La lentitud es belleza

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La lentitud es belleza

Por Alejandra Apablaza

Antes que todo aclaro que escribo esto sin ninguna autoridad crítica. Respeto tanto las palabras, que muchas veces no las he dicho. Soy una mujer que vive en un pueblo, que cría niños chicos y escribe cuando ellos duermen. Hoy mi tiempo es escaso. Se confunde con el de ellos. Elegí vivir sus ritmos y el día es mucho más largo ahora que cuando ellos no existían. Será por eso que desde que soy madre devoro poesía.

Pocas palabras leídas y horas saboreándolas. La contemplación, la melancolía, la dulzura, el enojo. Todo esta ahí.

Antes, con más tiempo, leía novelas. Y cuando tenía mucho trabajo, ensayos y cuentos. Hoy solo tengo segundos y los lleno de versos. Los llevo en el bolsillo, en la cartera, en el celular.

Creo que vivir en el campo también ha hecho lo suyo. La pausa, el silencio, la siesta. Veo claramente el paso del tiempo en un damasco que era una flor o en la ciruela madura y podrida en el suelo. Eso también está en la ciudad, pero como hay más ruido, se pierde entre la gente. Benditos lo ojos de los que observan detalles.

Es cierto que la poesía es más contagiosa que la tos, ya lo decía Natalia Ginzburg. Y de leerla a escribirla, me temo, que hay solo un paso. Perderle el miedo a las palabras ha sido el tema de mi vida. Las he trasformado en formas y colores, como mensajes ocultos en los dibujos que hago.

La poesía, para mí, es otra dimensión del tiempo. Es pegote, adictiva y no se quita. Es el tiempo dentro del tiempo. Para leerla basta con abrir los ojos y con ellos, los libros.

Blanca Varela, en Canto Villano fue lo que me hizo ver, cuando embarazada de mi primer hijo leí el poema Curriculum Vitae. Me aterré estar ganando carreras y competir con mi sombra desleal. Y tanto fue mi pánico, que fui por más versos, y todavía sigo sin mejorarme de esta enfermedad contagiosa y que quema como una llama.

Me gusta la poesía escrita por mujeres. En realidad, me gusta casi todo lo que escriben las mujeres. No me busco en ellas, no quiero identificarme, ni que digan lo que yo no soy capaz de decir. Solo quiero leer sus poderosas palabras y que llenen los silencios en mi mente, y repetir la perfección de sus versos y sus pausas, esas inusitadas pausas.

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