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11 octubre, 2017
orla

No tomamos anticonceptivos

Respuesta del lector Felipe Rubilar M., ingeniero civil, a la columna de Catalina Infante B., publicada en Paula.cl.

Por Felipe Rubilar / Fotografía: Andrew Welch de Unsplash.com


Escribir este testimonio me resulta muy difícil. Para empezar, soy hombre y nunca he sentido los efectos de las hormonas artificiales sobre mi cuerpo, pero al leer la columna de Catalina Infante – publicada en Paula.cl el pasado 25 de julio–, me animé porque sentí que era justo contar lo que a mi pareja y a mí nos había pasado; que a su discurso le faltaba esta contraparte.

Un día cualquiera, hace ya 2 años aproximadamente, mi pareja me contó que quería dejar de usar anticonceptivos. En su caso, ella usaba una inyección hormonal una vez al mes. Su reflexión: es tóxico e invasivo con el cuerpo, interrumpe un ciclo natural, aplana y priva de emociones y disminuye el deseo sexual. No buscábamos ser papás, lo que pasaba era que el haber usado algún método anticonceptivo durante toda su adultez le hacía desconocer el comportamiento natural de su ciclo y cómo su cuerpo se veía afectado por él.

Mi pareja comenzó a tomar pastillas anticonceptivas con el fin de disminuir dolores intensos durante la regla, además, tenía un diagnóstico de endometriosis. Cuando la conocí, recuerdo que le resultaba difícil el recordar tomar “la pastilla” todos los días. Por lo que me contaba, a todas sus amigas les pasaba lo mismo. Era muy común sentir en medio de una junta, las alarmas de los celulares para ir a tomar “la pastilla”. Los hombres hacíamos vista gorda y en algunos casos bromeábamos al respecto. Creo que ahí fue la primera vez que sentí que las mujeres se sienten obligadas a asumir toda la responsabilidad frente a la prevención del embarazo. Lo anterior, a costa de su propia salud, ya que esto va contra el flujo hormonal normal de la mujer. Mi única contribución durante todo este periodo fue recordar la ingesta diaria del medicamento, recordar la fecha de inicio del periodo anterior y estimar la llegada del siguiente (siempre a beneficio propio) con el fin de no quedar embarazados. Un error común, que cometí en muchas ocasiones, fue creerme “ginecólogo experto” debido a tantos años juntos, pero en realidad admito que uno no sabe nada.

El uso de “la pastilla” le resultó cada vez más incómodo. La llegada del periodo 2 veces al mes y una regla excesiva –que le provocaba anemia y otros efectos secundarios–, llamaron a probar un nuevo método. Es ahí cuando ella decidió cambiar a la inyección mensual. Todavía recuerdo que su cuerpo experimentó muchos cambios cutáneos durante ese periodo. ¡Fue impresionante! Si uno lo piensa, en un día ella recibía una cantidad de hormonas que acumulan la ingesta de todo un periodo. Tardó un par de años regular su ciclo menstrual. Mi contribución cambió. Ahora era el encargado de recordar las fechas de la regla, junto con comprar y acompañar a la colocación del pequeño “pinchazo”. Lo anterior lo digo porque apuesto que ninguno de nosotros haría ese sacrificio todos los meses por nuestras parejas. En mi caso, soy muy cobarde frente a las agujas y creo que no duraría con un método de este estilo.

Tal como comenté al comienzo, ya van casi 2 años desde que no tomamos anticonceptivos. No recordamos la fecha exacta. Tampoco se lo comentamos a su ginecólogo. Creímos que no nos apoyaría debido a su deber de prevenir el embarazo, muchas veces desde la presión de usar un método femenino. Lo conversamos, y acordamos que yo asumiría toda la responsabilidad frente a la prevención del embarazo y que ella por primera vez descansaría frente a este tema. Al principio estaba muy asustado, no queríamos ser padres todavía, pero creo que mi miedo venía desde la ignorancia. Es sencillo, existen métodos de prevención desde el punto de vista masculino. El que más me hace sentido a mí es el preservativo. Es de fácil acceso, versátil y, además, previene infecciones. La diferencia: no invado mi cuerpo con sustancias químicas que cambian mis ciclos ni mi comportamiento habitual.

Hace poco le conté todo este cambio a un amigo. Recuerdo que su primera reacción fue: “¿Por qué?”, me costó explicarle lo que estoy relatando aquí. Ojalá con esto quede todo claro.

El dejar de tomar anticonceptivos creo que ha sido una de las mejores decisiones que hemos tomado como pareja a lo largo de nuestra relación. Mi pareja se “desintoxicó” luego de un par de meses y veo que se siente totalmente distinta. La veo más natural, más mujer, hasta más hermosa. Su cuerpo se autorreguló, el sangrado disminuyó y el dolor menstrual por el cual había sido recetada hace un par de años bajó mucho. Por lo que me cuenta, se siente más libre, sin ataduras de días ni fechas, y ha podido sentir todo lo que conlleva el no cargar con hormonas ajenas. La veo feliz y plena, por lo que insto a otros hombres a ponernos en el lugar de nuestras parejas y contribuir de forma más activa respecto a este tema.

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