¿Dónde están las “mujeres genios” del arte?

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¿Dónde están las “mujeres genios” del arte?

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Columna de Juan Cristóbal Villalobos. Periodista, master en comunicación internacional de Leeds University (Inglaterra) y socio fundador Vanguardia Comunicación.

Paula.cl

En 2005, un grupo de anónimas activistas remeció al mundo artístico neoyorquino con un inusual aviso en el diario. Este mostraba a la protagonista del famoso cuadro La Gran Odalisca con una máscara de gorila, acompañada de una provocadora interrogante: “¿Las mujeres deben estar desnudas para entrar al Met Museum? Menos del 3% de las artistas en ese museo son mujeres, aunque el 83% de los desnudos son femeninos”. Firmado: Guerrilla Girls.

Desde hace más de 30 años, este grupo de feministas radicales, siempre ocultas bajo máscaras de gorilas y usando seudónimos como Frida Kahlo y Hannah Höch, denuncian la discriminación de género y racial en el arte, rescatando a figuras femeninas olvidadas “por la mal llamada ‘Historia del Arte’, que en realidad, es la historia del poder del hombre blanco”.

Célebres por sus protestas callejeras, carteles publicitarios e incluso exhibiciones en algunos de los museos que tanto critican, las Guerrilla Girls afirman “seguir la tradición de héroes que hacen el bien como Robin Hood, La Mujer Maravilla y Batman”. Sus dardos apuntan a los “millonarios donantes y dealers de arte”.

Si bien este activismo radical ha ayudado a visibilizar la presencia femenina en el arte, es poco lo que se ha avanzado: en 1985 –año en que irrumpió este grupo– en los museos Guggenheim, Metropolitan y Whitney no hubo ninguna exhibición centrada en una mujer y solo una en el MoMA. 30 años después, se presentó una en el Guggenheim, una en el Metropolitan, una en el Whitney y dos en el MoMA.

Pese a la creciente valoración de las mujeres artistas, el precio de sus obras es 10 veces menor que el de los hombres. A nadie sorprende, entonces, que el récord de la pintura más cara sea ¿Cuándo te casas?, de Paul Gauguin, subastada en US$ 300 millones.  Entre las mujeres, el récord es de US$ 44,4 millones por Jimson Weed/White Flower No. 1, de la norteamericana Georgia 0’Keeffe.

¿El escaso protagonismo femenino se explica simplemente porque han existido pocas grandes mujeres artistas o por la discriminación, machismo y falta de oportunidades?

El libro En el café de los existencialistas, Sarah Bakewell explica la visión de Simone de Beauvoir sobre la falta de mujeres “genios”. En El segundo sexo, texto fundamental del movimiento feminista, Beauvoir postula que a las mujeres se las ha encerrado en la mediocridad. Esto no porque sean inferiores, sino porque, desde pequeñas, aprenden a convertirse en introvertidas, pasivas, llenas de dudas y ansiosas por complacer. Por eso, según Beauvoir, raramente las mujeres han alcanzado la grandeza en el arte o en la literatura: “¿Cómo pueden haber tenido nunca genio si les ha sido negada toda posibilidad de realizar una obra genial o, incluso, una obra simplemente?”.

Esta falta de “genio”, según las miradas más modernas, se explica porque las mujeres han sido históricamente relegadas a un segundo plano e, incluso, se les ha robado su talento. De lo que no hay duda, es que su rol ha sido más que simplemente ser modelos o musas inspiradoras.

Se ha documentado la existencia de grandes mujeres artistas desde la Alta Edad Media, de hecho, la primera obra firmada por una mujer data de ese periodo. Se trata de una manuscrito del siglo X firmado por una monja llamada Ende, en conjunto con un monje.

Las mujeres mantuvieron un papel menor en el Renacimiento, Clasicismo e, incluso, en las vanguardias artísticas del fines de los siglos XIX y XX. Y, si bien destacan figuras como Camille Claudel, Frida Kahlo y Leonora Carrington, siempre están asociadas a sus parejas románticas y artísticas.

Este anonimato se entiende, además, porque se les prohibía firmar sus obras –y ni pensar en cobrar por ellas– o simplemente eran atribuidas a hombres. En la Edad Media, por ejemplo, la obra de una mujer debía llevar la firma del maestro del taller, que siempre era un hombre. En el Renacimiento, la mayoría de las artistas mujeres eran hijas, esposas o hermanas de pintores o escultores y trabajaban en talleres familiares.

Igualmente, a las mujeres se las dejaba fuera de los “grandes temas” con los que los artistas europeos alcanzaban la fama: los desnudos mitológicos y las figuras religiosas. Solo se les permitía pintar flores y escenas costumbristas, temáticas consideradas menores. Difícil que aprendieran a dibujar y a pintar cuerpos si no podían entrar a las academias ni estudiar anatomía y se consideraba “inmoral” que se sentaran frente a un cuerpo desnudo.

Al ver la influencia y popularidad que tienen hoy genios artísticos femeninos como Yayoi Kusama, Marina Abramović o de Yoko Ono –cuya exhibición de presenta con mucho éxito actualmente en CorpArtes en Santiago–, cuesta entender que Boccaccio alguna vez dijera que “el arte es ajeno al espíritu de las mujeres” o que Auguste Renoir afirmara sin tapujos: “La mujer artista es sencillamente ridícula”.

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