Desorden de integración sensorial

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Desorden de integración sensorial

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

Las mañanas de las familias con niños en etapa escolar son rápidas, corridas, apuradas, y empezando además a ser oscuras. Y si a esto le agregamos un hijo o hija con desorden de integración sensorial, las mañanas se vuelven explosivas. Desde el calcetín y sus costuras, hasta cuanto les aprieta el zapato o lo que comen de desayuno, puede ser un problema.

La integración sensorial se refiere a la manera que el sistema nervioso recibe mensajes de los sentidos y los convierte en respuestas motoras y de comportamiento apropiadas. Completar cualquier actividad como comer algo, andar en bicicleta, o leer una revista, requiere procesar una sensación adecuadamente. El desorden de integración sensorial ocurre cuando las señales sensoriales no son detectadas o no se organizan en respuestas apropiadas. Es algo así como un taco de sensaciones, que previene que el cerebro reciba la información y la procese de manera correcta. Esto hace que una persona o un niño tenga dificultades en procesar la información recibida a través de los sentidos, llevando a que actividades diarias y cotidianas sean un desafío. Algunos estudios dicen que 1 de cada 6 niños presenta desorden de integración sensorial. Y puede presentarse en distintos grados. Con un sentido o con todos.

Por ejemplo, un niño o niña con este desorden pueden sobre reaccionar al contacto físico, a otros le incomodan las etiquetas o la ropa, otros niños reaccionan a la textura de algunos alimentos y también pueden presentar hípersensibilidad a estímulos visuales o sonidos. Algunos tienen muchas dificultades con los zapatos o el largo de manga o pantalón. Este desorden es comúnmente diagnosticado en niños, pero cuando pasa inadvertido y sin tratamiento puede interferir en la vida adulta, ya que los síntomas continúan afectando la capacidad de interpretar mensajes sensoriales. Puede interferir también con las rutinas de trabajo, con las relaciones. Y derivar así en depresiones y frustraciones.

Presentar este desorden no tiene nada que ver con inteligencia ni con las capacidades de un niño, pero es importante atender las señales, ya que pueden interferir de manera importante con su vida diaria, desde dificultarse la capacidad para hacerse amigos o afectar su autoestima y su propia percepción. Es importante atender y revisar estos síntomas si es que lo vemos en nuestros hijos, ya que pueden beneficiarse tremendamente con una terapia ocupacional que los ayudará con la regulación y con la integración sensorial a través de juegos y actividades. Estas terapias ayudan a un niño a comenzar a generar respuestas apropiadas a distintas sensaciones, para que pueda tener respuestas más funcionales aplicadas a situaciones de su propia rutina diaria.

También, como forma de apoyarlos en la casa, cualquier actividad de juego sensorial será beneficiosa para ellos, desde el contacto con la naturaleza a actividades más guiadas. Es importante tratar de comprender el problema de un niño, acoger sus sentimientos y forma de sentir. No es maña, no es pataleta, no es voluntario. Es algo real, que es una incomodidad permanente y que hace interferencia y, por lo tanto, altera su funcionamiento normal. Los frustra.

En mi caso, he tenido que buscar calcetines sin costura y sin talón, ya que este ítem determina el ánimo y disposición de mi hijo al partir su mañana. Y tengo que ponerme las pilas con la terapia ocupacional, ya que algunas veces estos desordenes desaparecen solos, pero otras veces acompañan a un niño hasta su vida adulta. Y, además, pueden interferir de manera negativa en el funcionamiento familiar.

Para casos de intolerancia a los calcetines, en Chile se pueden encontrar varias marcas que tienen calcetines sin costura. En el ítem zapato, un tip que soluciona un poco el tema de cuan apretado o suelto se siente, es comprarles con velcro, que es más fácil de ajustar que la presión de los cordones. También existen en Amazon algo más sofisticado, que son unos magnetos para los cordones, que también facilitan el ajuste de la presión del zapato. (se llaman Zubits). Pero, de todas maneras, no dejar de consultar si es que es algo recurrente, preocupante y que interfiere con la rutina diaria de nuestros hijos.

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

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