Cariño físico: la importancia de tocarnos

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Cariño físico: la importancia de tocarnos

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

Estamos en una era touch. Pero esto se refiere en su mayoría a pantallas, teléfonos y asuntos digitales. Irónicamente, muchos de los trastornos que vemos en los niños hoy en día tienen que ver con trastornos sensoriales, que se relacionan con tocar muchas pantallas y poca naturaleza. Pocas texturas, poca exposición al mundo que nos rodea y poco contacto de piel con otra piel. Por eso es bueno preguntarnos, ¿están nuestros niños solo tocando pantallas? ¿Tienen contacto directo con el pasto, la tierra, la arena, bichitos, mugre, hojas secas, barro, troncos y cochinadas varias, o los tenemos adentro de una burbuja quirúrgica para que no se vayan a enfermar? ¿Nos estará faltando más contacto físico con nuestros niños? ¿Nos estará faltando abrazarlos y apapacharlos más?

La naturaleza es tan requete sabia, que diseñó un olor especial en las guaguas para que nos sintamos atraídos y las cuidemos. ¿Quién no ha tenido esa sensación de querer morder o comerse a su guagua? Y eso es, en parte, por ese olor indiscutiblemente fuera de este mundo. Todos los olores de una guagua son deliciosamente cochinitos, pero nos fascinan y nos hacen acurrucarlas y regalonearlas más. Y este contacto físico es fundamental desde el primer día. Está comprobado que aquellas guaguas que recibieron poco contacto físico, son niños con mayores niveles de estrés.

Cuando somos padres primerizos, escuchamos de diversas fuentes que nos dicen que no acostumbremos a la guagua a los brazos, que deben aprender a estar solos en la cuna, que se van a mal acostumbrar si los hacemos dormir en brazos. Pues error ahí. Cada padre o madre sabrá comenzar a armar su propia rutina y relación con su guagua, pero lo que no se puede debatir, es que “mucho” contacto y afecto físico nunca será algo negativo. Mientras más abrazos, besos y contención física haya, mejor para un niño. El contacto físico y positivo estimula los receptores de la piel, bajando el ritmo cardíaco y relajando la respiración. Además reduce las hormonas del estrés y bombea el sistema inmune. Porque el contacto físico ayuda al cuerpo a mantenerse saludable.
Cuando los niños comienzan a crecer, muchas veces esos olorcitos ricos ya no son lo mismo y la actitud de los niños puede ser más resistente al cariño físico. Pero mantener ese sistema de relación, traerá solo beneficios. Debemos entender el afecto físico como una manera muy poderosa de comunicarnos con nuestros hijos, ya que a través de eso podemos transmitirles afecto, cuidado y nuestra preocupación por ellos.

También, cada niño es diferente. Están los que son muy cariñosos que andan siempre buscando un ala donde acurrucarse, y están los más ariscos y reacios al cariño. No nos olvidemos de ese último pensando en que no lo necesita, sino que encontremos cuál es la forma de acercarnos físicamente a ellos. Quizás no le gustan los abrazos, pero sí que le hagamos cariño en la cabeza al dormirse. Hay que encontrar qué es lo que le acomoda a cada uno para que reciban todos su cuota de afecto físico. De esta manera, cuando entren en la pre adolescencia y les de vergüenza que los abracemos en público y hagan lo imposible por alejarnos, ya estará implantando el hábito en nuestra relación con ellos.

Si alguien que lee esto se da cuenta que falta cariño físico en su familia, uno puede revertirlo y convertirlo en un hábito. Y tal como cualquier otro hábito, este se forma a través de la práctica diaria. Si a uno no le nace naturalmente, podemos comenzar con un abrazo intencionado al día, rigurosamente. Y acordarse de hacerlo como quien se acuerda de tomar un remedio. Verán que luego de un tiempo, solito se convierte en una necesidad para ambos lados. No hay nada mejor que un abrazo calentito de un hijo. No hay nada mejor que el olor del cuello de una guagua. No hay nada mejor que el olor de la cabeza de un hijo un poco transpirada.

Debemos retomar el touch de piel, ya que también ha sido erradicado de colegios y jardines por razones de fuerza mayor, y a veces entendibles, pero los más perjudicados son nuestros niños. Ellos necesitan contención física/emocional, y qué mejor momento para regaloneos y apapaches que el veraneo, con menos rutina y levantadas tardes. Los invito a instaurar el hábito del cariño físico. Trae beneficios para todos.

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

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