“Me encantaría que por cada fallecido, se plantara un árbol a su lado”. El rincón verde de Gustavo Sagredo

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“Me encantaría que por cada fallecido, se plantara un árbol a su lado”. El rincón verde de Gustavo Sagredo

Por Victoria Misito / Fotos: Constanza Miranda

“Mi amor por la naturaleza comenzó desde que era un niño. Siempre fue parte de mi vida porque gracias a ella podíamos parar la olla. Yo trabajaba en la cuesta con mi santa madre, cosechando todo tipo de legumbres para los patrones. Nosotros éramos 13 hermanos y mi papá era alcohólico, así que no nos quedaba otra que movernos porque el hambre nos hacía hacer cosas. Me acuerdo que un día casi maté a mi hermano con la picota mientras sacábamos unos porotos. La tiré con todas mis fuerzas hacia atrás y le rompí la cabeza, porque no sabía que él estaba ahí. Siempre bromeo con que todavía está atontado.

Cuando ya era un poco más grande, empecé a trabajar como canillita, vendiendo diarios y libros. Me iba harto bien, así que junté un par de luquitas y armé una especie de librería. Lo chistoso era que la gente me preguntaba más por las plantas que había puesto para decorar que por lo que realmente vendía. Ahí me di cuenta que la naturaleza les llamaba mucho más la atención, y decidí poner mi propio vivero.

Las plantas para mí son todo. Son vida y me he sacado la mugre por ellas.  Me gusta pensar en la idea de que todo ser humano puede seguir siendo útil una vez que muera gracias a la naturaleza. Me encantaría que por cada fallecido, se plantara un árbol a su lado. Así, cuando uno va a visitar la tumba, se encuentra con un bosque formado por miles de almas. Creo que es mucho más lindo hacer eso porque siento que los cementerios son como un basural.

A mí todas las plantas me recuerdan algo. Me gusta mucho subir al techo, apagar las luces y mirar el cerro. Todos los árboles tienen una silueta que representa a alguien. Puede ser un ser querido, un animalito, un personaje, un minero. Y mi rincón verde me recuerda a mi mamá, porque fue ella la que me enseñó todo lo que sé para cuidarlas. Pese a que nunca fui al colegio, ella siempre hizo lo posible para transmitirme todos sus conocimientos. Su mejor consejo fue la perseverancia. No hay que apurar los procesos de la naturaleza. Yo prefiero que se tomen su tiempo. Para mí las plantas son como seres humanos y necesitan respeto. Me han dado hijos y me han enseñado a criar. Siempre bromeo con que soy muy fértil, porque tengo como mil críos al día.

También debo reconocer que he tenido un poco abandonado mi vivero. Vengo saliendo de una crisis emocional porque se me fue el ser más querido del mundo, mi mamita, hace cuatro años. Y hace dos que me vino el bajón y la verdad es que no tenía ganas de hacer nada. Es que yo era muy mamón, ella era mi vida y no fue fácil verla morir. Sin embargo, mi pareja Lidia me ayudó a salir adelante, y ahora los dos estamos reconstruyendo nuestro rincón verde. Me da mucha lástima pensar que mis plantitas tuvieron que pagar las consecuencias, porque ellas sienten todo. Se dieron cuenta que yo estaba mal. Ahora me preocupo de transmitirles alegría para que se pongan alegres. Me gusta cantarles rancheras y cumbia.

No tengo planta favorita, de verdad que me gustan todas por igual. Pero la que hace más feliz a mis clientes es la Espuela de Galán, porque muchos se han sanado del colón gracias a ella. Es que eso hacen las plantas, son muy medicinales. Yo trato de usarlas cuando estoy mal, no me gustan los remedios. Para los dolores de cabeza como orégano y para la guata como paico o ruda. El romero es muy bueno para quitar la pena, hay que hacer la agüita de las carmelitas y cuando se muere alguien, hay que llevarla al funeral para aliviar el dolor”.

Gustavo Sagredo tiene 66 años y es el dueño de Vivero El Palote, ubicado en Olmué. 

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