Criando a mi hermano

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Criando a mi hermano

Por Bernardita Candia / Ilustración: Gertrudis Shaw

El 11 de enero de 2014 mi familia tuvo un accidente. Iban camino a Yumbel donde tenían casa mis abuelos. Siempre íbamos a pasar los fines de semana para allá. Esa vez, no sé porqué, a última hora decidí irme en bus con mi pololo. Cuando me di cuenta de que se estaban demorando mucho, intuí que algo pasaba. No me contestaban el teléfono así que me puse a averiguar si había algún accidente en la carretera. Efectivamente habían chocado. Me desplomé de rodillas en el suelo de la plaza de Yumbel. Había dos muertos: mi papá y mi hermano de 29 años. Mi mamá murió en camino al hospital regional de Concepción. El Benja, mi hermano más chico de 16 años, fue el único que sobrevivió.

Yo tenía 31 años en esa época. Recién me había titulado de abogada y estaba iniciándome en el mundo laboral. De la noche a la mañana me tuve que empezar a preocupar de mi hermano. Los doctores me decían que iba a estar internado ocho meses, pero milagrosamente a los dos lo dieron de alta.

Caí en cuenta de todo lo que estaba pasando cuando el Benja despertó del coma y se puso a preguntar por mis papás. Le parecía raro que yo fuera la única que lo iba a ver. Ahora que lo pienso, me imagino que él sospechaba lo que realmente había pasado, pero necesitaba que se lo dijeran. La verdad es que reaccionó mucho mejor de lo que me imaginé. Estábamos en la pieza del hospital con sus padrinos y el Benja les dijo que se quería ir a vivir con ellos y que yo lo tenía que ir a ver todos los fines de semana. Hasta ese momento no había pensado en el futuro, pero ahí me di cuenta de que yo era la familia de Benjamín y él tenía que estar a mi lado.

En el funeral de mi familia me encontré con mi ex jefa. En un momento de lucidez que tuve entre todo el shock, me acerqué a ella y lo primero que le dije fue que me ayudara con lo de la tutoría, insistiéndole en que nos teníamos que mover rápido porque es un proceso que demora mucho en el tribunal. Si yo no hubiese empezado con ese trámite, el tribunal se hubiese puesto a buscar a nuestros parientes porque el Benja ante la ley era huérfano. El único pariente era mi abuelo paterno que ante la ley tenía mucha más prioridad que yo para hacerse cargo de mi hermano. Nunca tuvimos contacto con él. Era imposible entregarle a mi hermano a una persona que nunca había visto.

Pasé por muchas humillaciones en el proceso porque los abogados y tribunales no conocen mucho de la figura del tutor. Si no hubiese sido abogada me hubiese tenido que dar mil vueltas para lograrlo, pero hoy estoy feliz porque soy la tutora legal del Benja.

Cuando pasó todo esto llevaba como cuatro años pololeando con Cristian . Al año nos casamos porque queríamos darle una nueva familia a mi hermano. Este matrimonio se formó de a tres. La primera decisión importante que tomamos, y que fue en parte pensando en mis papás, fue cambiar a Benjamín de colegio. Nos fuimos a vivir a Concepción y fue lo mejor, fue como empezar de nuevo. Yo no quería que se quedara en el mismo colegio y que le tuviesen lástima.

Ser tutora de Benja ha sido súper complicado en la práctica. Si bien yo ya era grande y estaba titulada, seguía dependiendo de mis papás. La gente se metía mucho y me daba consejos, así como “no abraces tanto a tu hermano, tus papás no eran de abrazarlo”. Yo sé que no soy su mamá y no quiero reemplazarla, pero sí trato de representarla. Creo que la mejor forma de hacerlo es tratando de hacer cosas que hizo ella conmigo que fui la que más tiempo la tuvo. Trato de seguir con el legado de mis papás, de celebrar todo en grande. Quiero que el Benja herede eso que me enseñaron mis papás de ayudar a los demás. Que tenga inteligencia emocional y sepa que lo más importante no es tener tantos premios y títulos, sino que ser humilde. Yo le explico las cosas, le cuento que esas cosas las hago así porque así lo hicieron los papás conmigo.

Desde el primer día me ha respetado mucho y me hace caso en todo. Me pide permiso y hace las mismas cosas que hacía con mi mamá, como contarme cómo le fue en el colegio y pedirme que le haga el desayuno. Cuando sale a carretear me preocupo de que me avise cuando vuelve, aunque sean las 4 de la mañana y le digo que siempre tiene que tener el teléfono prendido. Cuando empezó a salir yo me quedaba con la guata apretada como cualquier mamá. Me ha costado soltarlo porque es un adolescente y todo esto le pasó en una edad complicada, pero él se dedicó a los estudios. Hoy estudia medicina, es súper sociable, chistoso. Lo veo bien, pero estoy siempre atenta a si hay algún cambio.

En febrero de este año nació mi hija María Jesús y con ella todo se me ha hecho más fácil. Estoy convencida de que si todo esto no hubiese pasado, sería una mamá muy distinta a la que soy con ella. Siento que con ella no soy una primeriza. Nunca desperté en las noches para ver si estaba respirando y no ando nerviosa ni miedosa. Me siento más aliviada, más relajada. Con el Benja me siento más tensa, más preocupada. Siento que con él sí soy mamá primeriza. Quizá es porque cuando él nació dormimos juntos durante muchos meses porque mi mamá tuvo depresión postparto. Era yo la que me quedaba con él cuando lloraba mucho y pienso que desde ahí que hemos tenido una conexión muy fuerte los dos.

Entre la María Jesús y Benja no veo ninguna diferencia respecto del amor o la dedicación que les doy. Cuando nació María Jesús le expliqué a Benjamín que yo iba a tener que ponerle más atención a ella porque era una recién nacida. Él la ama, es baboso por ella.

Nadie se pone en el caso de que el papá y la mamá puedan morirse al mismo tiempo, pero mi legado para la María Jesús va a ser dejarle en mi testamento a un tutor por si nos pasara algo. Ese tutor sería el Benja. Él lo sabe y cuando le conté me dijo “por supuesto”.

Bernardita Candia Moreno es abogada y le gusta escuchar rock y ska (la mejor terapia para el alma).

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