Imitar a la naturaleza

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Imitar a la naturaleza

Por Alejandra Apablaza

Me encantan las mandarinas. Las amo por sobre todas las frutas. Me puedo comer un kilo sola. Me gusta el trabajo de pelarlas y que las manos me queden amarillentas y con su olor exquisito por horas. Me gusta el otoño; sus olores y colores. Me gusta que la naturaleza nos dé mandarinas y otros cítricos, para hacerle frente al frio invierno, justo cuando necesitamos un shot de vitamina C.

La naturaleza es fuente de inspiración y vida. Y nunca nos dejará de impresionar, habrá que estar muy ciego para no verlo. Ciego del alma, digo.

El otro día en una feria del pueblo compré una luffa: enredadera que viene de la India, de la que cuelgan perfectas esponjas con la forma anatómica ideal para exfoliar la espalda de cualquier humano. Vienen en un práctico envase fabricado por ella misma: una cascarita delgada y fácil de quitar, totalmente biodegradable. Además, la luffa es generosa, porque todas las que vienen en su envase original, traen un “vale otro” y la posibilidad de plantar la semilla en un macetero en la casa. Así es también, con el resto de lo que produce la naturaleza: todo es absolutamente útil y generoso, y hasta ella misma se preocupa de gestionar sus propios residuos. La amo.

¿Seremos los humanos los habitantes más derrochadores de la Tierra? Me parece que en nuestro estado natural y biológico sabemos que volveremos a la tierra, aunque esto nos perturbe: “Nada en propiedad. Todo prestado/ estoy empeñada hasta el cuello. Tendré que liquidar la deuda/ entregándome a mí misma”, versa Wislawa Szymborska, cuyas líneas me estoy aprendiendo de memoria. Tal vez sea nuevamente nuestra inconciencia la que nos enajene y nos vuelva egoístas, consumidores y derrochadores de recursos. No nos llevamos nada al patio de los callados, dicen por ahí, pero ¡ay, qué dejamos cosas en el patio de los bulliciosos!

Los humanos hemos traspasado a distintos inventos muchas de las maneras en que la naturaleza funciona: el velcro de los cardos, el avión de un pájaro, hélices inspiradas en aletas de ballenas ¿Por qué no imitar la manera en que la naturaleza nos alimenta? ¿Será mucho pedir que el arroz venga en un envase compostable? Lo podemos comprar granel, claro que sí, pero algunas veces me canso de ser la ciudadana b y estar pensando siempre en las otras maneras de comer sano y gestionar los residuos. Tengo derecho a comprar en la comodidad del supermercado y no ser yo la que tenga que buscar siempre el destino de los envases y etiquetas que me traigo de paso.

Otro mundo es posible y necesario. Otras maneras deben ser adoptadas ¿Por qué no imitar a los que saben? La Tierra tiene 4,543 miles de millones años de experiencia creando nuevos seres y aprovechando cada recurso. No hay duda que ahí están todas las respuestas.

 

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