Mi rincón verde: Winifrede Walbaum

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Mi rincón verde: Winifrede Walbaum

Por Victoria Misito / Fotografía Paloma Palomino

“Mi fascinación por las plantas viene desde chica. Cuando tenía cuatro años podía pasar horas y horas recorriendo el campo, jugando con la tierra, subiéndome a los árboles. Creo que lo heredé de mi papá. A él siempre le ha gustado el tema y crecí viéndolo contemplar la naturaleza. Es muy jardinero. Pero debo admitir que con las huertas fui la pionera de mi familia.

Al principio me costó empezar. Cuando me fui de mi casa quería tener un espacio lleno de plantas, pero después me di cuenta que era mucho mejor tener una huerta y así poder vivir de ella. En realidad al principio fue una decisión súper práctica, pero me fui enamorando del tema. No fue fácil lograrlo viviendo en departamento, pero no porque no se podía, sino porque no sabía cómo hacerlo. Tiempo después quedé embarazada y nos fuimos a vivir a una casa. Y ahí me motivé. Quería empezar desde cero con una huerta, sobre todo porque mi hija había nacido con alergia alimentaria y mi marido y yo tuvimos que aprender a comer mucho más sano.

Mi rincón verde es mi espacio de calma. Me hace sentir que está todo bien y me entrega paz. Me encanta en el verano tomar mi taza de café mirándolo, para mí eso es un lujo. Además, aparte del amor que siento por las plantas, tenerlas es como un acto de rebeldía. Una vez escuché que decían que cultivar tu propia comida es como imprimir tu propia plata. Y es totalmente cierto. Yo ya necesito comprar todas las verduras en el supermercado, y puedo alimentar a mi familia con algo que yo misma crié. Puedo vivir de lo que cosecho y eso es una manera de ser autosustentable.

También me encanta poder enseñarles a mis hijos cómo cuidar los recursos naturales y el planeta, aunque debo reconocer que los tengo un poco aburridos con el tema. Me siento como la mamá de 31 minutos de la canción ‘Mi mamá me lo teje todo’. Igual los entiendo porque son súper chicos y no se dan cuenta de la ventaja que tienen de poder ir caminando por su jardín y comer las frutas o verduras que ven. El perejil les encanta, se lo hacen chupete.

Mi planta regalona depende de la temporada. En invierno es la lechuga, tengo de todas sus variedades. Me fascina ver que al principio son una cuestión chica y después terminan convirtiéndose en una especie de monstruo. Creo que las plantas tienen personalidad. Algunas son buenas compañeras y otras no tanto. Los rabanitos, por ejemplo, pueden crecer de a tres, pero son muy respetuosos. Esperan que crezca uno primero y cuando es cosechado, crece el siguiente. Las zanahorias, en cambio, son todo lo contrario. Salen todas dobladas o simplemente no crecen porque quieren salir al mismo tiempo. Igual las quiero, pero pucha que son jodidas”.

Winifrede Walbaum tiene 34 años y dicta talleres de huertos y pan de masa madre en su casa dos veces al mes los fines de semana. Además, acaba de crear la campaña ‘Adopta una lombriz’, para que las personas que viven en departamento también puedan fertilizar la tierra.    

 

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