Padezco de una enfermedad mental

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Padezco de una enfermedad mental

Por Carla Guelfenbein / Ilustración Consuelo Astorga

He llamado su atención, ¿verdad? Esa es la idea. Hace unos días, en uno de mis talleres, a propósito de un cuento, surgió el tema de la salud mental. Uno de los personajes padecía de bipolaridad. A pesar de que en los talleres no aliento confesiones que no estén mediadas por una historia escrita, fue inevitable que el tema traspasara los límites impuestos. Poco a poco, con pudor, descubrimos que todos teníamos a alguien cercano que padecía algún tipo de problema mental.

La gente piensa que es vergonzoso, pues se cree que es sinónimo de debilidad, de fracaso, y que si quien la padece fuera más fuerte, más capaz, no la padecería. Si son nuestros hijos quienes la padecen, entonces somos un fracaso como padres. Tanto es así que hoy en Chile si llegas a un consultorio con un esguince la isapre cubre desde un 60 a un 70%, pero si vas por una depresión solo te va a cubrir un 18%.

La enfermedad mental es considerada un lujo y un fracaso personal. Esta dificultad en abordar el tema también radica en que no hemos encontrado una manera respetuosa, constructiva y responsable de hacerlo. Incluso nos resulta difícil nombrar las palabras: “enfermedad mental”, porque representan una realidad con la cual no queremos tener relación.Muchos medios han vetado el tema, argumentando que de esta forma se evitarán, por ejemplo, los suicidios, pero uno de los elementos que subyace dentro de su veto es su ignorancia de cómo tratarlo.

Una de las editoras de TED, Thu-Huong Ha, reunió a expertos en el tema con el fin de abrir un camino. La primera recomendación que nos hacen los expertos es la de NO definir a una persona por su enfermedad mental. Necesitamos poder hablar de los desórdenes mentales de la misma forma que lo hacemos con cualquier otra enfermedad.

La segunda recomendación es impedir la relación criminalidad-enfermedad mental. Los incidentes de violencia por personas con alguna discapacidad mental son aislados, y eso no hace que cualquier individuo que las padezca sea criminal, agresivo o peligroso. Sí recomiendan, en cambio, estrechar la relación entre padecimiento mental y suicidio. De acuerdo con sus estudios, una persona no se suicida porque lo dejó su pareja o porque le hicieron bullying, sino porque padecía algún tipo de depresión, y las circunstancias fueron las detonantes.

Todos los expertos están también de acuerdo en que hay que erradicar las palabras como ‘loco’, ‘psyco’, ‘lunático’, ‘chiflado’, palabras que empezamos a usar desde niños para referirnos a personas que no nos gustan, otorgándoles connotaciones denigrantes y negativas. Otra recomendación es que si alguien la padece y no tiene problemas para hablar de ella, que lo haga. Su aporte puede ser valioso no solo para personas con experiencias similares, sino también en la desmitificación del tema.

También consideran importante reconocer las contribuciones que han hecho personas que padecían algún tipo de disfunción mental. El padre de la teoría de la gravedad, Isaac Newton, los músicos Mozart y Beethoven, o el propio Einstein padecieron trastorno bipolar. Van Gogh sufrió de psicosis, e incluso Darwin tenía trastorno del pánico.

Sí, tal vez padezco de una enfermedad mental, la de querer hablar abiertamente de las enfermedades mentales y quitarles por fin el estigma y la discriminación, aunque me tilden de loca.

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