She persisted

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She persisted

Por carolina pulido / ilustración consuelo astorga

‘Nevertheless, she persisted’ es la frase feminista que Reebok estampó en una de sus camisetas y que lucen orgullosas las jóvenes en Norteamérica, una consigna que cada día más personas se la tatúan en el brazo. Tiene su origen en la sesión del Senado estadounidense en la que el polémico Jeff Sessions fue elegido fiscal general. La senadora demócrata Elizabeth Warren fue la protagonista, cuando intentó leer una carta escrita en 1986 por Coretta Scott King, activista y viuda de Martin Luther King, en la que se refería al mencionado candidato; sin embargo, fue interrumpida por el republicano Mitch McConnell, que le impidió la lectura, algo que justificó con la sentencia que se ha hecho famosa: “Se le advirtió. Le dio una explicación. Sin embargo, ella persistió”. Todo condimentado con la cara de furia de Warren al abandonar la sala y leer luego en Facebook Live la famosa carta, que consiguió más de 5 millones de visitas en menos de un día. Los hashtags #shepersisted y #letLizspeak no tardaron en cundir en todas las redes.

Esa es la parte pop de la historia. La abogada Warren (o ‘Pocahontas’, el apodo burlón que le puso Trump en referencia a sus ancestros indígenas) es la mujer de la que todos hablan, porque es la candidata más seria para hacerle el peso a Donald Trump en las presidenciales de 2020. Y hay razones para creer que le puede ir bien: sabe hablar, emociona y convence. Se maneja en las redes sociales como pez en el agua y es influyente. Y tal vez porque no viene de la política sus propuestas tienen un eco transversal a pesar de ubicarse bastante más a la izquierda que cualquiera de sus compañeros demócratas.

El nombre de Elizabeth Warren ya sonaba para llenar el sillón presidencial en 2016, pero ella dio un paso al lado para apoyar a Hillary Clinton en su campaña, durante la cual comenzó el mediático y agresivo intercambio de mensajes con Trump, su máximo enemigo. Y esta es otra de las razones para creer que es la candidata perfecta: no tiene miedo. Y posee algo que pocas veces se ve en los políticos: cree en sus ideales de justicia, ha peleado toda su vida por ellos, y ahora sacar a Trump de Washington parece un asunto personal. Lo reconoció hace un par de semanas: “Es hora de que las mujeres vayan a Washington y arreglen nuestro gobierno roto, y eso incluye a una mujer en la cima”, declaró.

El mundo tiene los ojos puestos en Estados Unidos ahora y la preocupación por la irrupción del fascismo y la extrema derecha en distintos gobiernos se hace mayor ante una eventual reelección de Trump. Pero a pesar de sus fortalezas, la demócrata no la tendrá fácil. Como dijo la revista Rolling Stone en un reciente perfil de Warren, la senadora es demasiado chillona y está demasiado enojada (y ya sabemos que las mujeres enojadas causan escozor). Como sea, en tiempos de Trump, bienvenidos los discursos menos moderados, más transparentes, más cercanos a la gente de a pie. Y si pensamos que el otro gran movimiento que está entrando con fuerza en todo el mundo es el feminista, tiene sentido buscar ahí dentro lo que hace falta para combatir el fascismo. Solo queda esperar que Elizabeth persista.

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