Días de semana: Matías Prado

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Días de semana: Matías Prado

Por Francisca Quirós M. / Fotografías Valentina Bird

“Mi taller siempre va cambiando. Rota dentro del mismo espacio cuadrado. Me gusta adaptarme a él; en invierno me corro más a la ventana, porque llega más luz; y en verano, en cambio, me muevo a la pared porque llega mucho calor.

Creo que la música es muy importante a la hora de trabajar. En mi día a día debe haber música, porque sino me congelo. Siento tanto silencio, que me cuesta moverme; soy consciente de que falta algo. Siempre debe haber un ritmo, que en mi caso por lo general es indie, ambiental o jazz para trabajar. Necesito un ruido de fondo, sino empiezo a escucharme yo mismo y muy fuerte.

Me encanta coleccionar juguetes en miniatura que tengan relación con mi trabajo. Voy siempre a las ferias de antigüedades, ya sea en Chile o en mis viajes al extranjero, y me llevo recuerdos. Es súper entretenido, porque siento que me voy encontrando con mis dibujos de otra manera. Mis juguetes son personajes a los que les voy dando vida. Cuando los veo es como si me dijeran “aquí estoy y quiero ser parte de tu imaginario”. Hay veces en que me he devuelto a comprarlos, porque me quedan dando vuelta en la cabeza.

Me gustan los materiales primarios, más infantiles, como crayones y plasticina. Y estoy empezando a trabajar con legos, recurriendo un poco a mi niñez. El otro día los empecé a armar y sentí que me hacía súper bien. Es parte de una especie terapia, y quise plenatearme de qué manera podía llevar mi ilustración a los legos. Se me ha hecho difícil, pero fue un encuentro casual y armónico, no lo busqué.

El libro en el que estoy trabajando es súper colorido y tiene muchas miniaturas, entonces a veces necesito descansar mi mano en el negro. Ahora estoy en un proceso lleno de plumones, marcadores y tintas chinas sólo usando ese color. Pero mi espíritu es otro. Y siempre recurro a mis libretas llenas de coloridos tonos. Siento que lo necesito.

Antes tenía un espacio que era sólo mi taller, y era súper cómodo porque lo compartía con otros profesionales. Como vivía con mi pololo, tenía un trayecto de la casa hasta mi lugar de trabajo, donde desde subirme al metro, la bicicleta, el skate o al auto permitía una búsqueda dentro de ese camino. Pero ahora eso cambió. Cuando vives dentro de tu taller, significa levantarme, sacar a mis dos perros, ir al gimnasio, ducharme, cocinar y buscar un minuto para trabajar. Yo soy súper intenso, en el sentido de que tengo una rutina clara, así que el proceso de tener el taller en mi propia casa ha sido difícil. Por eso trato de hacer mi día a día como si fuera cualquier otra oficina, con horarios similares a los de otros trabajos. Así, por ejemplo, si me mandan un correo a las cinco de la tarde sigo conectado. Alguna gente se sorprende por eso, pero es obvio: soy freelance, no estoy durmiendo.

Si quieres dedicarte 100% a lo que te gusta tienes que ser mateo. Es lo mismo que el gimnasio; si no vas, no tienes músculos. Hay que ejercitar las manos y la cabeza todos los días. Yo me siento y ya sé enfrentarme a una hoja en blanco; no me asusta. También sé cómo moverme en mi espacio, que está dividido en zonas; una esquina llena de colores y otra donde están los negros.

Si hay algo clave para mí, son los calcetines. Me hacen sentir con pies nuevos. Hace años vi a alguien con calcetines rojos, y desde ahí que me entró la obsesión por usarlos siempre en ese color. Cada vez que veo calcetines rojos, me los compro. Y tengo muchísimos. No sé si son mi sello, pero incluso se los dibujo a mis personajes. Me encanta la ropa. Si te fijas, tiene que ver mucho con mis dibujos también; todos mis personajes están bien vestidos. Me preocupo de cada detalle, nada es al azar”.

Matías Prado (32) es ilustrador y actualmente está trabajando en su primer libro de autor.

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