No es no

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No es no

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

Después de estos últimos dos años cargados de denuncias de abusos sexuales y acoso, donde finalmente miles de mujeres se han atrevido a sacar la voz (con todo el pánico que debe significar abrir esa puerta) personalmente, como mamá de tres niños y una niña, me he empezado a cuestionar firmemente cómo se enseña a los hijos hombres a respetar a las mujeres y a entender un no. Y a hacerlos pensar en cómo ven a las mujeres representadas. La partida, más o menos obvia, es lograr que los niños entiendan qué son los límites y qué es el respeto. No basta con decirles, por ejemplo: “debes respetar a tus amigas”, sino que deben entender primero qué es respetar, el significado de esa frase.

Debemos para esto modelar un comportamiento de respeto. Si niños y niñas ven en la casa un modelo donde existe ese respeto, donde las tareas se comparten entre la pareja y buen trato en general, es eso lo que van a aprender. Pero si es lo opuesto, y se dan situaciones en que una mujer no es bien tratada o es humillada y nadie hace nada, lo más probable es que se repita ese modelo en la adultez. Un niño está muy atento a cómo otros hombres que lo rodean, tratan y les hablan a las mujeres que los rodean, y cómo hablan de ellas. Por ejemplo, si como padres vemos una situación pública en donde alguien insulta o maltrata a una mujer, nuestra reacción va a valer más que mil sermones. O si en una película o en la televisión vemos situaciones abusivas, faltas de respeto, o que de alguna manera denigran a una mujer (o a un hombre), es también un muy buen momento para intervenir y reflexionar.

Creo que es bueno aprovechar que el tema está sobre la mesa y usar esta oportunidad para conversar con los hijos guiando y filtrando la conversación según la edad, por supuesto. Con niños más chicos, podemos tener diálogos que tengan que ver con empatizar con la idea de que tenemos derecho a decir que no cuando no queremos que alguien nos haga algo que no nos hace sentir bien. También, conversar sobre respetar el propio cuerpo y el de las otras personas. Estas conversaciones sientan las bases para que, a medida que vayan creciendo, podamos ir agregando información más explícita. Para llegar a hablar con nuestros hijos e hijas, en la adolescencia, sobre qué es el consentimiento.

Es importante revisar también frases que tenemos incorporadas y que tienen relación con cómo les hablamos a los hombres. ¿Quién no escuchó cuando chico la frase “los hombres no lloran”?. ¡Pero sí! Los hombres lloran y está bien que lloren. Porque tienen emociones que deben conocer, reconocer y experimentar. No creo que debamos hablarles distinto a cómo le hablaríamos a una hija. No creo que debamos tratarlos con más dureza y violencia solo porque son hombres. Estas conductas aprendidas, las “del machito”, debemos repensarlas, ya que van directamente relacionadas con el hombre adulto que queremos formar.

Otra forma de enseñar respeto es asignarles a los hijos las mismas responsabilidades, sin importar si es niña o niño. Suele ocurrir que a las niñas se les asignan las tareas de la cocina, mientras que a los hombres se les asigna, por ejemplo, lavar el auto, que es mil veces más entretenido. También pasa que a las niñas se les asignan mayor cantidad de tareas de la casa que a los niños. Cuando lo ideal es rotar equitativamente todas las responsabilidades que les asignamos.

Por último, enseñarles a entender la potencia del NO. Sé que todos los que estamos en etapa de crianza tenemos esta batalla de decir que no a algo, y que no nos hagan caso, o que el nivel de insistencia sea casi inaguantable. Pero no podemos ceder. Es importante que nuestras hijas e hijos entiendan que el no, no es un sí más rato. Que el no es una negativa a algo. Significa que no queremos algo. Y esto se enseña desde los primeros años. Como siempre, los cimientos son a esta edad. No tiene vuelta que hayamos dejado que un hijo hiciera lo que se le dio la gana, que le pegara al hermano, que le quitara los juguetes a pesar del no rotundo y que no entendiera límites. El resultado de esa ecuación sin duda será un adolescente y luego un adulto no contenido, sin límites, y sin comprensión de estos. Y lo más grave, sin ninguna tolerancia al no. Nunca es muy temprano para comenzar este tipo de conversaciones y enseñarles sobre el consentimiento. Es una herramienta para la vida. En cualquier ámbito.

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

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