Mi rincón verde: Cristóbal Macho

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Mi rincón verde: Cristóbal Macho

Por Victoria Misito / Fotografía Valentina Bird

“Me acuerdo que mi primera planta fue una Monstera. Al principio pensaba que solo servían para decorar, hasta que ella me demostró lo contrario. La veía todos los días y me daba cuenta que sus hojas se estaban poniendo amarillas. Me sentí súper irresponsable. No entendía cómo se podía morir una planta si supuestamente solo necesitaba agua. Me volví un poco loco. Googleaba todo el tiempo ideas para salvarla. Le suplicaba que viviera. Y de repente, renació. Le salió una hoja y me sentí increíble. Mis cuidados habían valido la pena. Después de eso, me embalé con el tema. Me vino una locura y compré de varios tipos. Ahora tengo 15 plantas en mi pieza.

Me gusta ver cómo actúan, cómo se comportan dependiendo del lugar en donde las ponga. Es como tener una mascota. Estoy todo el día preocupado de ellas. Si una florece, me obsesiono. Tengo una a la que acaba de salir una hoja y cada vez que salgo de mi casa estoy constantemente pensando en cómo estará, si le habrá entrado un bicho, si necesitará agua. Apenas llego la miro, la limpio y chequeo que todo esté bien.

Todos los días, a las 9 de la mañana, les toca la ‘hora del baño’. Las riego, las limpio, les toco la tierra para ver si está húmeda o seca. Hablo siempre con ellas. Les pido que por favor crezcan, pero también les dejo claro que respeto sus tiempos. Son locuras que uno hace solo, y al final es lo mismo que hablar con uno mismo, pero teniendo a un ser vivo que se manifiesta desde el otro lado. Creo que si les entregas cariño, ellas reaccionan. He recibido algunas de regalo para ‘rescatarlas’ porque mis amigos no saben qué hacer con ellas. La otra vez me pasaron una cala para que la reviviera. Después de cuidarla un tiempo floreció y se la devolví a su dueño. Eso también es entretenido. Crear una planta, pero dejar que se mueva para otras partes. Me cuesta entender que la gente las deje morir, por eso me ofrezco a ayudarlas. Es pega, pero me fascina.

Cuando la gente entra a mi pieza se impresiona. Siempre me comentan lo agradable que es estar en un espacio tan verde. Es como un museo de plantas. Hay de distintas variedades y por todas partes, aunque la mayoría están rodeando mi cama. Llegué a un nivel en el que duermo pensando en ellas. Se incorporan a mis sueños. El otro día soñé que la que está en mi velador crecía gigante, de una forma muy extraña.

No creo que ellas me entreguen una energía en particular. Siento que esa ‘energía’ se la crea uno mismo. Eso sí, me da una satisfacción y felicidad enorme ver que me están respondiendo, pero es porque yo me encargo de crear esa conexión con ellas”.

Cristóbal Macho tiene 28 y es publicista. Actualmente se dedica a la decoración de interiores y trabaja en una banquetera. También hace trabajos freelance en dirección de arte.

 

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