Feb 26
Buenos libros hacen buenos lectores

Exitosas experiencias nórdicas recomiendan que en la niñez haya una lluvia de libros. La danesa Anne Hansen trajo la idea a Chile y abrió una espectacular biblioteca en Valparaíso, con libros que no se encuentran en otros lados. Pero algo pasa que esa lluvia de libros no produce los mismos frutos que en otros lados.
Por Juan Andrés Guzman. Fotografía Carolina Vargas. Producción Francisca Lacalle. Agradecimientos Saville Row y Tommy Hilfiger
Esta historia es sobre aprender a leer. No es raro que parezca cuento. Empieza en Suecia en 1998 y trata sobre 24 niños inmigrantes que entran a la escuela en kínder. Los niños vienen de todos los rincones del mundo y ninguno tiene el sueco como lengua materna. Algunos ni siquiera saben hablarlo. Si en ciertas poblaciones chilenas los profesores se quejan de lo difícil que es enseñar, imagina lo que es hacerlo cuando un niño llama a su mamá en español y otro pelea en árabe. Por eso, en escuelas como ésta, ubicada en Rinkeby, en los suburbios de Estocolmo, hay recursos extras para enseñarles la lengua nacional. Pero ni aun así las cosas mejoran.
Sin embargo, el año en que entran los niños sucede algo. Las profesoras se ponen a pensar cómo hacer para que no fracasen en aprender lo mínimo, que es lo que ocurre con tantos alumnos.Toman una decisión.
Y es por esa decisión que estamos contando esta historia.
Las profesoras intentan algo radical para lograr que los niños lean y escriban: invierten todos los recursos disponibles en libros de cuentos. No gastan nada en textos de estudio, salvo en el de matemáticas. Reúnen una buena cantidad de libros, pero no les parecen suficientes, así que llegan a un acuerdo con la biblioteca pública local. Cuando los niños llegan en el primer día de clases, encuentran su sala repleta de 400 libros repartidos por todos lados, al alcance de la mano, abiertos, apilados, exhibidos como pósters, esperándolos en los bancos. Además de innovador, ese espectáculo es una declaración de principios: para ellas, si no hay lenguaje, no se puede construir nada: ni ciencia, ni historia, ni matemáticas. En el principio está el verbo. Y si no está, no hay principio.
La investigadora sueca Inger Enkvist cuenta parte de esta experiencia en su libro Repensar la Educación, y afirma que las profesoras mantuvieron la estricta dieta de cuentos y matemáticas hasta tercero básico. Con los cuentos, los niños aprendieron las letras y las primeras palabras. Pegado a cada palabra venían personajes inventados y reales, conceptos, lugares extraños y conocidos; y mientras aprendían a leer, aprendían a expresar sus ideas y sentimientos y a entender los de los otros.
“Los niños amaban tanto el colegio que muchos llegaban hasta una hora antes de las clases. En un video sobre el proyecto, varios dicen que les gustaría ser escritores. En el tercer año, muchos habían leído entre 400 y 500 libros”, cuenta la investigadora Enkvist.
La escritora sueca de cuentos infantiles Mónica Zak también ha hablado de esta experiencia educativa. “Después tres años, todos los niños de ese curso sabían leer bien y rápido, tenían gran vocabulario, sabían expresarse hablando y escribiendo, tenían una gran autoestima y eran muy creativos”, describió en una ponencia que ofreció en Chile en 2005. Agregó que en Suecia a los niños de tercero básico se les aplica una medición que aquí podría equivaler al Simce. En ella estos niños obtuvieron el primer lugar en sueco y en matemáticas, superando a todas las escuelas de su ciudad.
El objetivo estaba cumplido con creces. Pero el efecto de la dieta de lecturas no paró ahí. “Cuando llegaron al liceo hubo una competencia de matemáticas escolares de nivel nacional. Y entre los 10 mejores alumnos del país había tres chicos del grupo de Rinkeby”, detalla Zak.
La alubna Sara

Esta otra historia también parece cuento y, para ser honestos, no tiene un final feliz. Se trata de cómo una danesa llamada Anne Hansen intenta hacer leer a niños del Cerro Alegre de Valparaíso, una zona con fuertes déficits educativos.
A diferencia de los inmigrantes de Rinkeby, los niños con los que ella trabaja no hablan 20 idiomas distintos. Son todos chilenos. Sin embargo, están tan lejos de sus compatriotas que obtienen buenos resultados, que parece que estuvieran en otro país. Un ejemplo fue la última prueba Simce de lenguaje tomada a los alumnos de 4º básico. Los 200 chicos de estrato económico alto de la comuna de Valparaíso que la rindieron, obtuvieron un promedio de 304 puntos, mientas que cerca de mil niños de estrato medio-bajo y bajo obtuvieron entre 218 y 223 puntos. Peor cosa ocurrió en la primera prueba nacional de escritura que rindieron también los niños de 4º básico el año pasado. En la región de Valparaíso la prueba la rindieron 1.800 niños y 41% se ubicó en el nivel básico.
Las implicancias de estar en ese nivel se entienden mejor con un ejemplo. En la prueba se les pidió a los niños que redactaran una carta al director de su colegio solicitándole permiso para ir de paseo a un acuario. La carta que viene a continuación se usa en el informe del Ministerio para retratar ese “nivel inicial” en el que están el 41% de los niños del Puerto:
“Querido dictor quiero disile que es el mejor dictor por eso nuestro curso juntaron dinero para que nosotros y usted fueramos al acurios para que bieramos alos tiburones y a las mantarallas y los peses y las pirañas y nadar con los delfines. Se despide la alubna Sara”.
Estos resultados muestran que en Valparaíso, como en muchos lugares de Chile, una gran cantidad de niños cumple 10 u 11 años sin dominar su idioma.
Muchos estudios, entre ellos, uno realizado en 2007 por Eric Donald Hirsch, profesor emérito de Educación de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, demuestran que la falta de lectura tiene efectos acumulativos y la brecha entre los alumnos que leen bien y los que balbucean penosamente, no hace sino crecer.
“Un alumno de primer grado con alto rendimiento conoce cerca del doble de palabras que un alumno de bajo rendimiento y, a medida que avanzan de curso, la diferencia aumenta. En el último año de la enseñanza secundaria, los alumnos de alto rendimiento saben cerca de cuatro veces más palabras que los estudiantes de bajo rendimiento”, señala Hirsch.
La razón del aumento de esta brecha es clara para Hirsch: “Una comprensión lectora adecuada depende de que una persona conozca cerca del 90 ó 95% de las palabras de un texto. Aquellos que entienden menos palabras, no comprenderán el texto y quedarán mucho más rezagados”.
Así las cosas, la alubna Sara, en 4to básico, ya ha perdido buena parte de sus posibilidades futuras.
Anne

Anne Hansen Christen, la danesa que protagoniza esta historia, tiene 76 años y es profesora, como las suecas de Rinkeby. Pero no hace clases sino que en 2001 montó una biblioteca con tres mil textos en el Cerro Alegre de Valparaíso. Muchos de los libros que ofrece no se han traducido oficialmente al español y por lo tanto difícilmente se pueden encontrar en otro lado en Chile. Son textos nórdicos, de ilustraciones preciosas, muy parecidos a los que usaron las profesoras de Rinkeby.
A diferencia de la mayoría de los libros para niños que se ven en Chile estos textos carecen de moraleja: no buscan enseñar a ser generosos, amables o a lavarse los dientes. Están pensados para abrir temas e iniciar conversaciones, a veces muy complejas. Son textos que reflejan la vida de los niños.
La biblioteca se llama Libro Alegre y recibe anualmente 5.000 niños. Algunos vienen de las poblaciones de la parte alta del Puerto y se instalan a leer gratis; pero por la calidad de los libros, muchos colegios subvencionados y particulares de Viña le pagan para llevar a sus cursos a leer allá. Aunque a Anne le gustaría que su biblioteca la aprovecharan los más necesitados, son las familias de clases medias las que más aparecen por ahí.
Igual como en la experiencia sueca, aquí los libros son el corazón de todo. Anne los ha juntado con paciencia. Algunos se los han donado, otros los ha comprado en mercados europeos y los traduce artesanalmente, pegando los textos en castellano hoja por hoja. En ese trabajo la ayuda la periodista española María Antonia Carrasco. Durante la traducción, se matan de la risa, porque son historias que las hacen sentirse retratadas, como la de un gato tuerto pendenciero que se enamora de una elegante gata blanca que no le hace caso.
-Estos libros tienen la gracia de que no presentan el mundo como una cosa falsa de gente buena contra gente mala. Y además no tienen el dedo admonitorio levantado. Tienen ideas y pensamientos que pueden llevar muy lejos a los niños, porque les hacen sentir que hay algo de ellos en esos libros. Pero no le dicen al niño qué sentir ni qué hacer.
Su confianza en estos libros tiene un motivo. En su país han llevado adelante un programa de incentivo a la lectura muy exitoso, que está basado en leer muchos, -realmente muchos- libros cortos, bellamente ilustrados, como los que tiene ella. El fondo de esta estrategia la explicó Charlotte Svendstrup, gerenta general de la editorial de material educativo del estado danés, cuando visitó Chile en 2007. Dijo que a comienzos de los 90 los estudios internacionales mostraron que los jóvenes daneses tenían severos problemas para leer y estaban muy mal en comparación con el resto de los países desarrollados. El informe provocó un escándalo y el Estado se metió de lleno. “Descubrimos que la motivación de los niños para aprender a leer era de suma importancia y eso implicaba que los libros tenían que ser atractivos y pertinentes, sino los niños perdían la motivación. También nos dimos cuenta de que se aprende a leer leyendo y que tienen que leer mucho para conseguir la competencia necesaria. Los libros tradicionales de lectura no ofrecían suficiente material y por lo tanto se necesitaban muchos pequeños libros”.
Por último, los daneses también hicieron que los padres se comprometieran con el aprendizaje de la lectura, porque como es obvio, cuando una niña escribe “alubna” no sólo ha fallado la escuela sino también la familia.
Anne ha llevado estos libros ahí donde se necesitan. En 1997 abrió una biblioteca en La Legua con uno 500 libros traducidos del danés. Varios jardines infantiles se interesaron en esa experiencia y en 1999 visitó una veintena de centros comunitarios desde Arica a Lota ayudando a formar mini bibliotecas con este tipo de libros. Luego, organizó el local que tiene ahora en el Cerro Alegre y también otra en Montedónico, una zona del puerto muy golpeada por la pobreza. Para promocionar su biblioteca, salía a las poblaciones con un burro cargado de textos y tocaba una campana para atraer a los niños. Siguiendo el modelo de su país, también trataba de convencer a los padres de que llevaran a sus hijos a la biblioteca, de que tomaran libros prestados y les leyeran.
Padres que se enojan

Pero allí donde se necesitan estos libros, hay tantas otras necesidades que los textos son incapaces de producir grandes cambios por sí solos. Para que los niños más pobres pudieran aprovecharlos, necesitan mucho apoyo de la escuela y de los padres. Que los oyeran leer, que los hicieran escribir, que los felicitaran por cada libro nuevo, que les apagaran la tele.
Que los niños vieran a sus padres con un libro, cosa bastante infrecuente si se considera que 50% de los chilenos no somos capaces de seguir instrucciones escritas, según mostró un estudio de la Universidad de Chile de 2001, que desnudó nuestro “analfabetismo funcional”.
Peor aún, Anne se ha topado con madres que le dicen a ella, con su hijo al lado: “No le preste más libros a este cabro, que no los cuida”. También recuerda a un padre que se enojó porque su hijo, tras leer algunos textos daneses llegó a la casa diciendo que a los niños no hay que pegarles. Y no dejó que sus hijos fueran de nuevo a la biblioteca.
En los graves vacíos de las poblaciones chilenas, con sus dolores, sus abusos, su violencia familiar, estos libros no siempre producen la risa y la alegría para la que están pensados.
En 1999 Anne les proyectó en diapositivas un libro a 14 niños ariqueños. El cuento se llamaba Pepe tiene bonitas botas, de Mats Leten, y Anne tomó los siguientes apuntes sobre lo que los chicos iban comentando: “Mira, Pepe tiene un solo pelo. Y tiene botas amarillas. Está muy contento con sus botas. Mira cómo salta Pepe. A lo mejor son nuevas las botas. ¡Bah! Se puso a llover y se formó una poza inmensa… ¡Oye! Se metió al agua sin botas y las llenó con agua. ¡Pobre Pepe! ¡Ahora sí que le va a llegar! Le van a pegar. ¡Ojalá que su mamá no lo vea! ¡No, no! Ahora está sentado en el agua. Y ahí viene su mamá. Le van a pegar, seguro… Sabe, mi mamá me quitaría las botas y las colgaría bien arriba en la pared donde no las alcance. Nunca más me las pondría”.
Antes de llegar al final Anne detuvo la proyección y les pidió a los niños que dibujaran cómo creían que iba a terminar el cuento. Una niña de 12 años y un chico de 5 prefirieron actuar el final que se imaginaban.
La niña, enojadísima: “¡Sal de ahí! Al tiro. ¿Acaso crees que tengo Rinso para estar lavando tu ropa todos los días, chiquillo de mierda? ¿Qué te has creído? Espérate no más”.
El niño, con voz asustada: “Lo estaba pasando tan bien”.
Luego Anne les lee el final verdadero, el final nórdico: la mamá acoge a Pepe y lo lleva a bañarse. Los chicos dicen a coro: “¡Qué raro!”
En otro taller Anne muestra el cuento El brote, de Pia Thaulov, una historia que parte cuando un niño planta una semilla, la riega y sale un brote. Entonces aparece un gato, un conejo y unos pájaros que amenazan las semillas germinadas. Anne transcribe los comentarios de los niños:
“¡Ooooh! Son palomas de la paz. También se van a comer las hojas, pero ésas sí que son fáciles de matar con una escopeta o con una honda. Yo tengo una.” El niño del cuento pone un espantapájaros. Los niños chilenos, en cambio, recurren todo el tiempo a los golpes y a la muerte.
Experiencias como ésa, Anne ha tenido muchas. Porque la lectura, aunque se suele olvidar, no es solo una forma de evaluar las políticas educativas. La lectura, sobre todo de estos libros, refleja la vida, la sociedad en que se vive. Y cuando Anne ve esa constante presencia de la violencia, le parece que su cruzada para hacer que los niños lean es demasiado cuesta arriba. “A veces me parece que Chile no es un lugar fértil para la lectura”, comenta.·

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Artículos publicados en periódicos nacionales durante los años 2009 y 2010 respecto a comprensión lectora, lectura y educación en Chile: « Lectura y Educación dice:
[...] Revista Paula Nº 1041. 26/02/2010 Buenos libros hacen buenos lectores. Exitosas experiencias nórdicas recomiendan que en la niñez haya una lluvia de libros. La danesa Anne Hansen trajo la idea a Chile y abrió una espectacular biblioteca en Valparaíso, con libros que no se encuentran en otros lados. Pero algo pasa que esa lluvia de libros no produce los mismos frutos que en otros lados. [...]
Julio 19, 2010 a las 2:36 pm
paola dice:
felicitaciones a Anne por su iniciativa a mi me gusta mucho leer tengo una pequeña biblioteca en mi casa que es mi orgullo ,pero desgraciadamente ninguno de mis hijos sacó el gusto por los libros como yo y eso me da mucha pena
Abril 6, 2010 a las 3:09 pm
miriam dice:
Como experiencia personal,puedo contar que naci,rodeada de libros,mis padres profesores,siempre,cada mes ibamos con mi mama a la libreria (el dia que le pagaban ) y nos compraba un libro a cada uno de mis hermanos,es asi como llegue a tener casi completa le coleccion robin hood de zig-zag,muchos de la ed.thor y sigma argentina ,me compraban el billiken ,a mi hermano el peneca, luego las selecciones escolares chilenas y etc.etc. como toda mi vida he veraneado en el mismo lugar ,decidimos con mis hijos crear una biblioteca,mi hijo que estudiaba bibliotecologia ,carrera que no pudo terminar por que fue agredido en la universidad y despues de larguisima recuperacion que do para el resto de su vida en silla de ruedas,como no pudo titularse y su tesis iba a ser sobre el tema de las bibliotecas publicas,quisimos en algo cumplir su sueño y logramos junto a sus amigos compañeros y familiares crear una biblioteca ,aun ignoro si alguien de ese balneario ha hecho uso de ella,querian que algun organismo pagara un pequeño sueldo por atenderla ,lo que al parecer no ha sido efectivo,el sueño inconcluso de mi hijo aun esta en pie ..irnos algun dia a vivir a ese lugar y abrir esa biblioteca,¡darle vida¡,creo que en algo se puede contribuir haciendo este tipo de acciones ,donde uno vaya hacer una biblioteca,aunque lo crean,no es tannn dificil,requiere,eso si ,ganas y amor por el conocimiento la lectura,el niño que ve leer en su hogar,va a ser buen lector,perdonen lo extenso pero tambien quiero las sñas de esa señora que creo la biblioteca en valpo., gracias y chao.
Marzo 6, 2010 a las 6:19 pm
Consuelo dice:
Mi experiencia fue la de crecer con libros por todas partes. Mi curiosidad natural me llevaba a leer cualquiera, con o sin ilustraciones; le robaba libros a mi mamá, espiaba a mi abuelo en su biblioteca… la consecuencia natural fue que ya sabía leer y escribía precariamente a los cuatro años, y mis profesoras, al darse cuenta, se lo contaron a mi mamá preocupadas: “esta niña no se concentra cuando hacemos manualidades, se distrae leyendo el diario que ponemos para proteger las mesas”. Así que mi madre comenzó a conseguirme libros, mi abuelo me dejaba entrar a su biblioteca y me mostraba las enciclopedias… primero básico fue un chiste, pura diversión. Entré mayorcita, porque era muy inquieta y desobediente.
Tal vez eso temen algunos padres… que sus hijos aprendan a pensar y sean menos dóciles…
¿Qué ciudadanos queremos?
Marzo 5, 2010 a las 12:34 pm
maria teresa dice:
Me parece excelente la iniciativa de la Sra Anne Hansen. Es posible conseguir alguna direccion en internet para contactarse con ella?.
Yo resido en Oslo, mi hijo de casi tres anos va al jardin y quisiera estimularlo mas en la lectura y uno tiende a leerles los libros que “uno cree” son los adecuados, peor indudablemente es mejor una opinion de personas expertas o motivadas en el tema
Marzo 2, 2010 a las 4:34 am
Paula dice:
Excelente proyecto.
Yo tengo mi propia cruzada por la lectura.
A mi hija desde que nació la he llenado de libros que le compro o que pedimos prestados a bibliotecas de la Municipalidad y el Bibliometro, también vamos juntas a librerías, a ferias de libros, etc. Gracias a eso, recién pasó a 2° Básico y ya lee libros de 200 páginas y tiene una excelente comprensión de lectura, que estoy segura le ayudará toda su vida . Además, regalamos libros para todos los cumpleaños de los niños que conocemos, elijo cuentos entretenidos e interactivos para que se entusiasmen y muchos papás me han comentado que a sus hijos les encanta leerlos, lo que me llena de satisfacción.
Marzo 1, 2010 a las 9:39 am
Ximena dice:
Me parece una iniciativa fantástica, la lectura es una herramienta maravilllosa para ver y descubrir el mundo que nos rodea. Estoy plenamente de acuerdo, las palabras son mágicas y generan pensamiento, mientras más palabras conoces mayor es tu capacidad de establecer relaciones y de comprensión.
Es cierto, a veces las condiciones sociales, pero esencialmente familiares (ambientales), son el mayor obstáculo para fomentar la lectura entre nuestr@s niñ@s. Es un gran desafío revertir esta situación, prácticamente una obligación si queremos mejorar la calidad de nuestra educación.
Ojalá esta iniciativa pueda replicarse en el resto del país.
Febrero 28, 2010 a las 2:40 pm
Pau dice:
Que triste es nuestro país, antes de lectura falta amor y respeto, luego las ganas de leer vienen solas.
Febrero 26, 2010 a las 8:58 pm
Carola Ponce dice:
Creo, como todos los que han comentado, que la lectura te abre a un mundo maravilloso. No sólo mejora tu lenguaje sino que también te lleva a volar la imaginación. Mis padres son muy buenos lectores, además de encantarles la música, por lo que siempre han estado presentes en mi vida.
Espero que cuando sea madre, también les dé a mis hijos ese ejemplo, a tal modo que cuando reciban su primer sueldo, gasten parte de él en libros.
Febrero 26, 2010 a las 8:50 pm
Muñecabrava dice:
Admiro el trabajo iniciado por esta educadora, es admirable, y creo queno debe perder la esperanza, pues tengo la certeza que está calando en el alma de más de un niño, no importa la realidad que este tenga. La gracia de la biblioteca que ha creado, es que sus libros no son para la prueba de comprensión de lectura. ¡Qué manera de echar a perder la magia de la lectura la asignatura de Lenguaje y Comunicación! (antes Castellano). ¿Qué es eso de preguntarte las características sicológicas del personaje principal?. Al final los cabros tienen que estudiar el libro en vez de disfrutarlo.
Esta educadora es una visionaria más que sabe que la lectura es para entretenerse, para pasar el tiempo, además que sin querer vas desarrollando el lenguaje y las habilidades comunicacionales.
¡Ánimo, Anne, seguro estás plantando muchas semillas!
Febrero 26, 2010 a las 7:11 pm
Pamela dice:
En primer lugar, la palabra es EXTRANJERO Pablo Javier, quizás por eso tengan que venir ellos, si no sabemos ni escribirlos.
Me parece increíble esta labor, sobre todo el dejar su país para compartir estas experiencias tan enriquecedoras con nosotros, los chilenos.
Me gustaría saber cual es la dirección de esta biblioteca en el Cerro Alegre por favor
Febrero 26, 2010 a las 3:57 pm
Pablo Javier dice:
Estoy completamente de acuerdo con Emilia. Es triste que estas iniciativas nazcan de extrangeros con ningun subsidio del estado. Es penoso que el gobierno (quien sea que estè de turno) no se de el tiempo de buscar y trasladar a estos educadores.
Una nueva tarea para el presidente de turno.
Felicidades por la nota
Febrero 26, 2010 a las 2:44 pm
Emilia dice:
Excelente nota!
Que ironia este pais de poetas y grandes escritores…..y muy pocas personas se entregan al placer q da leer un buen libro……Derechamente a mucha gente le carga leer, y siempre tendrá excusas, como el precio elevado de los libros, pero existe n muchas alternativas (bibliometro por ej) de bajo costo….. la mayoria de la gente prefiere la tv.
Febrero 26, 2010 a las 1:51 pm
Pame dice:
Cuando era chica, tipo 3º básico, yo era la única de mi curso que leía de corrido. Todos los demas leían pésimamente. Iban leyendo las palabras letra por letra, a una edad en la que ya debíamos estar leyendo perfectamente. Lamentablemente en Chile los libros son caros, un libro no te cuesta menos de 3mil pesos, y eso hace que familias de pocos recursos no tengan acceso. También se les regalan libros pero no pescan, ni idea por qué. Mi hijo tiene muchos libros y desde pequeño hemos tratado de inculcarle la lectura, tanto yo como su padre somos ávidos lectores de cualquier libro que pase por nuestras manos, además de que, en mi caso, mi carrera me exije estar leyendo constantemente. Es una pena que no se aprecie la magia de los libros.
Febrero 26, 2010 a las 12:03 pm
Mishca dice:
Que buena nota!
Creo firmemente que la base de una buena educación es el dominio de la lengua.
Hablar bien hace que te expreses bien y por ende, te hagas entender.
Leer mejora el vocabulario, la ortografía, la redacción y la comprensión, ademas de ser un universo enorme y fértil para la imaginación infantil tal poco valorada en estos días.
Si no sabes leer o no comprendes lo que lees, como vas a aprender otras cosas?
Es algo tan lógico y simple como pensar que es imposible aprender matemáticas si no comprendes el enunciado del problema.
Si un porcentaje vergonzoso de chilenos no entiende lo que lee, como vamos a mejorar la educación?
Febrero 26, 2010 a las 12:00 pm