“Uno también logra un crecimiento personal gracias a las plantas”. Mi rincón verde: Felipe Morandé

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“Uno también logra un crecimiento personal gracias a las plantas”. Mi rincón verde: Felipe Morandé

Por Victoria Misito / Fotografía Valentina Bird

Nunca tuve mucha relación con las plantas en mi infancia. A mis papás les gustan, pero no es un tema que los entusiasme tanto. Pese a que nunca hayan formado parte de mi vida, con mi primer sueldo, a mis 25 años, tomé la decisión de comprarme una suculenta. Fue en una feria y no pude resistirme. Estaban súper de moda junto a los cactus, y quise probar qué tal me iba con ella. Fue un riesgo porque soy pésimo como cuidador. Tuve hamsters y loros y casi se terminaron muriendo a mi cargo.

Decidí aventurarme con lo más fácil primero. Este tipo de planta no necesita de mucha atención, así que es perfecta para partir. La cambié de macetero a uno más grande y quedé tan impactado con cómo creció y se reprodujo, que me obsesioné con ellas y empecé a comprar millones. Al principio era súper maniático y me gustaba que mantuviera su forma geométrica perfecta, sin embargo, después entendí que cada una tiene su vida propia y su ritmo. Aprendí a aceptarlas y respetarlas. Cuando logré agarrarles la mano, decidí probar con plantas que fuesen más difíciles, las típicas que cuando salen de un vivero se mueren, porque me gusta aprender a dominarlas, saber que las puedo mantener vivas. Es un desafío. Además, sentí que tenía un poco apestadas a mis suculentas porque como me gustan tanto, les dedicaba demasiado tiempo y necesitaba más para no terminar ahogándolas.

Ahora tengo 46 maceteros en un departamento de 50 metros cuadrados. Y si pudiese, tendría muchas más. Me relaja un montón cuidarlas y regarlas, es terapéutico. Lo encuentro similar al proceso del yoga, ya que uno también logra un crecimiento personal gracias a las plantas. Cuando estoy con ellas me distraigo, me dan tranquilidad. Pienso que es porque me hago consciente del ritmo que tienen, uno que es mucho más calmado.

Tener mi propio rincón verde es sinónimo de felicidad. Le aportan una vibra muy positiva al ambiente y todos lo que vienen para acá me lo comentan. A mí no me interesa comprarme ropa o accesorios, solo me gusta gastar en plantas. Tengo puros maceteros de plástico horribles, pero me da lo mismo, prefiero tener miles de plantas con maceteros normales, que pocas con unos lindos. Encuentro que brillan por sí solas, no necesitan más. Y me cuesta entender que algunas personas no lo sientan. Cuando salgo a la calle veo todo gris, lleno de edificios y creo que todo sería mucho más amable si estuviese lleno de verde. Las plantas son baratas, están a la mano. No hay excusas. Yo era un negado para el tema, con suerte sabía preocuparme de mí, y logré cuidarlas.

También me pasa que como las abejas están desapareciendo, me encantaría tener miles de flores que les guste polinizar. Sé que la lavanda es una de esas, por eso tengo dos. Ahora estoy un poco obsesionado con las plantas tropicales porque las encuentro muy interesantes. Estoy todo el día rociándolas con agua para que sientan la humedad. Son bastante complicadas igual.

Antes de tener plantas no me cuestionaba nada, no me importaba mucho la naturaleza, pero ahora es totalmente distinto. Sufro cuando veo cómo botan árboles o cortan flores. Creo que hay que respetar la historia de cada uno. Me da pena pensar que en el futuro el árbol más viejo de Chile va a tener como 20 años. Para mí son como dinosaurios, a los que estamos matando.

Felipe Morandé tiene 30 años y es periodista.

 

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