La separación de una pareja con hijos chicos

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La separación de una pareja con hijos chicos

Por MARÍA JOSÉ BUTTAZZONI / ILUSTRACIÓN: HOLLY JOLLEY

Lo primero que pensamos cuando sabemos de alguna pareja que se está separando es en los hijos y en el inevitable daño colateral que sufrirán con la decisión. Lo bueno es que hay formas de hacer que todo sea un poco más entendible para ellos y que puedan pasar este tsunami familiar de la mejor manera posible para todos. Entendiendo, además, que cada niño recibirá esta información de manera diferente, y que cada uno la procesará de acuerdo a su edad y desarrollo emocional.

Lo primero que piensa una pareja es cómo anunciarles esta decisión a los hijos. Y este momento es muy importante pensarlo, porque por más que preparen en detalle cada palabra que van a decir, los niños no piensan como los adultos. Son mucho más concretos y les preocupan cosas más cotidianas e inmediatas que a los padres, que están hablando desde otro lugar. Creo que por eso siempre es bueno hablarles claro y con la mayor cantidad de verdad posible. Y me refiero a “verdad posible” porque, aunque haya uno furioso con el otro, no corresponde que los hijos se enteren de detalles.

Lo que sí es importante es explicarles lo que va a pasar, como que uno de los dos inevitablemente se irá de la casa. Hay que ser enfáticos en que eso no cambia el amor que cada se siente por ellos. Que el que se va no los está abandonando, sino que como pareja ya no pueden vivir juntos, pero son aún una familia. Hay que especificar que aún estarán ambos a cargo de su cuidado, de protegerlo y de preocuparse de ellos tal como lo venían haciendo, pero ahora será desde casas diferentes. Mientras los adultos vemos una separación como un proceso largo y lleno de etapas, los niños piensan en cosas concretas como dónde va a vivir el perro que tienen. Es importante adecuar la explicación a la edad de los hijos y tratar de usar estrategias diferentes al momento de reafirmarles que van a estar bien y que los adultos estarán a cargo de ayudarlos a adaptarse a esta nueva realidad.

Las prioridades de los padres en este tiempo tienen que ser sus hijos. La consistencia y cuidado permanente les dará una sensación de estabilidad que necesitan durante esta transición familiar. Y es importante también que las rutinas conocidas y familiares, como los son los horarios de comida, de juego, la hora del baño y de acostarse, permanezcan lo más posible con uno de los papás presente para que sientan que sus padres son algo permanente.

Un niño o niña en etapa preescolar necesita explicaciones concretas y simples, tales como quién va a vivir dónde, dónde vivirá el niño, cuándo va a ver al otro padre o madre. Y es bueno estar preparados para recibir esas preguntas. Vendrán varias. No será una única conversación, probablemente sean varias cortitas y vendrán preguntas aisladas en momentos inesperados. Un niño de 6 años en adelante, ya puede expresar mejor sus sentimientos, pero todavía es difícil que entienda lo complejo de un divorcio. Un niño de 9 años en adelante ya comprende mejor la situación y puede tender a culpar a uno de los dos, y es normal. Durante esta edad, es bueno estar atentos a cualquier señal de estrés que puedan manifestar, como problemas en el colegio, peleas, rabia, ansiedad. Todos son síntomas normales y sanos de sentir, pero a los que hay que atender y contener explicándoles que no tienen ni un gramo de culpa o responsabilidad en la separación.

Es ideal que los dos padres construyan relaciones estables y ricas con sus hijos, aunque ya no vivan juntos. También que los niños puedan ver al que no está presente, aunque no sea el día definido en que le toca ver a los niños, sobre todo en el primer tiempo de ajuste a esta nueva vida. Para un niño de 3 años dejar de ver al papá por varios días puede ser muy triste y poco entendible. También es importante que ambos padres, desde sus casas, mantengan una cierta línea de crianza parecida a la que llevaban cuando estaban juntos. Es muy desestabilizante para un niño un cambio total en las reglas del juego. Y siempre, pero siempre, respetar la relación del hijo con el otro padre, aunque se estén odiando. El hablar mal del otro a un hijo es desvalorizar la relación que tienen. Tampoco es recomendable mandarle mensajes al otro usando de mensajero al niño: “dile a tu mamá que el domingo llego a las 9:00” o lo que sea. Si no se pueden hablar, usen el mail o whatsapp para intercambiar información sobre los niños, pero no se pasen mensajes a través de los hijos.

Una buena ayuda es buscar libros infantiles que ayuden a hablar de este tema. Yo recomiendo “El espejo en la casa de mamá/ el espejo en la casa de papá”. Las palabras claves que deben estar presentes cuando una familia está pasando por esta transición, para llegar a conformarse de otra manera son: comunicación, rutina, consistencia y anticipación. Los niños no son paquetes que van de una casa a la otra para pasar el fin de semana y ser devueltos el domingo en la noche. Ideal que ellos conozcan ese plan. Puede ser de gran ayuda que hagan un calendario donde en verde están los días que se van donde el papá y en amarillo los días que están con la mamá. Y siempre anticiparlos, sobre todo a los más chicos, el día que hay cambios, que nunca sean de sorpresa.

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