Los puro teclado de la era Tinder

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Los puro teclado de la era Tinder

Por Miguel Arias Cerón / Ilustración: Paloma Moreno

Miguel Arias Cerón (@miguelarias) es psicólogo, presidente de la Fundación SerDigital.cl y autor del libro Radiografía del Chile Digital.

Paula.cl

Cada vez es menos raro toparse con personas simpáticas, proactivas e interesantes en redes sociales y aplicaciones de mensajería. Pero en persona nada de nada, o poco de poco. Los nativos digitales categorizan a este tipo de usuarios como Puro teclado: personas que han desarrollado una identidad digital y habilidades sociales online poco coherentes con sus habilidades sociales análogas o de cara a cara. Desde el falso canchero por WhatsApp hasta el que inventa silenciosamente un troll en Twitter para hacerle la vida a cuadritos a un jefe, luego de saludarlo cordialmente.

La reciente encuesta sobre Participación de Jóvenes, realizada por la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales arrojó en su sección Uso de redes de citas, vínculos y relaciones,  que un 49% de los jóvenes en Chile, entre 18 y 29 años, reconoce que aplicaciones como Tinder son un ‘buen lugar’ para conocer gente. Esperable para quienes nacieron en un contexto digital en el que interactúan cotidianamente a través de internet. Sin embargo, el hecho es que solo un 13% de los solteros en busca de una pareja, la utiliza.

Desear #Fuerza por redes sociales tiene mayor similitud con el primer nivel y las palabras de buena crianza. Tomar pala, realizar acción y subirse al bus para partir al voluntariado, se aproxima más al segundo.

Las dimensiones psicológicas son específicas, sutiles, diversas. Pero no siempre coherentes. Solo tres conceptos de la psicología clásica son necesarios para comprenderlo. La deseabilidad social, que evidencia el comportamiento de los jóvenes universitarios, quienes suelen pensar como espera el grupo y cambiar su respuesta desde lo correcto a lo incorrecto en, al menos, un 36,8% de las veces. Dos, entender que la actitud no predice la conducta y que la primera está más cercana a la opinión general y es vulnerable según contextos de autoridad: queremos lograr esa dieta y cumplir esa promesa de fidelidad. Podemos decir que algo es bueno y no hacerlo. Pero, lo interesante, es que las personas usan mecanismos para ajustar esas opiniones disonantes. Algo que hoy conocemos en los estudios clásicos de Festinger (1954) sobre la disonancia cognitiva: convencerse de una falsedad o error para mantener la coherencia en sus dichos no consistentes. El componente más fácil de modificar es el dicho, la opinión. El más complejo, es el patrón afectivo asociado a la conducta.

Así, las habilidades sociales de la realidad análoga y la realidad digital se complementan e incluso pueden compartir algunas reglas y el mismo contexto tempo-espacial. Y es aquí donde surge el real desafío: el de la coherencia.

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