“Una planta puede ser el cordón umbilical hacia algo mayor”. Mi rincón verde: Félix Venegas

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“Una planta puede ser el cordón umbilical hacia algo mayor”. Mi rincón verde: Félix Venegas

Por Victoria Misito / Fotografía Constanza Miranda

Mi relación con las plantas nunca tuvo un comienzo, sino que siempre ha existido. La casa de mi abuela en Chillán Viejo tenía verde por todos los rincones. Y mis padres, cuando vivíamos en Lota, hicieron un pequeño jardín en su barrio. Plantaron cipreses, hiedras, rosas, calas, hortensias y hasta un sauce. Ese lugar nunca dejó de crecer. Con el tiempo, instalaron una banca y la gruta de una virgen. Y al mediodía o cuando finalizaba la tarde, pasaban vecinos a conversar y compartir en aquel pequeño paraíso. Una de las cosas que más recuerdo de esa época es a mi papá podando los árboles de todo el barrio, y lo hacía de pura buena voluntad. Tomaba todo lo que limpiaba, lo metía en su grúa y volvía a hacer lo suyo.

Cuando me vine a Santiago por mis estudios en Teatro, arrendé, sub-arrendé, ‘me allegué’ y compartí por años en diversos lugares antes de poder acceder al crédito para comprarme mi departamento, y en cada una de esas innumerables mudanzas, desfilaban maceteros con plantas como mi única posesión real. Cuando al fin pude tener mi propio espacio, una de las primeras cosas que hice fue armar mi rincón verde.

Pienso que hoy en día, cuando Santiago se está volviendo cada vez más seco, cuando Chile va perdiendo su verdor, una posibilidad de alimentar y conectarnos a la naturaleza es desde el macetero de plástico que tienes en tu casa. Esa planta, quizás sin importancia aún, puede ser el cordón umbilical hacia algo mayor. Obviamente sería increíble tener una casa con un jardín grande, pero este rincón es mi pequeño Arrayán.

A mí las plantas me transmiten confianza y siento una complicidad muy grande con ellas. Es que son súper receptivas y, por consecuencia, reflejan mucho el cómo está uno. Pareciera que de alguna manera espejean los procesos de las personas. También pienso que ayudan mucho a la concentración, que inspiran. Si tengo que estudiar para aprenderme un guión, o simplemente leer un libro, me instalo en la silla que está justo al medio de ellas. Algo pasa en mí, que me conecto mucho más fácil. Y pienso que no soy el único que siente lo mismo. Hace un par de años, con algunos colegas estábamos en un complejo proceso de creación de una obra. Había distintos puntos de vista y no lográbamos conciliar una idea común. El ambiente estaba tenso y no podíamos avanzar. De pronto, nos tocó cambiarnos de sala de ensayo y llegamos a un nuevo lugar que tenía un corredor lleno de plantas. Algo pasó ahí, pero la obstinación y la frustración no pudieron prosperar en medio de los geranios, las suculentas y los aloe vera. Radicalmente el ambiente se hizo más grato y pudimos continuar.

Cada vez que voy a un vivero, trato de obtener la mayor información posible. Observo todo, pregunto cosas, o simplemente dejo que la persona que me atiende fluya con sus conocimientos. Aunque a veces no compre nada, esa visita se transforma en un paseo de contemplación. He obtenido muy buenos consejos de sus dueños. En uno de ellos, un señor me comentó que la mejor técnica para plantar es dejar remojando, en una olla con azúcar, el tallo para después enterrarlo. Y es verdad que funciona. Me imagino que es por sus propiedades y minerales.

Con el tiempo, he comprobado que uno de los mejores regalos que puedes hacer es una planta. Es como una responsabilidad que le entregas a quien se la obsequias. Reconozco también que muchas veces planto algunas en las casas de mis amigos sin su permiso. Me gusta volver después de unos días y ver cómo se adaptó y creció en ese espacio. Esa es una de las cosas que más me llaman la atención de ellas, las podemos adoptar, rescatar, hospedar, prestar, permutar.

Sí tengo manos verdes, pero sé que es gracias a la experiencia. Algo pasa cuando tocas la tierra hartas veces, como que todo fluye. Y creo que todos pueden lograr lo mismo, solo hay que atreverse. Mi rincón verde está compuesto por 56 plantas y me preocupo de todas por igual. Soy súper observador, pero tampoco me gusta regalonearlas tanto, prefiero que prosperen solas. Mi favorita es una enredadera que trepa el techo. Es como un mini parrón. Ahora está chica porque se me cortó cuando la metí a la ducha, pero le pongo unos ganchitos para ir agarrándola. Antes cubría casi todo el living y hacía que este espacio, mi favorito en el departamento, se viera aún más verde.

Félix Venegas tiene 48 años, es actor y profesor de entrenamiento actoral. Actualmente se encuentra preparando la obra “Soñé con Martí” que se estrenará en noviembre en el Teatro Ictus.

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