La luz de las flores

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La luz de las flores

Por María Edwards

En la decoración la creatividad es clave. Un artefacto que fue creado para cumplir una función específica, puede jugar un rol totalmente diferente. Los ejemplos abundan, sólo es cuestión de atreverse.

La iluminación es el toque que define y personaliza los espacios. Nos enfrentamos a asuntos técnicos y prácticos al momento de dar luz a cada rincón; la altura del espacio, la presencia o ausencia de luz natural, el uso que daremos al lugar, las posibilidades de ampolletas y lámparas que ofrece el mercado. Las casas, de preferencia, se ambientan con luces cálidas y decorativas. Hay veces en que la ampolleta de rosquilla obliga a usar pantallas que la oculten por completo.

En mi fascinación por los objetos antiguos me he topado con preciosas pantallas de vidrios y opalinas de colores y con dibujos. Pero al momento de instalarlas he tenido la desilusión de obtener espacios verdes, morados o naranjas que no son lo que buscaba, porque en mi cabeza la luz es blanca o amarilla y cualquier otro color me hace ruido; me ensucia los ambientes pues no permite que se expresen los colores reales de los objetos y muebles que habitan mi casa.

Me he entrampado con bellas pantallas de vidrio soplado que he comprado por gusto más que por utilidad. Al verlas apiladas en mis repisas caí en cuenta de que tienen un precioso segundo uso. Normalmente las pantallas cuentan con un punto de apoyo por lo que, al sacarles la toma y el soquete, funcionan como vasijas que con algo de agua y flores frescas terminan por iluminar de otra forma los espacios como floreros, sin teñir el resto de su entorno. Si, por el contrario, no pudieran contener bien el agua porque no fueron creadas con ese propósito, flores de género o papel son también una buena alternativa. Entonces, estaremos dando a nuestros espacios una luz diferente, la luz de las flores.

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