Chats de curso

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Chats de curso

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

Hace algunos años los grupos de WhatsApp se convirtieron en la nueva forma de comunicarnos con los otros padres y madres del curso de nuestros hijos. Al principio los encontraba absolutamente innecesarios. El humorista Jorge Alis describe a la perfección todo lo que me molestaba, pero luego me fui acostumbrando, e incluso encontrando la utilidad en estos grupos. Hay años en que el que es muy silencioso, se habla lo justo y lo necesario, pero hay cursos en que el chat es altamente activo, y no necesariamente con cosas que tengan que ver con los niños y el colegio.

Siempre hay una mamá muy matea que le recuerda al resto cosas que probablemente olvidamos: fechas importantes, el cumpleaños de la profesora o informa sobre la colación compartida. Para muchos padres y madres olvidadizos como yo, estos recordatorios son de gran ayuda, pero siento que hemos cruzado un límite, que es cuando los grupos de WhatsApp comenzaron a servir para que algunos padres o madres pregunten por las tareas de los niños, o incluso pidan que les manden la ficha que había que rellenar, ya que su hijo o hija no la trajo. Empiezan a aparecer mensajes como: “¿Alguien me puede mandar las páginas del libro que deben leer para mañana? Es que Pedrito no trajo el libro.” “¿Los niños tienen tarea para mañana? La Juanita no trajo su agenda”. Y así con muchas cosas que son de responsabilidad de los niños, o que están en vías de aprender, dependiendo de la edad.

Claramente a algunos niños les cuesta más que a otros recordar las tareas o los materiales que deben llevar, no lo sabré yo que tengo déficit atencional y que nunca me acordé de nada que tuviera que ver con el colegio, pero tampoco me hubiera ayudado tener a mi mamá como helicóptero averiguando que había que hacer. También es fácil caer en la tentación de hacer lo mismo cuando ves a otros hacerlo. A veces me pillo viendo la mochila de mi hijo para ver si trajo la tarea que está siendo compartida. Muchas veces tampoco la tiene, y me viene un vértigo feroz por entregársela, pero me abstengo. Prefiero preguntarle si tiene algo para mañana, o que revise su libreta. Y nos sentamos juntos a revisar su mochila, posibles tareas y agenda, pero trato de no interferir en su organización, ya que quizás la terminó en el colegio. Y si no es así, tiene que vivir las consecuencias de no haber cumplido y aprender de eso, porque quizá eso mismo sea lo que le ayude a que para la próxima vez sí se acuerde.

Creo que no estamos siendo de ayuda para nuestros hijos al actuar de intermediarios y recordarles permanentemente cosas de las que no somos parte. Es como un trabajo de detective que nadie nos asignó. Por arte de magia, sabemos lo que nuestros hijos tienen de tarea y además tenemos las páginas de libro que había que leerse, en nuestro celular. Claramente hacer esto viene desde una buena intención y de querer que les vaya bien en el colegio, quién no quiere lo mismo, pero a largo plazo ¿les estamos haciendo un favor? ¿Cuando estén en la media, seguiremos interviniendo así? ¿Cuándo estén en la universidad, tendremos que hacer un grupo con los padres de la universidad para ayudarlos a recordar sus responsabilidades? Y cuando trabajen, ¿tendremos que preguntarles constantemente si tienen algo para el otro día?

Lamentablemente, si hacemos esto en el colegio, probablemente lo van a necesitar siempre, porque no permitimos que aprendieran y desarrollaran estas habilidades cuando debían aprenderlas. No dejamos que tuvieran las consecuencias para así aprender de ellas y desarrollar estrategias para acordarse de las tareas o del libro. Simplemente, no tuvieron la necesidad de desarrollar ese músculo, por que nosotros hicimos ese trabajo por ellos. Sí podemos conversar con ellos y preguntarles si les cuesta acordarse de sus responsabilidades escolares y ver cómo los ayudamos a encontrar estrategias o herramientas para que logren autonomía en este ámbito. Pero conseguirles las tareas por WhatsApp es incluso un poquito trampa. Es “conseguirles” algo que ellos no hicieron por sus propios medios. Por más que creamos que los estamos ayudando y que es un acto de amor, es más bien un recorte de alas. Es prevenirles oportunidades de aprendizaje y desarrollo de estrategias propias para enfrentar responsabilidades escolares, y el día de mañana, laborales.

El grupo de WhatsApp debe ser una ayuda de memoria y herramienta de organización para los apoderados en cuanto a eventos escolares y del curso. Miremos nuestra conducta en esos grupos de los que formamos parte, e incluso podemos proponer un par de reglas de funcionamiento para alivianar la cantidad de mensajes, como por ejemplo, si alguien pregunta por un polerón perdido no hace falta que 24 personas digan: “yo no lo tengo”, “yo tampoco”. Ideal que el que lo encuentra, avise. Y se da por entendido que los otros no lo tienen. Pero, sobre todo, podemos proponer que no es tan buena idea conseguirnos las tareas de los hijos a través de este medio, no porque moleste al grupo, si no por que no favorece el desarrollo de nuestros hijos.

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

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