Once del recuerdo

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Once del recuerdo

Por @PROYECTO.ONCE / Fotos: Constanza Miranda

Sobre crecer en una casa con doce personas en el paradero 26 de Gran Avenida y tomar onces cundidoras y llenas de nostalgia, habla la publicista Tania Libertad.

“Hay una canción de Chavela Vargas que dice que uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida y eso es para mí la casa de mi abuela. Me crié en una casona en La Cisterna donde vivían 11 personas adultas: mi mamá, sus papás y sus ocho hermanos. Ella era muy joven cuando me tuvo, así que, de una u otra forma, todos estaban a cargo de mi crianza.

Alimentar a una docena de personas es un caos cuando no tienes muchas lucas, así que la once era el momento en que podíamos comer barato y más contundente. Recuerdo una tetera gigante arriba de la cocina, algo dulce y oloroso haciéndose en el horno y una paila enorme llena de huevos revueltos con tomate, con cebolla o con restos de carne picada del almuerzo. Todo lo que se hacía era cundidor, porque además de ser muchos, mi abuela, Norma del Tránsito, vivió su infancia en Puerto Montt y creo que eso la hacía querer abrigarnos con comida.

La hora de once era el momento en donde nos juntábamos todos y hacíamos una sobremesa eterna que duraba hasta la comida. Se conversaban cosas duras, como cuando mi tía se cambió de carrera sin contarle a nadie o cosas que tenían que ver con mi crianza, pero también hablábamos cosas muy domésticas, como si cambiábamos el espejo del baño o no.

Esa nostalgia de la casa de mi abuela hace que ahora en mi departamento siempre hayan huevos. Siempre. Porque el olor del huevo cocinándose me remonta directo a esos años felices de mi infancia. De hecho, cuando mi pololo prepara la once ya no me pregunta qué quiero comer, la pregunta es si lo quiero a la copa, frito o revuelto.

Creo que haber vivido todo esto me hizo la señora que soy ahora, que celebra su cumpleaños con una once y que elige libremente venir una y otra vez al Villa Real de Pedro de Valdivia. Aquí las mesas se llenan con señoras y también con mis amigos y yo. Pienso que la once es un abrazo constante que lleva algo dulce, algo salado, pan y un té sin fin. Es un alto en el tiempo donde podemos querernos un rato y conversar con calma lo que pasó en el día. Amo la once y por eso hoy me la tatué”.

Tania Libertad (33) es publicista, directora creativa de Agencia Fauna, activista feminista en la agrupación Publicitarias y trabaja en el área de redes sociales del Observatorio Contra el Acoso Chile.

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