Preteens: la transición entre la niñez y la adolescencia

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Preteens: la transición entre la niñez y la adolescencia

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

El preteen o preadolescente es el niño y niña entre los 8 y los 12 años. A ellos se les llama también tween, derivado de between y que hace referencia a los años que están entre la niñez y la adolescencia. Los que tenemos hijos de esta edad, hemos empezado a ver ciertas conductas adolescentes. Puede que comiencen a sentir vergüenza de nosotros o a hacernos sentir como que no nos necesitan. Pueden mostrar gran habilidad para argumentar de manera brillante algo que quieren conseguir, o tener una posición clarísima frente a algo, pero luego tienen una pataleta, llanto, o hacen alguna tontera que nos sorprende. Y es porque aún son niños.

La pre adolescencia es una transición, y como todo período de transición, viene lleno de desafíos y frustraciones, lo que  requiere de adaptación tanto para los niños como para los padres. Durante este tiempo ocurren muchas cosas nuevas: cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales. Comienzan a desarrollar una nueva independencia, y quieren probar qué tan lejos llega esa independencia y cuánto pueden estirar el elástico de los límites puestos por nosotros. Es muy fácil caer en creer o pensar como ellos, y que efectivamente nos necesitan menos, pero la verdad es que nos necesitan más que nunca. Es en esta transición donde debemos reforzar nuestros lazos, comunicación y cercanía para atravesar (junto a ellos) una adolescencia con menos turbulencias.

Es importante respetar esta nueva autonomía y esta nueva versión de nuestros hijos. Esto incluye que se alejarán un poco de nuestro lado para apoyarse más en sus amigos. Y eso no hay que traducirlo en rechazo ni comportamiento oposicionista. Para lograr mantener una comunicación abierta, debemos cambiar el estilo de cómo preguntar. Cuando son más chicos hacemos preguntas directas tales como: ¿cómo estuvo el día? ¿Con quién jugaste? Pero en esta nueva etapa, estas preguntas les van a parecer insoportables y muy intrusas, por lo que es mejor tomar un lugar más pasivo, de escuchar más que preguntar. Quizás puede ser una buena estrategia encontrar un tiempo solo con ellos y para ellos durante la semana, por ejemplo, salir a caminar o andar en bicicleta. Es así donde sentirán el espacio para ir contándonos lo que están pasando o sintiendo. Algunas veces quizás necesiten que busquemos con ellos alguna solución, pero otras solo estarán esperando nuestra empatía y oído, por lo que es importante no juzgarlos ni emitir juicios de otros niños, ya que eso los puede alejar de nosotros. Si nos cuentan algo que nos dan ganas de explotar de enojo, el ideal es que no explotemos. Lo mejor es respirar hondo, tomarse un tiempo para pensar y tratar de entender el punto de vista de ellos. Podemos hacerles muchas preguntas para tratar de entender y pedirles que hablemos del tema en otro momento, cuando nos hayamos calmado. Enojarse y no respetar lo que están viviendo y contándonos solo hará que se alejen y no nos quieran hacer parte de sus vidas.

Una buena forma de conectarnos con ellos es sentarnos y ver lo que estén viendo, por ejemplo, en la televisión. Así nos conectamos con sus intereses y seremos capaces de reírnos con lo mismo que ellos se ríen, pudiendo aparecer temas que ellos necesiten conversar con nosotros. Es también muy importante dejarlos sentir. Durante esta edad comienzan a aflorar miles de sentimientos nuevos, y algunos más abrumadores que otros. Muchas veces mostrarán signos de rabia y enojo que debemos ser capaces de acoger y aceptar, dejando que sigan su curso y no pidiéndoles que paren de estar enojados. Además, esta rabia o poco control de los impulsos está dada por la manera en que se desarrolla el cerebro y el área que controla el manejo de impulsos no madura completamente hasta los 25 años, por lo que no queda otra que desarrollar aún más paciencia.

Es importante darles el espacio necesario para crecer y expandir su personalidad, pero es importante seguir reforzando las reglas de la casa y familiares. Quizás puedan pedir un poco de privacidad, sobre todo quienes tienen muchos hermanos, y está bien darles esa privacidad a cambio también de cooperación en las tareas de la casa. En cuanto a horas de sueño, es probable que empiecen a querer permanecer despiertos hasta más tarde y no acostarse a las 8:30 como cuando eran más chicos, pero es importante no perder de vista que un niño a esta edad necesita entre 9 y 10 horas de sueño nocturno. La falta de sueño solo empeora su carácter.

Mantenernos disponibles, cercanos y siempre dispuestos a escucharlos es una buena partida para prepararnos para los años de adolescencia y mantenernos dentro de sus vidas y no ajenos a lo que están pasando. También es una buena idea encontrar y fomentar sus intereses y hobbies, tales como un instrumento de música, deporte o lectura, ya que serán loa grandes compañeros de un adolescente encerrado en su pieza.

Una buena recomendación de lectura para esta edad es la saga Gerónimo Stilton. Para los que ya están más cercanos a los 12, Harry Potter puede convertirse en un gran descubrimiento. Quizás es un momento para encontrar y armar con ellos una buena cantidad de intereses y herramientas, permitiéndoles entrar a la adolescencia llenos de hobbies.

 

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

 

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