El autocuidado

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El autocuidado

Por María José Buttazzoni / Ilustración Holly Jolly

Hace tres meses se me quebró una muela. Menos mal que es una que está bien atrás, porque nadie me la ve y yo tampoco. Claro, debería ir al dentista, como también debiera ir al ginecólogo y hacerme la mamografía de rigor. Pero los que estamos en período de crianza, tendemos a postergarnos y no darnos tiempo para cuidarnos. Y es por varias razones: porque nos agarra el ritmo de la vida y no para; porque las prioridades tienden a ser siempre los temas de los hijos, que a veces no son pocos ni son baratos; y también por razones económicas. Ahorrar en uno, duele menos.

Es más fácil mirar para el lado y negar algo propio y hacer como que no está, como mi muela. No la veo, está bien. Pero la realidad es que no debiéramos postergarnos así. No debiéramos descuidarnos al punto de dejar pasar los años y que cuando nos volvamos a mirar, no saber qué pasó. No podemos ser tan duros con nosotros mismos, ni tan exigentes. Esto va desde el trato físico de nuestro propio cuerpo, hasta el trato emocional. ¿Cuidamos cómo nos sentimos? ¿Somos compasivos cuando tenemos pena? ¿Nos estamos queriendo? ¿Me hablo y me trato bien?

Por mi trabajo diario con familias, veo constantemente a muchas mamás y papás. Algunos de ellos muy sobrepasados, pasando por situaciones difíciles, y otros con crianzas más fáciles. Pero un patrón común es cómo los adultos nos postergamos y finalmente les damos un ejemplo a los niños de poco autocuidado y de poco amor propio, que termina por afectar nuestra salud mental y nuestro bienestar general. Y de rebote, afecta a los hijos.

Dentro de esas cosas que dejamos de hacer, también están los hobbies. Algunas personas hacen manualidades, otras hacen deportes. El caso es que necesitamos conectarnos con alguna actividad que nos haga descansar la cabeza, no pensar, distraernos, gozar y sentir placer haciéndolas, porque sólo así podremos enseñarles a nuestros hijos a disfrutar también. Si ellos nos ven vibrar con algo, puede que quieran disfrutar con lo mismo o encontrar su propia actividad o pasatiempo que los haga felices.

Si nuestra vida sólo se compone y llena con las rutinas de trabajo, responsabilidades, obligaciones y horarios estrictos, y dejamos afuera instancias de placer, de crecimiento, de goce y de autocuidado se ve bien aburrido y difícil el panorama. Creo muy importante parar y mirarnos. Ver qué hemos estado postergando. Mirar qué parte de nuestro cuerpo hemos descuidado y que sabemos que necesita atención. Parar y acordarse de qué actividades hacíamos antes de tener hijos y que nos fascinaban y tratar de hacerse el tiempo para retomarlas. O darse el tiempo para ir al sicólogo, siquiatra o terapias florales y preocuparnos por nuestra salud mental, incluso a modo de prevención para no esperar a que llegue el momento en que tocamos fondo.

Incluso para algunos, la actividad que mejor les hace es juntarse con las amigas y amigos, que en la etapa de crianza se transforma en un grupo de contención espectacular y en un momento lleno de carcajadas, conversas y cariño que nos dejan con energía para varios días. Muchos encontramos la excusa del tiempo, en qué minuto hago esto o lo otro. Pero el tiempo se hace, se encuentra, se agenda y se organiza.

Es importante que nuestros hijos vean que, para cuidarlos, también necesitamos cuidarnos a nosotros. Para estar sanos para ellos debemos encontrar herramientas de autocuidado y, a través del ejemplo, debemos mostrarles que la vida está llena de momentos de goce y disfrute. Nos tienen que ver disfrutando.

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