Sacar los pañales

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Sacar los pañales

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

Empieza el calor y con la llegada del verano, vienen las ganas de muchos papás y mamás de sacarle los pañales a los hijos que tienen la edad que corresponde para hacerlo o la edad en que creemos que hay que sacarle los pañales sí o sí. Pero eso no tiene que ver con una edad específica, ni con el clima, ni es para todos los niños igual.

Si bien muchos niños comienzan a mostrar ciertas conductas de querer ir al baño por sí solos, es importante entender que es un proceso individual y que cada uno vive a su manera. Este paso no es un entrenamiento, ni algo que podamos forzar. En inglés, equivocadamente le llaman “potty training”. Y muchas veces, los padres ansiosos de dejar la etapa de los pañales en el pasado adelantan este proceso sin observar o tomar en cuenta las señales o la falta de éstas.

Lamentablemente, apurar o estresar esta etapa puede devolverse como boomerang en el corto tiempo. Muchos estudios han demostrado que si se fuerza a un niño a dejar los pañales antes de los tres años, puede no ser beneficioso y puede traducirse en períodos largos de accidentes nocturnos con camas mojadas o falta de control de esfínteres. También a inseguridades relacionadas con hacer caca.

Este no es un proceso rápido. Requiere de un tiempo considerable para que un niño desarrolle completamente y adquiera el control total de su vejiga. Este período no puede determinarse por conveniencia o por decisión de los adultos cuidadores. Solo puede determinarse observando las señales que da un niño o niña en torno a esto. Si no hay señales claras, es una pérdida de tiempo y es someterlos a un estrés innecesario sin lograr resultados positivos, lo que termina siendo frustrante para toda la familia y especialmente para el niño, ya que siente y sabe que no logró este hito. Lo que no sabe es que no fue por falta de méritos, si no porque aún no le correspondía. Su sistema no estaba listo, no ha madurado. Su cuerpo todavía no adquiere el control de esfínteres, y eso no se entrena. Repito, eso no se entrena. Es como tratar de madurar una manzana a la fuerza. No se puede. La manzana tiene un proceso de maduración, y cuando está lista, está lista. No antes, no después.

Tampoco es ideal aplazarla a gusto y pasar por alto las señales de un niño que está listo, porque significa no ayudarlo a leer esas señales y puede acarrear otras consecuencias negativas. Los niños tienen períodos sensibles, donde es más fácil lograr ciertas conductas, por lo que es importante estar atentos a esas señales y no caer en castigos ni gritos en caso de accidentes, que van a existir de todas maneras. No debe haber emociones negativas en torno a este proceso ya que solo producirán bloqueos y negativas. Creo que sí puede haber ciertas mini recompensas asociadas a los logros que vayan alcanzando. No hablo de recompensas desmedidas como comprar todos los últimos juguetes del momento, pero sí ayudan las palabras de ánimo, las muestras de cariño físicas y en tonos de voz que denotan que los estamos celebrando en sus nuevos logros. Así ellos no creerán que todo se hace en base a premios.

No existe una receta a seguir. Y tampoco una edad correcta o única. Hay niños que logran usar el baño físicamente pero no necesariamente están listos en términos emocionales. Otros muestran estar listos a los 18 meses, mientras que algunos no están listos hasta los tres años. Ambos casos están bien y son casos normales. Algunos estudios dicen que el 22% de los niños logra dejar los pañales a los 2 años y medio, mientras que el 88% los deja alrededor de los 3 años y medio.

¿Cómo saber cuándo comienza este proceso? Debemos estar atentos a ciertas conductas y señales que parten cuando se dan cuenta de que las personas van al baño, se sientan en el WC y de esas personas sale pipí y caca. Esta realización comienza, además, con el ejemplo. Con la posibilidad de los niños de ver a sus papás o hermanos yendo al baño. Y está bien. Es bueno que lo vean, es un modelo y una conducta que luego imitarán.
Empiezan, también, a tener conciencia de que viene el pipí, a sentir que viene. Quizás aún no son capaces de aguantar llegar al baño, pero un paso enorme es sentir las ganas para luego ir madurando la capacidad de controlar y regular. También es importante para abordar esta etapa, que sean capaces de seguir instrucciones. Aparece además el interés de no usar más pañales y usar calzones o calzoncillos, tal como lo ven en las personas de la familia que los rodean, por lo que es una buena idea ir con ellos a comprar calzones o calzoncillos que los motiven a empezar. Cuando comenzamos a ver varias de estas señales, podemos incentivar y motivar el proceso, alentándolos de forma positiva.

Este proceso deber ser pacífico, tranquilo y verbalizado entre los padres, cuidadores y los niños protagonistas de este hito. Hay momentos en los que no debiéramos iniciar este proceso. Por ejemplo, si la familia está viviendo muchos cambios, tal como un cambio de casa, país o ciudad. No juntarlo tampoco con otras transiciones, tales como la pasada de la cuna a la cama ni con el nacimiento de un nuevo hermano o hermana. Debe ser una experiencia positiva y con mucha paciencia y amor. Hay veces que es rápido y fácil y demora solo un par de días, y otras en que se demora más y hay muchos accidentes mojados. Lo bueno, es que todos logramos dejar los pañales, algunos más tarde que otros. Pero es fundamental que sea sin gritos ni emociones negativas y lleno de contención. Paciencia, presencia y amor son claves para este proceso.

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