra cuáles son las rutas seguras.
–Si no nos preguntan sobre las minas, no les decimos a los turistas que hay campos minados por acá. No sería negocio. Eso sí, nos preocupamos de seguir las rutas diseñadas y no salirnos de ellas–, dice un empresario turístico de la zona que prefiere no dar su nombre en este reportaje.
Cárdenas asegura que esa precaución no basta:
–El problema es que los turistas se salen de los caminos y recorren las dunas–, asegura. En la arena, lejos de la ruta, hay miles de huellas marcadas.
–La gente no sabe con qué se puede encontrar–, prosigue. Y no sólo se refiere a los campos minados. –Esta zona está llena de municiones, casi todos proyectiles de artillería de 106 milímetros que el Ejército ha utilizado en ejercicios de guerra y que quedaron abandonados, sin explotar. Basta que un auto pase sobre uno o que una persona lo tome y lo deje caer de punta para que detone.
A diferencia de lo que ocurre con las minas antipersonales y antitanques, no existen mapas que registren dónde están las municiones sin estallar y tampoco hay cercos o letreros que adviertan del peligro.
–Y El Valle de la Luna está lleno de estos proyectiles–, dice Cárdenas.

JUEGOS DE GUERRA

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El 17 de diciembre de 1994, José Miguel Larenas tenía 18 años y festejaba el término del colegio con sus compañeros. La celebración: amanecer en los géiseres de El Tatio. Salieron desde Calama –donde vivían–, pero antes se detuvieron en El Valle de la Luna. Viajaban en dos camionetas. En una iba José Miguel y, en la otra, sus amigos, que se volcaron a metros de un inofensivo cartel: Bienvenido a El Valle de la Luna, Santuario de la Naturaleza.
Mientras los heridos eran trasladados a la posta de San Pedro de Atacama, José Miguel trató de remolcar la camioneta volcada. De pronto, todo se fue a negro. El vehículo que manejaba explotó. Una hora después, cubierto de hollín y ceniza, bañado en sangre, con el brazo izquierdo reventado, reconoció la voz de un médico de Calama, a quien los carabineros habían llamado para ayudar a los accidentados. Era su padre.
–Papá, ayúdame–, dijo José Miguel, y el doctor, sin darse cuenta de que tenía a su hijo al frente, les pidió a los carabineros que buscaran a los familiares del joven. Cuando el médico vio el rostro del accidentado, que los carabineros habían tapado con una manta para protegerlo del sol, reconoció a José Miguel.
Al doctor Enrique Larenas no le gusta recordar la historia.
–La camioneta de mi hijo estalló por culpa de un proyectil de 106 milímetros, un explosivo de medio metro de largo que estaba enterrado y que hizo contacto con la rueda trasera de la camioneta. Mi hijo perdió el brazo por culpa del Ejército–, dice.
Enrique Larenas contrató a Jaime Cárdenas para que limpiara el sitio del accidente y buscara evidencia que le sirviera en tribunales. En la zona de la explosión, a cinco metros del camino que lleva a El Valle de la Luna, aún se ve el cráter que dejó la detonación.
–Limpié sólo una hectárea alrededor del cráter y encontré 15 proyectiles más–, dice Cárdenas.
Padre e hijo iniciaron acciones judiciales contra el Estado en 1994, el mismo año del accidente.
–Estamos esperando el fallo de la Corte Suprema. Si es adverso, llegaremos hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El gobierno de Chile tiene que pagar por el daño que me ha hecho–, dice José Miguel Larenas. Quiere que el Estado devuelva a su padre el dinero que ha gastado en rehabilitación.
–También quiero que me compren un brazo biónico que cuesta un millón de dólares–, dice.
Para desmantelar las minas, militares del regimiento Topater, de Calama, usan  trajes que pesan 30 kilos y los protegen de posibles detonaciones.
Hasta ahora, sólo una persona ha recibido indemnización en Chile por un accidente similar: hace diez años, el obrero Gustavo Soto (35) perdió un ojo, un tímpano y sus manos al recoger una mina antipersonal en la ruta internacional que conduce al paso de Socompa, en la II Región. Después de cinco años de trámites, exámenes médicos y conversaciones con abogados del Consejo de Defensa del Estado, recibió 117 millones de pesos.

EL SOBREVIVIENTE

El reloj pulsera de Luis Muñoz se detuvo a las 5:20 de la tarde del 29 de mayo de 1982. Fue el único sobreviviente de la explosión. El jeep en el que viajaba junto al chofer Juan Chepilla, dos carabineros y Hugo Sandoval, constructor civil y jefe provincial del Loa del Ministerio de Obras Públicas, pasó sobre una mina antipersonal. Era parte de un campo minado en el Salar de Quisquiro, a 130 kilómetros de San Pedro de Atacama. No había cercos ni carteles que advirtieran el peligro.
El accidente dejó a Luis por años con una parálisis parcial en el lado izquierdo del cuerpo, una diplopía que lo hizo ver doble y un sentimiento de culpa por haber sido el único que salió vivo. Un año después de la explosión, Luis se casó con la viuda de Hugo Sandoval, Gloria Martínez, y se hizo cargo de los dos hijos que dejó su compañero. Juntos, se esfuerzan por olvidar la tragedia.
–No recibimos ayuda psicológica y no podría decir que no la hayamos necesitado–, dice Muñoz.
Como el Tratado de Ottawa incluye la asistencia y reinserción social de las víctimas, la Comisión de Desminado está haciendo un catastro de las personas afectadas por minas y municiones sin estallar. A la fecha, 118 víctimas han sido entrevistadas e incluidas en la lista. La promesa del gobierno es evaluar cada caso y, eventualmente, indemnizarlos.
Pero la espera ya ha sido muy larga para algunos, como Juana Lidia Selti (68). En su casa de San Pedro de Atacama, su saludo es la despedida:
–Muchas gracias por haber venido, pero no tengo nada que decir–, Juana está enojada con los medios, el Ejército y todos quienes le han prometido ayuda, porque ésta no ha llegado en casi treinta años.
En 1981 sus dos hijos pastoreaban en Guatín, camino a El Tatio, cuando encontraron una munición del Ejército. La recogieron y se les cayó de las manos. Juana y su marido, Julio Vilca, vieron cómo los niños explotaron.
Julio (71) nos despide esperando amablemente que salgamos de su casa. Él cree que habrá justicia y reparación. A pesar del miedo, sigue pastoreando a veces en el mismo lugar donde sus hijos murieron. Así como los turistas siguen visitando el desierto.

17 comentarios en " Minas antipersonales: Chile explosivo "

  1. Gonzalo Nilo P. dice:

    Como generar conciencia es la cuestión. Si bien existe una preocupación del gobierno chileno por medio del ejército y además por cumplir con el tratado de Ottawa. Las regiones del norte chileno experimentan aumentos demográficos y de flujos turísticos de forma exponencial. Por lo que los trabajos llevados a cabo si bien son un esfuerzo no mitigan el lamentable dolor de las victimas afectadas, ni de las eventuales víctimas futuras.
    Esta favorable tribuna no debe perder objetividad y debe proponer ideas. Trabajo en San Pedro de Atacama y hasta ahora ninguna muerte de extranjeros ha polemizado este germen asesino de la guerra paralelo al turismo. Y lo más probable es que cuando ocurra genere eco internacional en desmedro de las victimas chilenas.

    Julio 18, 2011 a las 7:40 pm

  2. Wilson dice:

    He leido 2 veces este artículo y viviendo en la zona de Calama encuentro tan relevante el tema y que poca difusión se le da en nuestros medios de comunicación. Recuerdo que construyeron hace un tiempo casas cercanas al regimiento frente a donde esta situado el Hospital del cobre y uno de los temores de los operarios de las maquinarias de movimiento de tierra era precisamente encontrarse con minas durante las obras. Lo cierto es que el tema me cala bastante hondo porque mi señora es nieta de una de las personas que fallecio en el salar de Quisquiro junto a otros 3 infortunados, entre ellos el jefe Provincial de obras del Loa. Aquella tarde recuerda que el abuelito sencillamente no volvió más y se apodero de todos la preocupacion. Recordemos que en esos tiempo no habia tampoco una comunicacion tan expedita. Cuando les llego la nefasta noticia, no solo el estallido cerceno la vida de su querido abuelo sino tambien estallo la tristeza y desolasion de su familia. Nadie espera una noticia como esa.. y yo creo que las esquirlas todavia rasgan y perforan el corazon de ellos como si hubiese sido hoy.
    Los parajes del interior de mi Tierra son tan hermosos y los espiritus de estos inocentes quedaron plasmados en él. Es hermoso visitar San Pedro pero no se arranque hacia parajes no explorados. evite una trajedia más, No se aleje de los caminos, no se aventure hacia la pena!!

    Septiembre 30, 2010 a las 2:36 pm

  3. Patricia Valenzuela B. dice:

    es una lástima que un tema tan importante como es el desminado humanitario no se difunda como es debido, sin embargo, quiero felicitar al Colegio Instituto Santa María de Antofagasta que realizó una investigación respecto al conocimiento que tienen los y las jóvenes en relación al Derecho Internacional Humanitario y el desminado, es una muy buena experiencia que contó con la colaboración de la Cruz Roja de Antofagasta y el regimiento Topater de calama. ¡¡¡¡¡BIEN ISMA!!!!

    Agosto 22, 2009 a las 6:58 pm

  4. hernan dice:

    todo esto yo lo sabia por ser nieto de un militar de aquello años pero lo comprove por mis propios medios en dias pasado en un viaje que realise al norte de chile no podia creer al despertar despues de un descanso en mi auto por la niebla ver cartele que anunciaban que estaba en zona minada una locura en pleno 2009
    vivir estos acontecimiento

    Agosto 7, 2009 a las 4:34 am

  5. Jorge dice:

    Jódanse, se creen que puden minar toda la frontera. Agradezcan a su querido Pinochet.
    Los únicos perjudicados son los ciudadanos chilenos que seguirán reventando como moscas y cada vez menos turistas visitarán estos lugares.
    Da risa vanagloriarse de invetir 10 millones en esto. Debe ser la caja chica de cualquier político o militar corrupto.
    Además si dudan de dónde están las minas o municiones activas, el día que quieran avanzar sobre Argentina, qué van a hacer para no volar por los aires?
    Tontuelos!!

    Febrero 20, 2009 a las 7:29 am

  6. Elir Rojas Calderón dice:

    Agradecería que PAULA informará que la mayor parte del reportaje corresponde a información y colaboración entregada por el Centro de Información en Zonas Minadas, basada en diez años de investigación y proyectos realizados para demostrar la existencia del peligro real de minas antipersonal, antitanques y munición militar sin estallar a los civiles. Además toda la información sobre víctimas es parte de las acciones para apoyar a los afectados civiles en Chile realizada por el Grupo de Víctimas de Minas y Municiones, que preside José Miguel Larenas, sobreviviente de un accidente causado por un proyectil militar abandonado en el Valle de la Luna.
    Lamentable que una revista y blog (PAULA) no mencione en su real dimensión el aporte al reportaje realizado por estas dos organizaciones, las más antiguas en promocionar el respeto y cumplimiento a la Convención de Ottawa en Chile y el Cono Sur.
    Solo basta agregar un dato que no fue consignado, entre muchos otros, el Gobierno de Chile destino este año 10 millones de dólares para comprar maquinas militares para desminar, y nada para ayuda a las víctimas o programas de prevención. La Convención de Ottawa nació y tiene como principal preocupación a las víctimas, no a las maquinas. En Chile existen más de cien familias donde uno de sus hijos, hermanos, padres, murieron o quedaron con mutilaciones de por vida por esta situación. Ninguno de ellos ha recibido la ayuda a la que obliga la Convención.
    Agradeciendo de todas maneras la difusión del problema existente, los saluda
    Elir Rojas Calderón
    Director
    Centro de Información Zona Minada

    Octubre 6, 2008 a las 6:13 pm

  7. Leandro Gonzalez Baez dice:

    En primer lugar quiero decir que el reportaje es exelente, con una objetividad clara. felicitaciones a quien o quienes lo realizaron y expusieron aqui.

    Segundo, empatizar con las personas que lamentablemente han sufrido los efectos de estas equivocas acciones pasadas, como lo son los actos belicos.

    Pienso que lo importante es ir a la raiz de este problema, y que claramente es en una primera instancia detectar completamente los campos minados, para posteriormente proceder a la desactivacion de estos artefactos. esto deberia ser un problema de conciencia nacional y no solo de tipo militar, ya que nos hacemos llamar un pais unido, pues entonces seamos coherentes con ello.
    los militares q asuman su responsabilidad y nosotros seamos responsables en que si ahy una señalizacion por algo es.

    termino con esto, un dia mi madre conocio en un bus a una persona que trabaja en estas labores de desactivacion de minas, por lo cual a su familia el les miente sobre su real trabajo. les dice que trabaja en el norte en otras cosas, para no preocupar principalmente a su madre. en definitiva admirable labor de quienes trabajan con el afan de prevenir victimas futuras de nuestras propias irresponsabilidades.

    Septiembre 17, 2008 a las 11:05 pm

  8. Elmo.cl » Blog Archive » Minas Antipersonales en Chile dice:

    [...] Blog de Paula [ Aca encontraran el articulo completo ] This entry was posted on Sábado, Septiembre 13th, 2008 at 9:54 am and is filed under [...]

    Septiembre 13, 2008 a las 9:42 am

  9. Patricio dice:

    Primero decir que lamento mucho el sufrimiento de las personas que han vivido en carne propia el “bombazo” de éste tipo de artefactos tan prehistoricos.
    Creo que el sector turistico ya sea estatal y particular debieran participar activamente en la tarea de limpieza, ya que sólo bastara con que muera un gringo para quede la escoba en los medios.
    Saludos.

    Septiembre 12, 2008 a las 10:26 am

  10. Alejandro dice:

    “Cuando la Patria está en peligro, Dios es invocado y el Soldado ensalzado; cuando el peligro ha pasado, Dios es olvidado y el Soldado repudiado”.
    Simplemente olvidamos la naturaleza humana y los tiempos en los que ocurren sus eventos. La crítica fácil, desconociendo la historia de los acontecimientos, no ayuda a crecer.

    Septiembre 12, 2008 a las 9:12 am

  11. Juaquín dice:

    Lamento verdaderamente los accidentes ocurridos por estos artefactos, sobre todos cuando son niños que recogen los elementos explosivos abandonados (UXO), lo que hay que reconocer que nuestro pais está haciendo enormes esfuerzos para levantar los campos minados con el riego que involucra a personal militar que arriesga su integridad física en esta labor tan peligrosa, por otra parte el levantar un campo minado requiere mucho cuidado, tiempo y dinero, cabe señalar que en nuestro pais los campos minados se encuentra señalizados y demarcados, claro esta tambien que las minas se corren por factores climáticos y por temblores y que muchas veces las cercas están deterioridas o cortadas por los factores atmosfericos como la oxidación, otros paises no pueden señalar lo mismo que el nuestro es decir tener demarcados e identificados los campos minados, como sucede en otros paises de sudamerica y Europa, menciono el caso de Bosnia-Erzegina en donde todo el pais está absolutamente sembrado de minas sin registro y creo que la zona mas minada del mundo es Saragevo, creo que hay que tener en cuenta los esfuerzos de nuestro pais y sobre todo de los militares que realizan esta delicada y peligrosa labor.

    Septiembre 11, 2008 a las 1:10 pm

  12. pauli dice:

    Que lamentable que en nuestro pais no se le haya dado la importancia que debiera al desminado territorial . Chile esta sembrado con minas antipersonales y municiones a traves de toda la Cordillera de los Andes, de norte a sur, esto principalmente por el problema que hubo en 1978 y que gracias a la mediacion papal no hubo guerra . Yo vivo en la Xa region y vivi los tensos dias en que se decia que iba a haber guerra, lo que nadie , ni civiles ni militares querian. Ahora a ponerse las pilas y a desminar, para que nuestra patria sea linda de verdad., sin heridos que lamentar.

    Septiembre 10, 2008 a las 2:56 pm

  13. Francisco Ruiz Solís dice:

    Este es un excelente reportaje, sobre los descuidos y excesos de los ejércitos en ese país. En América Latina es muy poca la información sobre los campos minados. Todavía hoy, a pesar de los tratados internacionales sobre el desminado, la existencia de estos artefactos, es un asunto que siguen manejando con cautela los grupos militares.

    Yo he leído este reportaje, desde un país muy al norte, y por mi interés en la limpieza y desaparición de las minas, en cualquier lugar donde se encuentren, para garantizar la vida de las personas.

    Creo también que debería tener cabida en otros medios, para que más personas lo lean y se hagan una idea de lo que representan las minas en los campos para la vida de personas y animales.

    Desde mi perspectiva, el reportaje podría postularse en algún concurso, para ganar interés y conciencia entre la población y hacer que los gobiernos agilicen el desminado, en los estados latinoamericanos que todavía tienen estos campos de muerte.

    Septiembre 10, 2008 a las 2:39 pm

  14. sabina dice:

    Muy triste las historias recogidas en este reportaje. Que lamentable para las familias recibir turistas llenos de curiosidad y con ganas de conocer gente de esta tierra y escuchar tragedias como esta. En un pais libre, donde recibimos con cariño a los forasteros, aún existan minas antipersonales. Falta una gran campaña y cambio en la conciencia de los responsables de estas municiones para retirarlas y reparar los daños que aún pesa hasta nuestros dias.

    Septiembre 9, 2008 a las 3:35 pm

  15. Jose Rosen dice:

    Que terribles historias, que te envenenen tu tierra. Como andinistas sabemos mas menos las implicancias de este peligro que cada vez que vemos vestigios de “la gran estupidez miltar” no nos queda mas que resignarnos y repuganar, recordemos que este tema viene de muchos años antes no solo del 78 en adelante…

    Septiembre 9, 2008 a las 9:00 am

  16. cristobal vidaurre dice:

    Excelente reportage , los felicito. Me extrana que un articulo tan conciso y completo, no tenga cabida en un cotidiano del Domingo por ejemplo, para que lo lea mucha gente mas y se tome conciencia del problema . Felicitaciones a Paula y a los periodistas !

    Septiembre 9, 2008 a las 4:48 am

  17. sandra dice:

    hola los felicito por la nota,es muy interesante y triste pensar que dos pueblos hermanos hallan llegado a esto,en esa época yo tenía 12 años y mi primo había sido designado para ir al sur y formar parte del ejército con 18 años,tenía mucho miedo y no sabía lo que ocurría,sólo faltaron horas para un enfrentamiento,por suerte no ocurrió,los dos paises deben hacerse cargo de desactivar las minas,y evitar más tragedias a civiles,lástima que en mi país,ARGENTINA no se hable del tema,saludos a los hermanos chilenos,los felicito por la pagina.

    Septiembre 8, 2008 a las 2:47 pm

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