Los profesores y la autoestima de los niños

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Los profesores y la autoestima de los niños

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

En este gran rol de educar y criar existen también grandes y significativas figuras en la vida de nuestros hijos: los profesores y profesoras que los acompañan día a día durante todo un año, y a veces por varios años. Estas pueden ser muy positivas y carismáticas o altamente negativas y dañinas. Que levante la mano el que no tenga un profesor o profesora que lo haya marcado en la vida, para bien o para mal.

En general, el niño o niña que le va bien en el colegio, que no conversa en clases, que no “molesta” y que cumple con sus responsabilidades, no tiene grandes inconvenientes con los profesores, pero el tema tiene que ver con la relación que se produce entre profesores con aquellos niños y niñas que son más distraídos, más conversadores, más inquietos, quizás un poco desconcentrados y con un rendimiento promedio-bajo. Esos niños que en el ambiente de educación tradicional terminan siendo un constante inconveniente para el profesor y para el desarrollo de la rutina en la sala de clases. Y hasta son considerados un obstáculo para el colegio.

Son esos niños los que justamente necesitan más atención. Pero una buena atención-interacción, no de constantes categorizaciones y comentarios negativos que, además, ocurren al frente de los compañeros y compañeras. Saldrán muchos profesores al camino a escudarse con que la cantidad de niños imposibilita actuar de otra manera u otros que dirán que son muchos los niños con la misma actitud y que no ven cambios, lo que dificulta su labor diaria. Y sí, se puede llegar a entender porque somos capaces de imaginar lo difícil que debe ser mantener interesados a un grupo de preadolescentes inquietos y conversadores, pero lo claro es que probablemente no van a llegar a ningún resultado ni cambio positivo siguiendo el camino de la descalificación y de la interacción que atenta directamente contra la autoestima, que, por cierto, quizás ya está por el suelo. Porque generalmente el discurso interno y externo de esos niños es en negativo, habla de sus incapacidades, de lo que no pueden lograr, entregando una sensación de incompetencia e inferioridad.

Los profesores y educadores jugamos un rol determinante en la percepción y apreciación que un niño tiene de sí mismo. Y mientras mejor se sienta un niño consigo, logrará mejores resultados en la sala de clases. Lo mismo nos pasa a los adultos: mientras más confiados nos sentimos en nuestras habilidades obtenemos mejores resultados al momento de realizar un proyecto o completar una tarea. Como profesores es imperante que nos cuestionemos, que nos miremos y visitemos quiénes somos dentro de la sala, cómo están las interacciones con nuestros alumnos y niños a nuestro alero. ¿Cómo les hablamos? ¿Vemos realmente a cada niño o los estamos tratando a todos como un gran grupo?

Cuando los tratamos como un grupo homogéneo, pensando que es más “justo”, podemos generar un impacto negativo en ellos y en su autoestima, porque claramente en un grupo de 35 niños no son todos iguales. Cuando un niño no tiene sus necesidades emocionales satisfechas, puede no sentirse bienvenido y sentir que son una constante desilusión ya que no pueden cumplir con las expectativas propuestas para todo el grupo. Debemos encontrar el tiempo para realmente mirar y ver a cada uno de nuestros alumnos, conocer y entender su contexto familiar y ser capaces de ver su individualidad y necesidades particulares. Es parte de nuestra labor como educadores el tratar de darles algún grado de atención individualizada. Debemos establecer expectativas realistas para nuestro curso y luego metas para cada uno. Podemos incluso conversar con ellos sobre ser personas únicas y explicarles que todos tienen necesidades diferentes, para que nadie sienta un ambiente injusto.

Es urgente que también revisemos las palabras que usamos para dirigirnos a nuestros alumnos. ¿Cómo es nuestro discurso? ¿Está en negativo o en positivo? ¿Usamos palabras afectuosas o descalificadoras? ¿Estamos etiquetando a los niños con atributos negativos? Y aquí creo que, si nos encontramos en la categoría negativa y estamos siendo tremendamente descalificadores con nuestros alumnos, debemos parar en seco. Parar y evaluarnos, revisarnos y dejar que otros nos revisen también. Porque el impacto de este trato en un niño tiene poco y difícil reparo, además de ser muchas veces un daño invisible a los ojos de los padres o de otros profesores. Tratemos de siempre acentuar lo positivo, tengamos siempre en cuenta que la autoestima de un niño es cuánto ese niño se siente valorado, apreciado, aceptado y querido, y entendamos que jugamos uno de los roles más importantes en cuan bien o mal se sientan.

Seamos esos profesores carismáticos e inolvidables, esos que un niño o niña recuerdan para siempre. Y un profesor o educador que impacta positivamente en la autoestima de sus alumnos debe ser paciente con las necesidades y dificultades de cada alumno. No debemos nunca avergonzarlos, menos al frente de sus compañeros. Debemos ganarnos su confianza mostrándoles que confiamos en ellos. Debemos mostrarnos receptivos y positivos. Evitar comentarios que hagan que no se sientan inteligentes, escuchar sus preocupaciones e ideas. Convirtamos los colegios y jardines en un ambiente positivo. Que aprender sea entretenido.

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

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