Etnobotánica: Las suculentas

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Etnobotánica: Las suculentas

Por Antonia Reyes, Ilustación y texto

Primero que todo, hagamos una aclaración: hablamos normalmente de “cactus y suculentas” como si fuesen dos cosas diferentes. Casi todos los cactus son suculentas, pero no todas las suculentas son cactus. Estas plantas nos intrigan por su atractivo, como pequeñas esculturas que recuerdan a la prehistoria ordenadas en patrones geométricos perfectos que reflejan una paleta infinita de colores verdes, celestes, lilas, rosados y amarillos. Como ilustradora, esta es mi parte favorita. Los colores de las suculentas pueden ir cambiando dentro de una misma planta en respuesta a las condiciones ambientales. Los tonos rojizos y violetas que adquieren en el contorno de las hojas son alteraciones en su pigmentación producidas por la exposición al sol y al exceso de sol. Quedarán dentro del espectro de los verdes en cambio si crecen con poca luz, y si las vemos amarillentas y algo traslúcidas es porque estamos exagerando con el riego.

Las suculentas son plantas de hoja gruesa y turgente, rellenas de sustancias mucilaginosas que retienen el agua necesaria para soportar largos períodos de sequía y calor propios de los climas áridos que habitan. La palabra suculenta viene del latín sucus, que quiere decir jugo; y así son resilientes como pocas. Su capacidad de almacenaje les permite sobrellevar el estrés de la escasez, con habilidades para subsistir bajo condiciones de agua tan limitadas como el rocío o la niebla.

En la ingeniería impecable de la naturaleza, estas plantitas han sido dotadas de otras cualidades para optimizar su eficiencia además de su suculencia. Vienen en formas compactas que reducen la superficie de la planta expuesta al exceso de sol y calor en comparación con su volumen total; tienen una cutícula gruesa y relativamente impermeable para conservar al agua interior, piel que además suele estar cubierta de pelillos o espinas que atrapan la humedad y maximizan su retención para generar un ambiente húmedo y más templado en torno a la superficie de la planta; y cuentan además con un metabolismo especial, distinto al común de las plantas que les permite realizar fotosíntesis aún con el mínimo de agua. Los “poros” de la planta (o estomas) se mantienen cerrados durante el día y se abren en la noche para recolectar dióxido de carbono, reduciendo la pérdida de agua por transpiración y obteniendo de este modo una ventaja ecológica.

Si estás comenzando a relacionarte con la crianza de las plantas, las suculentas son un excelente punto de partida. Son accesibles, requieren el mínimo de mantención -aunque jamás el mínimo de cariño- y satisfacen las obsesiones de cualquier coleccionista.

Recomiendo dos especies que sumarán algunos puntos extra en tu jardín: el aloe vera, cuya pulpa puedes aplicar directamente en tu piel como cicatrizante o licuar como parte de un jugo para facilitar la digestión y el árbol de jade, que el feng shui aconseja cultivar para la buena suerte y la prosperidad económica.

Para esta ilustración, de un Sedum rubrotinctum, utilicé una paleta de verdes, grises y celestes para cada sépalo y amarillos y carmín para las puntas; trabajando la acuarela con la técnica de fusión de pigmentos sobre papel húmedo que permite transiciones de colores más suaves y parejas.

Antonia Reyes es ilustradora naturalista. Inspirada en la idea del conocimiento como paso previo a la valoración, su trabajo quiere sensibilizar a las personas en torno a la naturaleza. Cada mes realiza los Workshops de Ilustración & Naturaleza, que puedes ver en su cuenta de Instagram @antoniapajarito.

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