Mi rincón verde: Thierry Dardel Pümpin

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Mi rincón verde: Thierry Dardel Pümpin

Por Victoria Misito / Fotografía Valentina Bird

“Mi relación con las plantas se debe a un tema de herencia. Mi familia lleva 128 años en este rubro gracias a mi bisabuelo, quien llegó en 1891 como paisajista desde Suiza para hacer un parque en Buin. Acá tuvo ocho hijos y abrió su propia tienda y vivero llamado El Jardín Suizo en un pequeño terreno del cerro San Roque en Valparaíso. Bajo ese contexto nací yo, rodeado de todo tipo de plantas y flores que uno se puede imaginar e importadas de distintos rincones del mundo, principalmente de Europa.

Mis recuerdos de la infancia son con un verde potente de fondo. Corriendo por los cerros, colgando de los árboles, jugando con la tierra. Siempre con la ropa sucia y empapada. Pero sobre todo, ayudando a mi abuelo con el negocio familiar. Tuve la suerte de aprovecharlo al máximo y de absorber todos sus conocimientos. Me enseñó mucho de producción y los nombres de cada una. Para mí él era la persona que más sabía de naturaleza en el mundo. Apenas salí del colegio, me puse a trabajar en la tienda. El año 2003, mi papá y tío decidieron terminar con El Jardín Suizo porque llevaba mucho tiempo con número rojos. Sin embargo, yo quería que el nombre no muriera y que fuese algo que durara por miles de generaciones más. Encontraba que tenía un peso muy importante y además, significaba toda mi historia. Acordamos cerrarlo, pero que yo seguiría con la marca. Así, con la plata de mi finiquito compré tres parcelas y armé mi propio rincón verde en Casablanca.

Para mí, las plantas tienen que ser heredadas porque te tienen que contar un cuento. Cuando uno planta un árbol, lo debe hacer pensando en el futuro, en quiénes podrán disfrutarlo más adelante y quiénes recordarán a la persona que lo sembró. Es la huella que uno deja en el mundo. En las mías yo veo a mi familia. Se me vienen miles de recuerdos a la mente. Son nostalgia. Mi abuelo está en los cactus y mi papá, quién también falleció hace unos años, está en los copihues y cedros. Este último porque después de vivir en Argelia, durante la guerra por la independencia, lo primero que hizo cuando volvió fue plantar dos cedros en el sur. Cuando ya estaban grandes, mi primo me mandó las semillas de uno y ahora lo tengo plantado en mi jardín. Y en sus raíces, descansan las cenizas de mi papá.

Tener plantas es asegurarse asombro para toda la vida. No hay nada que me guste más que despertarme por las mañanas e ir a verlas. Dicen que esa es la mejor hora porque están descansadas, felices y frescas. Me imagino que tiene que ver porque si están cómodas, duermen bien. Nunca voy a olvidar cuando mi abuelo se despertó gritando vuelto loco, a sus 95 años, a las cinco de la mañana en Valparaíso. Todos saltamos de la cama para ver qué había pasado, pensando que se trataba de algo grave, y eran gritos de felicidad porque había florecido un cactus.

Creo que el mejor consejo para que las plantas estén sanas es vivir con ellas para entenderlas. Hay que formar parte de sus procesos, saber cómo se sienten, estar al tanto de cada movimiento. Si uno quiere tenerlas, debe hacerse cargo y no pedirle a un tercero que la cuide. Son vida y nunca hay que olvidar eso. Otra de las cosas que siempre me decía mi abuelo es que no hay mejor tierra que la arena porque permite un buen drenaje. Y es más fácil que muera una planta por exceso de agua, que por falta.

Siento que mi misión con El Jardín Suizo es transmitir todos los conocimientos que he heredado y demostrar que las plantas pueden formar parte de la vida de las personas y que no son un objeto. Por eso mismo me preocupo de hablar por ellas. A cada cliente le explico sus orígenes y cuidados. No quiero que la naturaleza pase a formar parte del consumismo, donde si algo muere, lo cambiamos por otra cosa. Me interesa que la gente sienta un ambiente distinto cuando viene a comprar mis plantas, que sepan que se están llevando una vida. Esto no se trata de una fábrica. Prefiero tener menos plantas, pero poder compartir con ellas. Que no sean sinónimo de plata, sino que de una actividad para mantenerme vivo”.

Thierry Dardel Pumpin tiene 62 años y es dueño de @jardinsuizo

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