“Las plantas son mi cable a tierra”. Mi rincón verde: Muriel Tagle

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“Las plantas son mi cable a tierra”. Mi rincón verde: Muriel Tagle

Por Victoria Misito / Fotografía Constanza Miranda

“Nací en Concepción en una casa con un jardín bastante grande, en el que se me iban las tardes jugando. Mis abuelos son del sur y en las vacaciones siempre íbamos a verlos. Creo que nunca fui consciente de lo afortunada que era al estar rodeada de naturaleza. Lo veía como algo totalmente normal. A los 9 años, el panorama me cambió. Mis papás se separaron y me vine junto a mi mamá y mi hermana a Santiago. Arrendamos un departamento pero, al no ver verde a mis alrededores, me di cuenta de lo importante que había sido su presencia en mi infancia. Para mi buena suerte, mi abuela materna vivía en la capital y era adicta a las plantas. Recuerdo su jardín como uno de los más lindos, lleno de rosas de todos los colores. Cada vez que podía, iba a visitarla.

Cuando cumplí 22, me vine a vivir a este departamento con mi pareja. No sé cómo pasó, pero terminé con una sala repleta de plantas. La verdad es que no fue algo muy pensado, se fue dando de a poco. Y sin darme cuenta, creé este rincón verde. Nunca me he detenido a contarlas, pero estoy segura que debo tener más de cien en total. Me gusta crear, más que comprar. Quizás porque soy un poco ‘amarrete’ y las encuentro muy caras. Las que tengo son principalmente de ‘hijos’ que les he ido sacando a las de mi abuela, mi mamá y amigos. Y debo reconocer que siempre ando atenta en la calle por si encuentro alguna. Pero me preocupo de sacar solo las que estén repetidas en su entorno.

Comparto mucho tiempo con mis plantas. No es que tenga un horario establecido, pero casi todas las noches termino junto a ellas. Me gusta mucho fumar en ese espacio y escuchar música mientras las riego. Son mis compañeras, al igual que mis dos perros. Y pese a que en mi familia la naturaleza siempre estuvo presente, siento que todo lo que sé sobre ella, lo aprendí por mi cuenta. Partí con pocas plantas, suculentas principalmente, y me fue muy bien. Eso me sirvió para valorar mis manos verdes y arriesgarme con otras especies. Creo que lo más importante es saber observarlas. Si uno está atento a sus cambios, es muy difícil que fracase.

Mis amigos se impresionan mucho al ver este rincón de la casa. Cada vez que hago una fiesta, me piden que les muestre mis plantas. Y también me dicen que se siente mucha calma al ingresar. Es como un mini invernadero lleno de energía. Para mí, aparte de relajarme un montón, me entregan estabilidad. Siempre he sido muy dispersa en mis intereses, pero las plantas son lo único constante en mi vida, mi cable a tierra. Ya no me imagino la vida sin ellas. Además, siempre están llenas de sorpresas. Hace un año tuve una Espuela de galán y cuando volví de vacaciones vi que una de sus hojas estaba llena de huevos. Averigüé y descubrí que se trataba de una mariposa blanca muy común en Chile. Quise cuidarlas y a la semana nacieron cincuenta gusanos diminutos. Apenas se veían. Crecieron muy rápido. Como solo se alimentan de las hojas de esa planta o coles, se hospedaron ahí por mucho tiempo. A mucha gente le daba nervio, pero yo estaba feliz viendo su proceso. Era como tener mi propio experimento. A los 20 días ya estaban enormes. Una señora, experta en el tema, me dijo que cerrara la puerta de mi rincón verde, ya que hacen su transformación generalmente en las paredes. Le hice caso y comenzaron a convertirse. Fue impresionante. Cuando se hicieron mariposas, las acerqué a la ventana con mis manos y emprendieron rumbo hacia el cielo. Fue muy emocionante verlas volar al rededor del edificio y cómo iban desapareciendo.

La amaranta es la que más me gusta. Encuentro que sus colores son increíbles y se me ha dado muy bien. Tiene fama de ser muy complicada y buena para alegar, sin embargo, me da la impresión de que le encanta estar acá. Es que las plantas son muy sensibles y si uno está bien, ellas también lo están. Lo mismo pasa al revés. Hace un año tuve un periodo muy triste en el que no las pude cuidar tanto y obviamente ellas percataron ese abandono y se apagaron. Ahora que estoy bien, volvieron a brillar”.

Muriel Tagle tiene 29 años, es escritora y dj.

 

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