“Respira hondo y escucha el sonido de tu corazón”, Sylvia Plath

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“Respira hondo y escucha el sonido de tu corazón”, Sylvia Plath

Por ARIEL RICHARDS / ILUSTRACIÓN: GERTRUDIS SHAW

Los astros, influenciados por el eclipse de la semana pasada, hablaron y apuntaron una carta controversial. Se trata de la talentosa Sylvia Plath. Esta poeta norteamericana vivió su vida entre lo ideal y lo trágico, entre la belleza y la angustia. ¿Te suena familiar? A veces todas nos sentimos un poco así, integrando las dos caras de una misma realidad. Era preciosa, brillante y sensible, pero también cargaba con heridas, fantasmas y una historia de la que no se pudo hacer cargo. Sin embargo, ocupó su experiencia para hacer arte. Su nombre es sinónimo de poesía confesional y sus versos ocupan lo cotidiano para transmitir la belleza y la angustia de la vida. Por eso su carta apunta a lo íntimo, nuestra vida puertas adentros.

Se dice que Sylvia Plath podía expresarse con una “cotidianidad apabullante” y estar al día con las luchas feministas de este momento histórico. Combatía el ideal de belleza creado por los hombres, pero a los pocos días manifestaba que una mujer que no fuera mamá no era una “auténtica mujer”. Los contrastes de su pensamiento son los contrastes propios de una época y de una mujer con dos extremos. Su carta es día y noche, luz y oscuridad. Como su ánimo: fluctuante. Esta heroína es difícil de encasillar, se debate entre dos estados constantemente. Pasa de la euforia y nostalgia como si fueran vecinos.

Tenía ocho años cuando creó su primer poema y empezó a escribir su diario tras la muerte de su padre. ¿Sus primeros temas? La muerte y el corazón roto. Siendo una niña, Sylvia tomaba oscuros apuntes sobre el duelo, a los que les daba la misma importancia que sus penas de amor. Dick, su pololo de su época, le fue infiel y ella le dedicó varias páginas a los sentimientos que esa traición le producía. No tenía miedo a enfrentarse a su lado oscuro. Era tremendamente auto-exigente y le gustaba destacar en todo lo que hacía. Su carta es un recordatorio de perseverancia, trabajo y un llamado a pulir nuestros talentos.

Mandaba sus textos a concursos y durante su juventud obtuvo importantes premios nacionales. Siempre quiso ir a la universidad y cuando salió del colegio consiguió una beca completa en Smith, uno de los mejores colleges de mujeres en los Estados Unidos. Ahí floreció. Estudió literatura y trabajó como profesora, que era parte de las condiciones de su beca. Eran épocas desafiantes para el feminismo y lo cierto es que el lugar de las mujeres en muchas de las universidad norteamericanas era prepararlas para ser dueñas de casa y ser una buena esposa. Pero eso no era lo único que Sylvia quería.

En sus diarios íntimos asume que quería casarse y tener hijos, pero quería hacerlo con alguien inteligente y brillante. Quería estar junto a un hombre “masculino, fuerte e imponente”. La niña frágil, sensible, inteligente e insegura se convirtió en una joven apasionada que quería amar y ser amada. Si hay un elemento que predomina en esta carta del oráculo es el corazón. A los 25 años, en Inglaterra, conoció al hombre de su vida. En una fiesta le presentaron al guapo Ted Hughes, un hombre alto y misterioso que siendo muy joven ya era un poeta excepcional. Para conquistarlo, Sylvia le recitó poemas escritos por él y bailaron toda la noche. Después Hughes diría que “el sistema solar nos casó esa noche”. Y de hecho, se casaron legalmente tres meses después.

Durante esta época, Sylvia se sometió a un durísimo psicoanálisis que le hizo revivir la conflictiva relación con su madre, y exploró sus más profundas heridas, arrastradas desde su infancia. Su carta es una carta que usa la introspección como herramienta y nos llama a mirar adentro. Trabajó en la universidad, como escritora freelance y como dueña de casa. Vivió junto a su marido en Cambridge y Boston. Fue mamá de dos niños y entre medio se hizo un aborto. Jamás dejó de escribir. Escribía sobre la maternidad, la muerte y lo cotidiano. Se despertaba en la madrugada, “la hora azul” como le decía ella, a escribir sobre sus experiencias, observaciones e inquietudes. La desesperanza es clave en sus textos, pero siempre está atravesada por la belleza. “Le hablo a Dios pero el cielo está vacío”, escribió en uno de sus poemas.

La literatura fue para ella una forma de darle cauce a sus luces y sombras, por lo que su carta es un llamado a buscar nuestros métodos de expresión para entender quiénes somos. Y para hacerlo, ella lo hacía desde un lugar honesto. ¿Debió haber sido difícil? Sin duda, pero ella sabía como volver a su centro. “Respira hondo y escucha el sonido de tu corazón”, decía. La escritura de Sylvia Plath es honesta y brutal, pero jamás estridente. Tiene un tono perturbador, calmado y hermoso. Sus versos tienen un compás confesional e íntimo, es como si la escucháramos decirnos al oído lo que siente.

A los 30 años publicó su novela “La campana de cristal”, un texto autobiográfico que exploraba las complejidades de la identidad femenina en todos sus aspectos. Lo hizo bajo el seudónimo Victoria Lucas y no tuvo miedo a exponerse con sus sombras, como lo hacía también en sus poemas. “Estoy aterrada de esta casa oscura / que vive dentro de mí”, escribió en uno de sus versos, El 11 de Febrero de 1963, ya separada de Ted Hughes, sometida a varias terapias de electroshocks, enferma, sin plata y atormentada, Sylvia abrió la llave del gas y se suicidó en la pieza que arrendaba en Londres. “Morirse / es un arte / como todas las otras cosas. / Lo hago excepcionalmente bien. / Lo hago para que se siente como el infierno. / Lo hago para que se siente real”, había escrito antes. Su ex marido se dedicó a recopilar y publicar su obra de forma póstuma.

Entre todas sus obras, su poemario “Ariel” marca un punto de inflexión. Es un hito en la historia de la literatura contemporánea, porque abrió una puerta hacia una poesía confesional. En el año 1981, Sylvia Plath recibió el Premio Pulitzer por su obra poética recogida en “Poemas Completos” y un año después aparecieron publicados sus “Diarios”, que hoy están traducidos al español y leerlos es hacer un viaje al hermoso y terrible interior de esta mujer. No hay que tener miedo de leerla y conocerla, su obra es brutal, pero preciosa. Como sus escritos, la carta de esta semana es un llamado a respirar y escuchar.

Sugerencia: Incorpora la sombra a la luz en tu vida y vice versa. Nunca somos sólo una cosa. Empieza a anotar lo que piensas y lo que sientes en un diario o blog.

Color: Rojo, el color que más aparece en sus versos.

Número de la suerte: 22, la cantidad de veces que aparece el color rojo en los poemas de Sylvia Plath.

¿Estresada? Date un baño de tina con agua caliente. “Debe haber cosas que un baño de agua caliente no pueda curar, pero no conozco muchas. Siempre que estoy triste a morir, tan nerviosa que no puedo dormir o enamorada de alguien que no veré en una semana, me desplomo y digo: ‘Voy a tomar un baño caliente’”.

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