Espacio reducido

Columnas

Espacio reducido

Por María Edwards

Los muebles usados para equipar antiguas embarcaciones debían cumplir con la hoy valorada condición de guardar numerosos objetos en poco espacio.

Me escribe mucha gente que quiere vender los muebles de una abuela o una tía que llegaron a su poder. Normalmente lo hacen porque no les gustan, porque no tienen un especial apego con ellos o porque necesitan la plata. Pero la principal razón es que ese mueble no les cabe en el lugar donde viven. Porque hoy habitamos más bien en espacios pequeños y prácticos. Las familias son más chicas y nos enfrentamos al dilema de poblar estos espacios reducidos. Ya no tienen cabida los grandes roperos o arrimos y optamos por espacios más despejados y muebles más livianos y funcionales.

Como mi cabeza se inclina siempre por la filosofía de la economía consciente que habla de aprovechar y reutilizar lo que circula en lugar de fabricar y comprar cosas nuevas cada vez que nuestras necesidades mutan, una buena alternativa son los “muebles de barco”.
Los barcos siempre han sido espacios funcionales de pequeña escala. Se fabricó un montón de mobiliario para tales propósitos y hoy circulan en distintos anticuarios como preciadas piezas de colección. Así llegó a mis manos este bar de barco que con tan solo 20 centímetros de profundidad, permite atesorar cerca de 12 botellas y 15 copas más hielera, posavasos y otros utensilios. Las puertas superiores son abatibles y permiten ser usadas como bandejas para preparar los tragos. Es de una madera liviana y tiene delicadas cerraduras de bronce que permitían que sus puertas se mantuvieran cerradas ante cualquier movimiento de marea. Este es un mueble versátil, original y con historia, que, sin duda, puede servir para poblar cualquier espacio reducido.

Seguir leyendo