Jul 17
Petrel, especie en peligro
Paula 1051, sábado 17 de julio de 2010.
Una diminuta gaviota marina del norte obsesiona al doctor en Biología, Carlos Guerra, porque en las noches de invierno cae al suelo, desorientada, en medio de Antofagasta. El objetivo del científico, quien lleva 30 años defendiendo a piures, tortugas, delfines y gaviotines, es encontrar el primer nido de esta ave, para investigarla en profundidad.

Por Roberto Farías / Ilustración: Patricia Domínguez.
Diez de la noche. Un viento frío viene desde el mar cargado de niebla y sube hacia los barrios altos de Antofagasta, pobres y mugrientos, y entra en el desierto. Doce kilómetros hacia el interior, en medio de la Quebrada Guanaco, a 1.100 metros de altura, el biólogo Carlos Guerra (62), cansado después de un día entero de clases, pero aún con energía, espera sentado en una roca. La niebla pasa y lo cubre todo. Solo, Guerra espera en silencio y para la oreja –así dice– con paciencia tibetana.
–¿Escuchaste ese ruido?– susurra de pronto. –Algo así como suap suap suap.
–Por supuesto. –Aunque sólo oigo mis dientes castañetear o el crujido de mis vértebras congeladas. Mis pies palpitan por cada kilómetro recorrido.
Guerra quiere descubrir la ruta de los petreles –la pequeña golondrina marina Oceanodroma hornbyi– hacia sus nidos, en medio del desierto, para entender un poco más esta ave y ayudar a salvarla. Todas las noches de invierno, de abril a septiembre, desde el centro de Antofagasta hasta 200 km al interior de la pampa, petreles caen a tierra y mueren si no se les ayuda. Al parecer confunden las luces de la ciudad con estrellas y se desorientan. O los humos industriales afectan su potente olfato. La cosa es que los encuentran de noche aleteando desesperados o, por la mañana, echados en el suelo. En el estacionamiento de supermercados, en los patios de acopio de Altonorte, en los barrios de los altos.
Es una ave nocturna y de día no puede volver a orientarse. El sol las encandila. Se quedan ahí y sus ojos pierden brillo hasta morir deshidratadas. ¿Por qué? Nadie lo sabe.
Este año, Carlos Guerra plagó Antofagasta de carteles Se busca, con fotos del petrel y cómo actuar. Ahora la gente los va a dejar al Centro de Rescate y Rehabilitación de Fauna Silvestre, que mantiene hace 20 años en los patios de la Universidad de Antofagasta. Guerra y sus alumnos los rehidratan y los liberan. Antes, la gente los dejaba caídos en el suelo o se los llevaba a la casa como mascota, les daba agüita y pescado, pero a los dos días morían irremediablemente. A Guerra le llegaban, en promedio, 10 petreles al año. Después de los carteles, sólo en abril y mayo, ha recibido 61 ejemplares. Uno o dos por día.
–Son casi siempre juveniles aprendiendo a volar. Como viven en el mar, casi no caminan. Por eso, una vez en tierra, se desorientan totalmente. Se echan en la arena y ahí se quedan pasmados.
La víspera presencié, en la orilla del mar, la liberación de un petrel, pequeño y negro como un cuervo, recogido en el Regimiento de Antofagasta. Se queda en la mano, o donde uno lo coloque, como esperando su tragedia. Tiene un penetrante olor a aceite de bacalao. Apenas llena mi mano. Pesa 37 gramos y, aunque lo hidratan con aceite de pescado y suero, baja un gramo al día. Cuando pesan menos de 30 gramos se mueren en cualquier momento. En el día es totalmente pasivo. En la tarde comienza a inquietarse. Cuando está oscuro quiere volar, volar, volar.
Nadie ha visto nidos de petrel –no están descritos en ninguna literatura especializada– y Guerra se propuso encontrar alguno lo antes posible para estudiar el ciclo completo de esta ave y entender por qué cae. Y así ayudarlo en su travesía por los cielos de la ciudad. Sospecha que entra al desierto por las quebradas. Por eso, cada fin de semana que puede sale al desierto, de noche, en busca de la huella sonora de estas aves.
–Se llaman –dice Guerra–. La hembra debe gorjear para guiar al macho –o viceversa– para llegar al nido. Uno de los dos debe volver al mar para comer.
El silencio oscuro de la Quebrada Guanaco no lo inquieta. Sólo se queja de no haber llegado más temprano. En la década de los 90 pasó ocho años explorando el desierto hasta que se convirtió en el primer ser humano que escuchó una garuma –una peculiar gaviota costera–, y que luego vio un nido. Confía en su método.
–¡Ocho años! –dice–. Estaba en la pampa y de pronto oí ruidos de playa. Griteríos y aleteos de gaviotas,llamándose y buscándose para reproducirse. ¡En medio del desierto!
Hoy, es área protegida.
–¡No sé por qué me metí en esto!– bromea Carlos Guerra, ronco e imperturbable en la quebrada.
Nadie en el mundo ha visto un nido de petrel. El mapa de los ejemplares recogidos da un perímetro de 1.000 kilómetros cuadrados. Es como buscar una aguja en un inmenso pajar. Pero de noche y de oído. Guerra para la oreja de nuevo.
–¿O es mi cabeza? –dice susurrando–. ¿No te pasa? Parece que tengo la cabeza llena de ruidos.

Terrorista ambiental
Guerra interrumpe el silencio con un golpe en la mesa.
–Yo sé que alguien en esta empresa dio la orden de no recoger a los petreles y dejarlos morir– acusó hace unos años en una reunión de directorio del Megapuerto de Mejillones, donde se hizo invitar. Incómodo silencio sepulcral.
Carlos Guerra, desde hace años, batalla contra las empresas de la Segunda Región. Se enfrentó a BHP Billiton, la minera más grande del mundo –con 8 millones de trabajadores–, dueña de La Escondida, en 1993, cuando en Caleta Coloso pasaron a llevar un piure de orilla endémico y unas algas. Lo tildaron de loco. De terrorista ambiental. No pudo protegerlos y hoy la playa, yerma, parece un nido vacío.
Diez años después, dio la batalla por el gaviotín chirrío que anida en Mejillones, una pequeña ave costera que migra desde el Hemisferio Norte y que tuvo la mala suerte de elegir las mismas playas que Codelco, Endesa, Gas Atacama, los rallys y el Megapuerto para anidar.
Se enfrentó a todos ellos durante seis años para proteger sus nidos. Lo amenazaron. Lo acosaron legal e ilegalmente. Lo seguían en camionetas. Lo correteaban del desierto cuando investigaba. En el fondo, Guerra no pelea: se adapta, convence. Se reunió con gerencia tras gerencia para mostrarles una diapositiva.
–¿Qué ven?– preguntaba.
Nada. Desierto. Llanuras. Unas cuantas piedras del tamaño de un puño. Ampliaba la foto. Las mismas piedras copaban el cuadro. La ampliaba aún más y, debajo de las piedras, se veía una cabecita de pájaro asomándose. Un nido, un huevo, polluelos.
La gerencia de Megapuerto negó haber ordenado dejar morir a los petreles y gaviotines. Guerra tenía otra información: un operario le había llevado un falaropo –un gaviotín antártico que hiberna en el norte– que recogió en la faena, aunque le habían pedido que no lo hiciera para no perder horas de trabajo.
–El registro de aves de los 10 últimos años muestra presencia en estos terrenos– dijo Guerra al directorio. ¡Así que no me vengan con que de un año para otro ya no vienen más pájaros!
El barniz de la mesa reflejó los rostros preocupados de los ejecutivos.
–Estadísticas –me comenta Guerra–. ¡Nunca fallan!
Megapuerto terminó pidiéndole que capacitara a sus operarios para que llevaran un registro de las aves y las enviaran al Centro de Rescate.
Después de nueve años, y junto a las empresas costeras, creó la Fundación Gaviotín Chirrío, para protegerlo. “O al menos hacer como que…” dice con ironía Guerra. Decidió no recibir honorarios para no tener tejado de vidrio y poder criticarlas libremente.
Hace cinco años salvó a toda una fauna de un derrame del barco petrolero Eder. Hasta el año pasado, peleó contra la Shell, que contaminaba una playa, y logró que la empresa mitigara el daño.
–¿No se cansa..?
–A veces. Pero yo me puedo defender. Los pájaros no tienen voz. A mi edad no tengo nada que perder y tampoco le debo nada a nadie. Como profesor de Estado –antes que doctor en Biología– creo que la única forma de educar es a través del ejemplo.
En medio de la desértica Quebrada Guanaco , Guerra sigue escuchando ruidos.
–¿Será la edad?– se pregunta. El cerebro engaña, ¿ah? Estás tan ansioso de oír algo que te inventa el ruido.
Por si las moscas, graba el punto en su GPS.

El rally del Petrel
Los marinos de alta mar le dicen al petrel golondrina tormenta, pues cuando ven a uno volar de día es anuncio de tempestad. De hecho, al petrel le fascina el agua revuelta y tormentosa, porque se llena de plancton y algas para comer. Cuando el mar está calmo, flota en el agua y picotea. Duerme flotando.
El petrel fue descrito hace 180 años, pero no se sabe nada de él. Cuánto vive, si es monógamo, filopátrico (que vuelve al lugar donde nació), cuántos huevos pone, si anida en el mismo sitio, por qué cae, qué lo desorienta exactamente. Antes se creía que migraba, pero no. Flota en altamar, desde Juan Fernández hasta el continente, desde Ecuador
hasta Valparaíso. Pasa 90% de su vida en el agua, hasta que en invierno un potente impulso lo hace ir de donde está hacia un punto del desierto, en busca de una pareja para reproducirse y anidar. Para su mala suerte, pasa sobre Antofagasta, capital mundial de la minería. La región más industrial de Chile.
De noche, en Quebrada Guanaco subimos a un cerro para hacernos una idea de su vuelo. Es como atravesar un volcán en erupción: una explosión de luces, antenas y chimeneas difícil de cruzar, incluso para un humano que tuviera alas. Encandilante. Perturbador.
–Pensamos que los vuelos nocturnos del petrel al desierto duran 45 días gracias a las observaciones que ha hecho el biólogo inglés Mike Brooke en un primo del petrel del Hemisferio Norte. Quizás macho y hembra se turnan para empollar el huevo e ir a comer al mar. No lo sabemos con certeza –dice Guerra.
Mike Brooke, de la Universidad de Cambridge, es el mayor estudioso del petrel en el mundo. Ha encontrado 125 especies, todas con la misma nariz. El mayor, el albatros. El más pequeño, el oceanodroma chileno. Ha venido dos veces a Antofagasta en busca de nidos y se ha ido con las manos vacías. Muchos científicos internacionales quisieran “anotarse un poroto” descubriendo un asunto de talla mundial como un nido de petrel. Ornitólogos chilenos también. Varios han acompañado a Guerra pero, al ver las dificultades, se dedican a otras especies.
–Yo no. No soy de esos científicos que escriben un paper, hacen grandes charlas y pasan a la siguiente especie. No. Yo quiero que el conocimiento llegue a la comunidad. Que lo integren en su vida. ¡Que salven al bicho!
Por eso, en lugar de organizar un simposio –y tenía la posibilidad de hacerlo– prefirió inundar la ciudad de carteles Se busca con la foto del petrel. Y dar charlas en colegios de las comunas de Sierra Gorda y Baquedano para enseñar a los niños cómo proceder cuando encuentren alguno.
–Están cayendo muchísimos más petreles en la ciudad y las mineras. Pero no podemos ayudarlos a cruzar la ciudad, porque no sabemos qué los afecta o si ahora caen más…
Guerra sólo sabe que, al tocar tierra, el petrel se desorienta. Como que pierde el horizonte y no es capaz de levantarse y volar.
–Por eso suponemos –dice Juan Ávalos, egresado de licenciatura en Ecología Marina, quien está haciendo su tesis en el petrel y se encarga de medirlos y de sacarles una plumita para un futuro estudio genético– que trepa en roqueríos altos y hace sus nidos en cuevitas. Y desde ahí se deja planear para volar. Quién sabe.
Al día siguiente de nuestra expedición nocturna, Carlos Guerra llevó al lugar del campamento en el desierto la camioneta del Centro Regional de Educación Ambiental, que creó en 2003 y que hoy es el epicentro ecológico del norte grande. Ahí ha preparado más licenciados, profesionales y postgraduados en Ecología y Biología que todas las universidades del norte juntas, incluso a su propio hijo, Cristián Guerra, especialista en tortugas.
Estaciona frente al barranco y bajan entre varios una moto de 4 ruedas para recorrer la zona en que le pareció escuchar el ruido. El sol empieza a calentar.
–Hay que buscar a puro ojo– dice escarbando entre las rocas.
Va piedra por piedra. Loma por loma.
Le aconsejan que les ponga un GPS a los petreles (aún no se inventa uno tan chico), que use visores infrarrojos, micrófonos ultrasensibles… No se niega, pero sabe que no hay como la experiencia. A ratos se le asoma el viejo mañoso.
–Si viniste al petrel… ¡Petrel! –le inculca a Juan, el tesista, cuando se pone díscolo–. Tienes que persistir, aprender, observar primero, después usas los aparatos. Sólo así lo vas a conseguir.
Cerca de las coordenadas que marcó en el GPS encuentran un suelo bastante raro. Maggie, una voluntaria, encuentra un hoyito. Guerra mete el brazo hasta el hombro y, desde el fondo, saca algo que parecen cascaritas de huevo. Una plumita blanca con gris, como la del collar del petrel.
–¡Una pluma!
En miles de kilómetros de desierto, ¡una pluma!
La envuelve cuidadosamente en un papel para llevarla al microscopio y listo, se da por satisfecho. Eso es todo el resultado del viaje: una pluma y restos de cascarita de un huevo minúsculo.
–¿Puede ser el nido que anda buscando?
–Puede y no puede. Lo sabremos en el laboratorio– dice, con seriedad.
Apenas regresa a la civilización industrial de Antofagasta, de camiones, de puerto, de containers rebosantes de basura, de tren cuprífero pasando frente a los hoteles, su celular empieza a sonar: un alumno de Cetología le pide ayuda para rescatar un esqueleto de ballena que varó en una playa de La Rinconada. “Es sábado”, le dice el alumno, “no sabía a quién recurrir”. Ahí irá el profe a poner el hombro con los voluntarios del petrel.
–Hoy por ti, mañana por mí– dicen entre ellos.
Les toma más de una hora trasladar el pesado cráneo, las vértebras. No alcanza a terminar cuando llaman a Guerra los marinos desde Los Pinares: un lobo de mar se salió a la carretera –le informan–. Parece enfermo.
Luego de mucho rato llegamos, pero ya no había nada. Sólo mar, playa, unos barcos descargando y una que otra ave marina flotando en la orilla, mirándonos con desconfianza, esperando la noche, para cruzar todo ese enjambre. ·

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sergio dice:
encontre el ave en el desierto a 55 km de antofagasta camino a escondida en la noche estaba en la linea del tren al parecer entumecida.en el lugar habia camanchaca temperatura 2º no se movia de la via la tome la puse en una caja con un paño. la lleve a casa le di agua ,comida no porque no sabia que comia.la tube 2 dias en casa asi que mi sobrina la llevo al crea pero estan en toma la universidad.la dejo en una caja con una nota en la puerta ,como tienen que alimentar a las otras especies de animales ojala la encuentren . en casa no podia tenerla ya que los perros andaban inquietios.la podian atacar.
Junio 20, 2011 a las 3:44 pm
luis dice:
encontre una golondrina de mar y bueno no se que hacer con el animalito que le doy de comer gracias de antemano
Junio 11, 2011 a las 11:42 pm
Teresa dice:
Hola, saludos desde Lima, les cuento que anteayer por la mañana encontré una de estas aves en plena ciudad. Se supone que debo seguir las indicaciones del veterinario y soltarla en la costa pero el problema es que la costa donde vivo Lima queda cerca pegada a la ciudad y por lo que he leído son las luces las que las atraen. La estamos alimentando con pescado y la ponemos en una tina y aparentemente está bien…ojalá llegue al fin de semana para poder soltarla lejos de la ciudad. Ah! aunque me niego a considerarla como mascota, se llama…Gustavo el petrel…Saludos a todos y felicito al Dr. Guerra de Chile por su esfuerzo y trabajo..
Junio 7, 2011 a las 7:18 pm
joselin dice:
hola.. Cómo puedo contactar al Sr. Guerra?.. Tengo este tipo de ave en casa, ya pasaron tres días desde que llegó, he intentado alimentarlo pero rechaza lo que le doy. quisiera que me ayuden. Qué le puedo dar o que puedo hacer para salvarla?
Mayo 13, 2011 a las 10:30 pm
Massiel Castillo dice:
anoche cuando regresaba a mi casa, en medio de la calle me encontre esta pequeña ave, pasamos en el vehiculo y ni se movio, no pude dejarla asi que nos devolvimos en el vehiculo, y la tome, el problema es que no se como alimentarla o donde llevarla para que la cuiden, primera vez que veo este pequeñin, ademas que todavia no sabe volar, espero tener una pronta acogida a mi duda.
se me olvidaba mi direccion es en Iquique.
me despido coordialmente…
Abril 8, 2011 a las 4:07 pm
Alejandra Rojas dice:
Que gran trabajo, felicitaciones al Dr Carlos Guerra y a Juan Avalos, por luchar y jugarselas por sus convicciones. Ojalas existieran mas Carlos guerra en este pais.
Ahora, solo queda estar mas atento y observar nuestro entorno y seguir el ejemplo.
Noviembre 1, 2010 a las 11:39 am
juan avalos dice:
Estimados muy buenos todos los comentarios, solo queria responderle a Carlos Infante de Iquique que la forma de ayudar a estas aves marinas oceánicas es simplemente si encuentras a una accidentada (posada en el suelo o en algún lugar dentro de un centro urbano costero) debes tomarla con cuidado y ponerla dentro de una cajita de zapatos con toalla absorbente en el fondo, si es de día tendrás que esperar al crepúsculo para soltarla, ideal es que el lugar sea un sitio apartado los sectores mas iluminados, ya que sienten fuerte atracción por las luces.
Dario Aguilera, seguro ese ejemplar de petrel tormenta que viste hace dos años en monte patria era una golondriana de mar de markhami, y si el ave era un volanton es indicativo de que existe un sitio de nidificación de esta ave por esa zona, lo cual seria el sitio mas al Sur donde se le ha visto, interesante ya que el sitio más al sur conocido hasta ahora es taltal, ahora seria mejor que si tuvieras fotos me la enviaras para determinar si es de verdad la especie que pensamos, ya que tambien existen en esta zona Norte y Central la golondrina de mar chica y la golondria de mar peruana.
muchos saludos a todos.
Mi correo es js.avalosb@gmail.com
el numero de telefeno de Rescate de Fauna en Antofagasta es el 055/ 637030
Octubre 10, 2010 a las 8:32 am
Anónimo dice:
Aca en Lima Perú, un amigo mío tuvo la oportunidad de encontrarse una en el suelo, estaba siendo olfateada por un perro, me dijo si podia yo hacerme cargo de ella y le dije vamos a ver, ya llevo con “Gavy” más de dos meses y le va muy bien, come 3 veces al día cada 6 horas, (Pescado con fuerte olor a mar) de preferencia pequeños y fileteados, le va muy bien vuela por la casa, y porsupuesto deja ciertas marquitas que hay que estar limpiando, ha podido aclimatarse poco a poco al cambio de horario de vida, de la noche al día, y a mi parecer le va mnyy bien, se ha acostumbrado a perseguirnos para que le demos alimento, es por eso que ya no podemos dejarla en libertad, pero si se puede amntener en cautiverio. Nada cada 3 días en una tina grande y le gusta que le rasquen por debajo de la cabeza. Suerte a todos y si es que encuentran alguna, ayudenlas y si tienen oportunidad de alimentarlas haganlo. Suerte….!!!
Octubre 2, 2010 a las 7:30 pm
veronica dice:
el petrel:es una ave nocturna y de dia no puede volver a orientarse,tambien el sol las encandilan y se quedan ahi ysus ojos pierden brillo hasta deshidratarse
Septiembre 29, 2010 a las 3:53 pm
Pablo dice:
Admirable lo que hace el Sr. Guerra. Entiendo mucho su pasíòn, e incluso màs que entenderla la siento como propia. Soy voluntario de un centro de rehabilitación de Valdivia, CEREFAS, donde ya llevo algún tiempo y entiendo cuan complicado es a veces tratar de generar conciencia en las personas. Lo entiendo porque trabajé hasta hace no mucho con un Aguilucho (Buteo polyosoma) y hacíamos charlas e incluso con gente que nos encontrábamos en la calle, sobre el respeto, el cuidado que debemos tener con la fauna silvestre chilena, tan diversa, tan única y sin embargo tan olvidada. Narraciones como estas generan aún más motivación, inspiración para seguir generando conciencia en la gente, que entienda, que sienta a los animales como iguales, dejando de lado la taxonomía, y aprender de ellos. Saludos y admirable su trabajo Sr. Guerra. Saludos desde Valdivia!
Agosto 24, 2010 a las 1:05 pm
Carlos Infante dice:
Aquí en Iquique es muy frecuente encontrar en el suelo estos pequeños animalitos, también en el sector del río Loa, desgraciadamente mueren, o son comidos por los perros y no sabemos como poder ayudarlos, indiquenos como hacerlo, estare en contacto.
Agosto 11, 2010 a las 9:12 pm
Dario Aguilera dice:
Hace 2 años conducia por la noche en la precordillera del valle del Limari, en un sector llamado los Molles de la comuna de Monte Patria,al interior de Ovalle (IV region). Al medio del camino habia un ave identica al que ud muestra en el blog con la salvedad que esta era negra completamente y no podia volar, siendo esta no mayor que mi mano. Nunca olvidare sus patas palmeadas, el extraño grasnido y ese extraño tubo sobre el pico. Me parecia juvenil por la inmadurez de las plumas y por que lo encontre bajo un gran Eucaliptus. Esperando aportar en sus conocimientos le deseo la mejor de las suertes.
pd: Ningun lugareño conocia el Ave.
Agosto 11, 2010 a las 1:32 pm
José Reyes dice:
Que bueno que alguien se preocupe por estos animalitos que son muy amistosos y juguetones, espero que aqui en Peru tambien se logre hacer un pequeño grupo de personas que se dediquen a estos animalitos… Bien por el Dr. Guerra, mis saludos desde aqui de Lima Perú.
Julio 21, 2010 a las 1:34 am
Carolina Silva Lobo dice:
Gracias por el reportaje y felicitaciones a Carlos Guerra. Rachel Carlson escribió “la primavera silenciosa”, haciendo referencia a lo que nos está pasando a nosotros también. Si no cuidamos nuestro medio ambiente, cada año escucharemos menos pajaritos. Sobre todo aquellos lugares que son de anidamiento o de paso para las grandes migraciones que nos visitan desde el norte…
Julio 20, 2010 a las 1:42 pm
Patricia dice:
Felicitaciones a Carlos por el importante y silencioso trabajo que hace. Gracias a Revista Paula también por promover tan buenos ejemplos como éste.
Ojalá toda la gente que trabaja por la naturaleza y el bien de nuestro país puede ser escuchada y sobrepasar el poder de las empresas que pasan a llevar el medio ambiente.
Me imagino que Carlos debe saber, y algo estará haciendo en oposición a la Central Termoeléctrica Castilla que se pretende construir en la III región y que está a punto de ser aprobada por la Corema esta semana. Éste proyecto destruirá el hábitat donde se emplazará, lugar donde existe una colonia de tortugas marinas.
Si alguien tiene un contacto para prensa, radio, tv, por favor ayúdennos a difundir esta aberración ecológica!
http://noalatermoelectricacastilla.blogspot.com/
Julio 20, 2010 a las 12:49 pm
Marcela Gallegos dice:
Realmente loable lo del Profesor Guerrea, a seguir resistiendo, ya que lamentablemente las empresas no creo que tomen conciencia tan pronto.
Respecto al petrel, bella ave… a seguir descubriendo más de ellla, me encanto el reportaje.
Julio 19, 2010 a las 7:58 am
Anónimo dice:
[...] resumen, los invito a leer en la Revista Qué Pasa este interesante artículo de Carlos Guerra y su trabajo, donde se manda expresiones como “¡No sé por qué me metí en esto!”, [...]
Julio 18, 2010 a las 10:04 am
RIGOBERTO MERIÑO dice:
QUE SALUDABLE ES ESTE ARTÍCULO, AÚN TENEMOS BELLOS CORAZONES CHILENOS. SOMOS NOSOTROS LOS QUE DEBEMOS SALVAR LA TIERRA DE NUESTROS HERMANOS “MENORES”. ELLOS YA ESTABAN AQUÍ. NOSOTROS FUIMOS LOS QUE LLEGAMOS A DESTRUIR LO CONSTRUIDO CON MILES DE AÑOS DE PACIENCIA. BELLA PROSA.
Julio 17, 2010 a las 10:16 pm
Carollina dice:
Admirable y emocionante lo que hace Carlos Guerra, un ejemplo de pasión, profesionalismo y profunda dedicación.
Es de esperar una real concientización de los problemas que acarrean a la naturaleza y sociedad tales empresas mineras, de descabellada maldad e inconciencia de los males que repercuten en la flora y fauna de nuestro país.
Y el Pretel…que ternura de criatura, una belleza de ave que necesita que expertos se enfoquen en descubrir sus nidos y profundizar más en como se comportan para poder dilucidar la raíz del por qué caen a tierra desorientados por las noches nortinas.
Julio 17, 2010 a las 9:27 pm
Manuel Rojo dice:
Que inspirador, aguante (la) Guerra…
Que saber q esto ocurre aqui mismo…
Saludos
Julio 17, 2010 a las 9:25 pm
Carmina Burana dice:
Realmente muy bueno el artículo y sobre todo loable la labor del Dr. Guerrra. Yo vivo en Antofagasta y a veces he observado aves que parecen heridas o fuera de su habitat y me gustaría tener algún teléfono de contacto para poder recurrir a algún experto.
Julio 17, 2010 a las 8:00 pm
Anónimo dice:
Interesante, especialmente para mi que soy un pajarologo que trabaja con albatros y petreles!!!
Julio 17, 2010 a las 7:13 pm
Viviana dice:
Excelente articulo…delicado y fuerte …puchas que nos falta como pais…nos estan pisoteando , literalmente y existen personas solitarias, sin grandes apoyos ni parafernalias, que defienden nuestro real patrimonio… ante mega -monstruos-empresas…David contra Goliat…me sorprendió el reportaje.
Muy motivador
Julio 17, 2010 a las 12:39 pm