La cuarentena

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La cuarentena

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

Parir, en corto, significa expulsar un mini ser humano por un orificio de nuestro cuerpo, que se dilata aproximadamente 12 centímetros y que antes no medía eso. Lo mismo va para las que hemos tenido cesáreas: expulsamos un ser humano por un orificio que antes no existía, y que luego deja una cicatriz de cuatro capas en la zona pélvica.

Comenzamos a ir aprendiendo, cada día, a vivir con esta nueva personita, a alimentarla, a hacer que sobreviva y además, a barajar el funcionamiento de la casa, la existencia de otros hijos y la relación de pareja. Y en algún punto, debemos también retomar la vida sexual. Por ahí, alguien dictaminó que el tiempo pertinente para volver a tener relaciones sexuales son cuarenta días. Pero siento que es algo tan personal, que la recomendación debiera ser que luego de cinco o seis semanas, ya es seguro médicamente retomar la vida sexual, y no una especie de obligación.

Algunas mujeres tienen muy buena recuperación vaginal o de la cicatriz de su cesárea. Yo personalmente me acuerdo de mi cesárea con mi primer hijo y me fatigo al pensar en ese dolor de la herida que no me dejaba ni siquiera pararme derecha por muchos días. Tuve tres partos más, con episiotomía. Evidentemente la recuperación fue muy diferente en cada parto porque cada caso es diferente. A algunas mujeres se les hace episiotomía, ese corte quirúrgico en el perineo para ampliar la apertura vaginal y evitar un desgarro. Esto deja una herida y luego un tejido de cicatriz que se demora bastante en desaparecer. Algunas mujeres sufren un desgarro y hay estudios afirman que es mejor un desgarro espontáneo que la episiotomía, ya que su recuperación tiene la misma duración, pero con menos complicaciones. En cualquiera de estos casos, claramente significa una molestia y una incomodidad a la hora de retomar la vida sexual. En el caso de la cesárea, si bien la herida a las 5 semanas está cerrada, los músculos quedan fatigados y la zona queda visiblemente afectada y removida. Pero está sobre nosotras la presión de volver a tener relaciones sexuales. Incluso a algunas personas les genera mucha ansiedad y miedo.

No está de más agregar que, si estamos amamantando, las hormonas de la leche hacen que solo tengamos ojos, concentración e intención de dar papa. No están todavía las ganas de volver a aparearnos, sino que estamos con el nido lleno y enfocadas en alimentar a una criatura que depende de nosotros. Además, muchas veces no estamos ni cercanas a sentirnos sexys o atractivas. Muchas veces no alcanzamos a ducharnos entre cada papa a libre demanda. Algunas veces las pechugas cobran vida propia y deciden soltar la leche por efecto rebalse.

Pero viene ese control del obstetra, donde te dice que ya puedes retomar tu vida sexual. Que se acabó la “cuarentena”. Y cae el peso de esta presión marital. Creo que es bueno saber y reafirmarse que debe ser algo con lo que uno se sienta cómoda y bien. Y para esto, hay un par de cosas que deben estar en su lugar, literalmente, y una serie de factores que se tienen que dar. Tiene que estar todo cicatrizado y sano. Ideal sería no estar en estado de estropajo por deprivación de sueño. Es una buena idea usar algún tipo de lubricante, ya que muchas mujeres experimentan falta de lubricación vaginal debido a la hormona de la lactancia y a otras hormonas post parto. Quizás sea bueno partir explorando otras formas de encuentros íntimos para no experimentar dolor y saber que va a ser diferente a las relaciones sexuales pre embarazo. Los nueve meses de gestación, más parto, más desgarro o episiotomía, más el suelo pélvico que queda convertido en subterráneo pélvico, van a cambiar completamente nuestra vida sexual. Por lo que hay que ajustar las expectativas y empezar a redescubrirse y redescubrir con la pareja este nuevo cuerpo.

También cabe la posibilidad de que alguna mujer no experimente ningún tipo de ganas ni deseos sexuales, y es súper importante conversar esto con la pareja. Quizás primero haya que encontrar momentos de estar solos, sin la guagua, aunque sean 10 minutos, y redescubrir la forma de volver a acercarse sexualmente. Si así y todo alguien siente que esto es una tarea titánica, nunca está de más consultar con el obstetra o matrona, ya que muchas mujeres experimentamos depresión postparto, y si ese es el caso y no nos tratamos, la cuarentena puede triplicarse.

En fin, es como todo. Es un proceso que requiere de tiempo, amor, aceptación y autocuidado. Y además mucha comunicación entre la pareja, para no sentirse forzada a cumplir, y para que la otra persona entienda lo que nos está pasando. Como consejo final, acordarse de que las primeras veces de encuentros fogosos, las pechugas se independizan y sueltan leche en momentos poco adecuados, por lo que no es mala idea quedarse con sostén y protectores de lactancia puestos a tiempo completo. Abajo la cuarentena, arriba con los tiempos de cada una.

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

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