Niñas y niños autónomos e independientes

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Niñas y niños autónomos e independientes

Por María José Buttazzoni / Ilustración Holly Jolly

Nuestra manera de criar se configura o determina por muchos factores: nuestra propia crianza e infancia, las carencias tuvimos, nuestros miedos e inseguridades de niños, de los aspectos que nos reforzaron positiva o negativamente. Muchas de nuestras experiencias pasadas nos influencian a la hora de tomar decisiones con nuestros hijos, y éstas pueden ser o no las más apropiadas o convenientes para sus necesidades.

Muchas veces replicamos conductas o estilos que nuestros padres aplicaron con nosotros, pero que no necesariamente concuerdan con nuestro estilo de crianza, sino que pareciera que se quedan con nosotros por la fuerza de la costumbre. ¿Les ha pasado alguna vez decirle algo a un hijo y darse cuenta que todo lo que dijimos, incluso el tono de voz, es algo aprendido y les salió idéntico al de su mamá o papá? Dentro de estas cosas y estilos que replicamos, está la mala costumbre de hacer todo por los niños y no dejarles ningún espacio para desarrollar su autonomía. Caemos en vestirlos, darles la comida en la boca, afirmarles el vaso para que tomen agua, ponerles el abrigo, lavarles las manos, y así, con muchas acciones que ellos pueden, al menos, intentar hacer por sí solos.

Además, no les damos responsabilidades ni los hacemos partícipes de las labores de la casa, como poner la mesa, recoger los platos sucios, o que recojan la ropa que se sacaron y la dejen en el canasto de la ropa sucia. Si nunca los dejamos hacer estas acciones, ¿cómo esperamos que aprendan? ¿Cómo criamos adultos funcionales, independientes y autónomos?

Un estudio longitudinal, hecho en la Universidad de Minnesota durante 25 años, arrojó que el mejor predictor del éxito en un adulto se basaba en si esos niños habían tenido responsabilidades y tareas domésticas desde una edad temprana, partiendo desde los 3 años. Esas tareas y responsabilidades compartidas se traducen en un sentido de la responsabilidad en otras áreas de la vida durante la adultez.

Para los niños, ser parte de la rutina de la casa los hace desarrollar conciencia por lo que pasa a su alrededor, de las necesidades de los otros, y a la vez, contribuye en un bienestar emocional para ellos, ya que se consideran necesarios en el funcionamiento familiar.

A pesar de que sabemos que darles tareas de la casa a los niños es algo bueno y que traerá beneficios posteriores, también sabemos que no es fácil diseñar este plan de acción donde los niños tienen su set de responsabilidades, ya que además, requiere de un adulto supervisando y repitiendo mil quinientas veces lo que tienen que hacer y cómo tienen que hacerlo para que a uno no se le duplique la tarea de limpiar después de que ellos “ayudaron”.

Y a pesar de que, en general, todos queremos niños con sentido de responsabilidad y que se preocupen por el resto, podemos caer en enviarles a nuestros hijos mensajes equivocados o no alineados con lo que queremos para ellos, formando niños más centrados en su propia felicidad y complacencia.

¿Cuál es la clave? Partir hoy mismo con este plan, que tiene una intención y consistencia. Intención en el mensaje: el porqué hacemos lo que hacemos; y consistencia en que sea realmente una rutina para que eventualmente se transforme en un hábito. Pero lo más importante y lo más difícil, es insistir y persistir en el plan, ya que probablemente un niño se va a demorar tres veces más en hacer algo que nosotros hacemos en 5 segundos, por lo que podemos caer en la tentación de decirles: “yo lo hago”. Debemos resistirnos.

¿Y pagarles algún tipo de mesada por estas responsabilidades? Puede ser. Pero si estamos tratando de enseñarles responsabilidad, pagarles enchueca el mensaje. No es un trabajo, es un deber familiar. Es cooperar con el funcionamiento de una casa compartida por varias personas, entre esas, ellos mismos.

¿Qué tarea es ideal para cada edad? A partir de los 2 años, un niño puede ayudar a hacer una cama, recoger sus juguetes con ayuda y guía del adulto, y puede llevar su ropa sucia al lugar donde se deja. También puede ayudar a darle comida a la mascota de la casa. E incluso limpiar algo que se haya caído al suelo.

Entre los 4 y 5 ya pueden vestirse solos y estirar su cama. Pueden acarrear sus mochilas y chaquetas, ordenar su pieza, lavarse la cara y las manos solos. También pueden poner la mesa, sacar platos sucios y llevarlos al lavaplatos y ayudar en preparar la comida.

Entre los 6 y 7 años, ya se pueden lavar los dientes solos, bañarse de manera independiente con un poco de supervisión, peinarse y elegir su ropa. Pueden barrer y limpiar alguna área de la casa, ayudar a guardar ropa limpia. Incluso cargar y descargar la lavadora de platos.

Y entre los 8 y los 11, ya pueden estar a cargo de su higiene, mantener sus piezas limpias y ordenadas, hacer sus tareas y responsabilizarse por sus mochilas. Son capaces también de lavar platos, el auto, prepararse alguna colación, aprender a usar la lavadora y sacar la basura.

Para criar niños autónomos e independientes y no acostumbrarlos a que esperen a que otros hagan las cosas por ellos, es fundamental que tengan estas responsabilidades dentro del funcionamiento de la casa. Aunque va a requerir trabajo de nuestra parte, es un esfuerzo que vale la pena hacer. No darles responsabilidades y tareas compartidas, es privarlos de la oportunidad de sentirse útiles y de que sientan la satisfacción de esforzarse por algo y lograrlo.

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